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- 01/04/2015 02:00
Migración - Convivencia en igualdad de condiciones
Hace algunas semanas el tema está sobre tapete, inclusive con algunas consecuencias como la salida del país de una extranjera que intervino de muy mala manera en esta discusión. Algunos analistas han hablado de ‘migración controlada’ y me alegra que así sea, porque no es cierto que la migración solo se haya registrado en fechas claves como 1850 o 1904, y ahora con la ampliación del Canal. En esos periodos aumentó por los atractivos económicos, tanto como descendió en el siglo XVIII, cuando dejamos de ser ruta importante por los cambios ocurridos en el sur del continente. La llegada de inmigrantes siempre se ha mantenido.
Ahora bien, es irónico que, independientemente de los tres grupos originarios que componen nuestra población, se omita una realidad: ¿cuántos de los que aquí vivimos tenemos en nuestras venas sangre de inmigrantes? ¿Es justo estimar buena esa inmigración en un momento y mala ahora? ¿Cómo apelar a argumentos proteccionistas, cuando un proceso de globalización —que ya no tiene vuelta atrás— ha incorporado a los mercados la competitividad como factor inevitable, obligado.
Podemos coincidir en que allí donde los panameños poseamos una mano de obra de alta calidad tengamos prioridad, o en profesiones muy puntuales, como se viene haciendo hace décadas, pero ¿qué pasa en los que no? En los ‘call centers’, por ejemplo. ¿Por qué no se señalan las cosas como son? Detrás de la ‘migración controlada’, de la ferocidad con que se ha atacado por estos días a los inmigrantes, hay una posición selectiva que no apunta hacia los inmigrantes de alto nivel intelectual, científico o de mano de obra de calidad o a la cantidad de empresarios y empresas extranjeras que han llegado a Panamá en los últimos años.
¿Por qué no se pide que se vayan los inversionistas o los buenos profesionales y empresarios venezolanos que han llegado a crear riquezas y plazas de trabajo allí donde no lo hemos hecho aún los panameños? Si no se quieren extranjeros en nuestro país, ¿por qué no se prohíbe la propaganda masiva sobre atractivos locales que aparecen en distintos periódicos del mundo respecto a Panamá?
Es una realidad lo reducido del mercado panameño que, con justicia, cabe en un barrio de Buenos Aires o en barrio Kennedy de Bogotá, por lo que hemos tenido que salir a hacer del mundo nuestro mercado y eso no es solo es en mercancía, sino también en profesionales. La burbuja del nacionalismo es un cuento del pasado.
La migración que en el fondo se crítica es la migración de pobres, de gente sin título, de los buscavidas que vienen a echar suerte en nuestro país, como muchos panameños lo hacen hoy en Estados Unidos, España u otros países del orbe. Y no es cierto que la mayoría de los que llegan sean delincuentes. Hay mucho de justo en hacer estrictos los controles en este aspecto, pero establecerlo como una política de Estado a título de una defensa nacional me parece una aberración y un consignismo desfasado tanto como cuando en una época, de malos recuerdos por cierto, trató de echarse de aquí a chinos, negros e indostanés, a muchos de los cuales hasta se les quitaron sus propiedades.
Para evitar que lleguen delincuentes se han creado en Panamá mecanismos que van desde detectarlos en las entradas oficiales, hasta el registro de sus prontuarios en sus países o en aquellos en los cuales son buscados. Panamá vive hoy, quizá no en la misma dimensión, los temas de migración que vive Europa, las pateras en España, los marroquíes en Bélgica y Francia, los turcos en Alemania, los latinos en EE.UU. y lo que se rescata de esos escenarios son intentos por resolver el problema, no por agravarlos con propuesta chauvinistas.
Con una campaña como la que se lleva a cabo en contra de los extranjeros bajo ese lema de ‘Panamá para los panameños’, mal se le podría pedir a los demás países que no apliquen esas mismas consignas. La convivencia en igualdad de condiciones, con prioridad, no con exclusividad, debe ser una salida que estudien las autoridades.
ANALISTA