• 18/07/2026 00:00

Impactos de fenómeno de El Niño muy fuerte en generación y transmisión de energía

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El fenómeno de El Niño pone a prueba mucho más que los embalses. Cuando disminuyen las lluvias y aumentan las temperaturas, todo el sistema eléctrico recibe presión al mismo tiempo por aumento del consumo de aire acondicionado y ventiladores, baja la producción hidroeléctrica y la red debe transportar más energía en condiciones más exigentes, lo que puede ocasionar mercado con costos más altos, menor margen de reserva y mayor riesgo de interrupciones.

La hidroelectricidad, que durante décadas ha sido una pieza central de la matriz panameña, es una de las primeras afectadas. Menos lluvia significa menor entrada de agua a los embalses. Además, una mayor evaporación por el calor, lo que disminuye aún más la disponibilidad del agua para producir electricidad con hidroeléctricas. Mientras que estas producen menos, las plantas térmicas deben operar durante más horas, consumir más combustible y soportar una carga que sube los costos de producción y aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero.

El calor severo afecta parcialmente la eficiencia de los paneles solares, ya que generan menos cuando la temperatura llega a niveles extremadamente altos. Sin embargo, los días despejados asociados a El Niño también permiten aprovechar una radiación solar abundante. Esta ventaja puede convertirse en una oportunidad, si se mejora la ventilación de los equipos, si se realiza limpieza en seco para evitar gastar agua y si se incorporan sistemas de almacenamiento que guarden energía durante el día para utilizarla en las horas de mayor demanda.

La generación eólica también enfrenta riesgos. Durante periodos con vientos más débiles de lo habitual. Además, el calor puede acelerar el desgaste de componentes y elevar la temperatura de los equipos. Se requiere mantenimiento preventivo, vigilancia continua y una matriz diversificada que no dependa excesivamente de una sola fuente.

Las termoeléctricas, aunque sirven como respaldo, tampoco son inmunes. El calor reduce su eficiencia, aumenta la necesidad de refrigeración y puede limitar la disponibilidad de agua para operar, incrementando costos y las emisiones de CO2. Una refrigeración optimizada, el uso responsable del agua y una programación anticipada de las plantas pueden disminuir estas presiones.

La red eléctrica es otro punto crítico. Los cables sobrecalentados transportan menos energía y pueden expandirse o descender peligrosamente. Los transformadores trabajan a temperaturas mayores, mientras los incendios forestales amenazan líneas y subestaciones. Se necesitan cortafuegos, poda preventiva, sensores térmicos y equipos que estabilicen el voltaje para evitar fallas en cascada.

El despacho predictivo permite anticipar la demanda, precipitación, temperatura y viento para decidir con tiempo qué plantas deben operar. La diversificación del sistema reduce la dependencia de los embalses y los combustibles. El almacenamiento, la generación distribuida y la eficiencia energética en hogares, comercios e industrias ayudan a disminuir los picos de consumo.

También conviene gestionar la demanda. Incentivar el uso de equipos eficientes, ajustar horarios de grandes consumidores y ofrecer información clara sobre ahorro permite aliviar la red en momentos críticos. Cada megavatio que no se consume innecesariamente evita activar generación costosa y contaminante.

No podemos evitar el fenómeno de El Niño, pero sí podemos hacer estrategia y planes de adaptación para construir resiliencia a corto, mediano y largo plazo en cada una de las generadoras y distribuidoras. Invertir en hacer que tanto la generación y su distribución sean resilientes y sostenibles para enfrentar eventos extremos que cada vez son más frecuentes. Un sistema eléctrico flexible, diversificado y bien mantenido protege la economía, reduce costos y ofrece mayor seguridad a toda la población.

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