Moisés Cohen, presidente del Consejo de Servicios Internacionales de Panamá, desglosa la importancia de la Ley de Sustancia Económica como la llave para...
En este tema como en cualquier otro, la soberanía es la que importa y no el personaje. Éste podrá ser bueno o malo; acertado o errático, pero es el que representa al colectivo nacional. Por ello, rechazamos todo ataque a Noriega como una intervención en nuestros asuntos internos. Solo los panameños podíamos eliminarlo o mantenerlo. Noriega fue un pretexto para encubrir una violación inaceptable del Derecho Internacional.
Retorno a la OEA
El 26 de noviembre de 1989 se produciría en Washington el seguimiento al tema de Panamá desde la reunión de la OEA en México.
Integré la delegación como Ministro Extraordinario y Plenipotenciario. Allí colaboré en la redacción del discurso del nuevo canciller, Leonardo Kam, en el que hicimos una férrea defensa de la soberanía y rechazamos la anterior posición de Panamá en México.
Me tocó defender en la Comisión de Credenciales la legitimidad de la delegación panameña, muy cuestionada en ese momento. Funcionarios militares de Venezuela de la línea de Hugo Chávez bajo reserva nos congratularon por la nueva actitud. “Teníamos la esperanza de que se produjese un cambio en relación con (la reunión en) México”, reconocieron.
La invasión y la traición de la Nunciatura
Pero tres semanas después, EUA nos invadió sorpresivamente a la medianoche del 19 al 20 de diciembre de 1989.
Lo demás es historia: Noriega se asiló en la Nunciatura, pero el Nuncio lo traicionó al presionarlo para que se entregara a las hordas del Comando Sur.
Noriega pidió y consiguió asilo en España y, nuevamente el Nuncio, en vez de hacer respetar la sede del Vaticano y a su huésped, como lo mandata la Convención de Ginebra de 1961, lo desmoralizó y se plegó a las exigencias del Comando Sur.
El Nuncio, Monseñor Laboa – fiel a su apellido -- enroscó como sierpe entre sus anillos a Noriega para que el militar se entregara, con alusiones de que podría correr la misma suerte de Mussolini, quien fue linchado junto a su amante por enfurecidos italianos cuando pretendían refugiarse en Suiza.
Bloquean la demanda ante la CIJ
Cuando cayeron las primeras bombas, a las 11:30 pm del 19 de diciembre de 1989, yo estaba dándole algunos retoques a la demanda ante la CIJ. En los últimos diez días de diciembre hice gestiones para salir de incógnito a La Haya a fin de presentar la demanda el primer lunes de enero de 1990, con grave riesgo para nuestras vidas.
De haber llegado a La Haya, la Corte hubiese dictado inmediatamente “medidas provisionales de resguardo” contra EUA, entre las cuales el Tribunal exigiría inmediatamente el CESE DE LOS ATAQUES Y EL RETIRO DE LAS TROPAS INVASORAS.
Nuestra historia nacional hubiera sido distinta por completo. Pero el nuevo Gobierno no quiso o no pudo revalidar (el poder) mi misión y, por otra parte, el barco o la avioneta que debía trasladarnos a Colombia, fuese por mar o por aire, no se atrevió a correrse el albur con los invasores, que ejercían férreo control sobre el territorio nacional.
Noriega, primer prisionero de guerra de EUA
El General Noriega fue el primer Prisionero de Guerra en la historia de EUA. Fue secuestrado y llevado ilegalmente a este país en vista de que los tratados internacionales (Montreal, 1969) le reconocían inmunidad por ser Comandante de las FDP, aunque Washington jamás ha respetado el Derecho Internacional
La Nunciatura, sede diplomática del Vaticano, le violó sus derechos como sujeto de asilo diplomático y fue cómplice de su captura y secuestro ilegal por parte del Comando Sur, que destruyó totalmente la soberanía de Panamá.
Noriega fue sometido a un juicio lleno de irregularidades en EUA, donde ni siquiera tenían un expediente abierto contra él. Su personalidad fue desfigurada por mixtificaciones interesadas en justificar la bárbara agresión a Panamá, para lo cual desataron contra el militar verdaderas campañas de odio de clase y racismo.
Para que implicaran a Noriega, los fiscales de Miami utilizaron a varios capos de los cárteles de la droga en Colombia con promesas de rebajarles las penas -- que no cumplieron -- y algunos, como Carlos Lehder, se retractaron.
El autor es analista Internacional; ex Asesor del canciller Juan Antonio Tack y Omar Torrijos; ex Agente de la República de Panamá ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya; Presidente Honorario y Encargado del Centro de Estudios Estratégicos Asiáticos de Panamá (CEEAP).