Con el 88 % de las mesas informadas, López, del movimiento Imparables, acumula 501.344 votos, mientras que su único contendiente, Leonardo Huerta, suma...
- 06/11/2023 00:00
La inteligencia artificial y el trabajo
La inteligencia artificial (IA) y sus consecuencias es uno de los temas más comentados y debatidos en la actualidad. Entre los aspectos más importantes de este debate está el impacto que la misma tendrá sobre el trabajo. Para abordarlo de manera correcta se debe partir recordando que la tecnología y sus consecuencias no son neutras. Sus efectos dependen de los intereses económicos que las generan y aplican.
Actualmente el proceso de desarrollo de la IA está dominado por las grandes transnacionales y los poderes financieros que las animan. Un ejemplo de esto es que solo tres empresas, Amazon, Alfabeth y Huawei, gastaron en el 2020 un total de 90,600 millones de dólares en investigación y desarrollo, cifra que contrasta con el caso de Chile, el país que más invierte en investigación y desarrollo en América Latina, que apenas realizó un gasto de 951 millones de dólares en el 2021. No solo se trata del gasto que las transnacionales utilizan directamente con fines de investigación y desarrollo, sino que las mismas controlan toda la red global que genera nuevas tecnologías, lo cual les permite acaparar un número creciente de patentes, obteniendo así una enorme renta monopólica.
Esto significa que todo el proceso de desarrollo de la IA se encuentra guiado por las transnacionales, cuyo objetivo básico es maximizar sus ganancias. Esto explica que el proceso esté dirigido a la elevación de la productividad del trabajo. De acuerdo a Paul Krugman no parece inaceptable que la IA lleve a un incremento de productividad de 15% en diez años. El problema está en quien se apropia de este incremento.
Es claro que si bien este incremento podría significar un mayor tiempo de ocio para los trabajadores, lo cierto es que, dado que el objetivo es el de elevar las ganancias, simplemente redundará en una situación en que las empresas necesitarán menos fuerza de trabajo para producir, dando lugar a lo que Keynes, en su ensayo Economic Possibilities for our Grandchildren (1930), llamó desempleo tecnológico.
Un informe publicado recientemente por Goldman Sachs, el que fue escrito por Joseph Brights y Devech Kodaní, destaca que el desarrollo de la IA puede elevar el PIB global en 7%, a la vez que señala que en el proceso quedarían en riesgo cerca de 300 millones de empleos de tiempo completo, agregando que cerca de 900 ocupaciones están expuestas a algún grado de automatización.
Claro está que tanto Keynes como muchos economistas actuales, el desempleo tecnológico se refiere a una “fase temporal de desadaptación”, ya que irán apareciendo, gracias al propio proceso de cambio tecnológico, nuevos empleos que re-absorberán la mano de obra no utilizada.
Existen, sin embargo, dudas sobre esta posibilidad, al menos durante un largo período. Un primer problema se refiere a la siguiente pregunta que realiza Enrique Amestoy en su artículo Inteligencia Artificial: Desafío del Avance Tecnológico (2023): “¿Estamos preparados a nivel global para capacitar en mantenimiento, testing o programación a los miles de trabajadores que hoy son desplazados de tareas poco cualificadas?”.
En nuestro país la respuesta a esta pregunta no parece ser positiva si nos atenemos a las deficiencias de nuestro sistema educativo, así como a la baja capacidad de innovación que tienen los empresarios locales. Según el Global Innovation Indes 2023 Panamá, en comparación a la región de América Latina y el Caribe, "se desempeña por debajo del promedio regional en conocimientos y resultados tecnológicos, sofisticación de los negocios, sofisticación de los mercados, capital humano e investigación”.
Una posibilidad es, entonces, que la llamada reabsorción del desempleo tecnológico no apunte hacia nuevos empleos dignos bien remunerados, si no hacia empleos de baja remuneración, en lo que David Harvey describe como “unidades de pequeñas escalas, intensivas en mano de obra, que producen bienes salarios y servicios”. Esto se podría interpretar de la siguiente manera: dado que bajo el sistema que vivimos los trabajadores necesariamente tienen que vender su fuerza de trabajo para no caer en la miseria total, se verían obligados, a medida que avanza la automatización, a emplearse en sectores que por su muy baja remuneración no es rentable automatizarlos.
A esto se debe agregar que la automatización también se encuentra diseñada, como lo ha señalado Kohei Saito, para controlar a la fuerza de trabajo y restarle capacidad de resistencia. La vigilancia masiva que permite la IA es solo una de estas formas.
Evidentemente el problema no se puede solucionar con la práctica del ludismo. El camino es redirigir la IA para ponerla al servicio del desarrollo humano. Para esto hace falta modificar las actuales relaciones de poder.