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- 22/03/2018 01:02
Adiós a isla Colón
‘En 1995 el primer turista llega...', así reza la introducción de la canción ‘Bocas Town' de la banda nacional ‘Señor Loop'. Estas palabras pronunciadas por un panameño, con profundo acento bocatoreño, sirven de preludio a una letanía que nos advierte de los potenciales efectos negativos del turismo. Pese a lo anterior, es válido reconocer que el espontáneo impulso de la actividad turística logró rescatar a la marchita Bocas del Toro de la profunda crisis económica producida por la debacle de la industria bananera. Según recientes estadísticas, son miles los visitantes nacionales y extranjeros que visitan anualmente a isla Colón, convirtiendo a la pequeña isla de doce calles, trazadas por el ingeniero Abel Bravo en 1890, en el principal destino turístico de la República.
El legado arquitectónico de una ciudad caribeña, meticulosamente esculpida en madera y levantada por el ímpetu de una muy diversa población de inmigrantes a finales del siglo XIX, se conjugó con la inigualable belleza del archipiélago para dotar a Isla Colón de un atractivo único y una nueva identidad a finales del Siglo XX, misma que le ha devuelto un merecido protagonismo en el concurso de los pueblos del Istmo.
En medio del frenesí provocado por la inesperada bonanza económica, una maraña de intereses y malos gobernantes parecen conspirar para destruir el patrimonio y legado arquitectónico de isla Colón, abandonándolo en manos de especuladores y entes comerciales nocivos, cuyo único objetivo es lucrar, aun en detrimento del bien colectivo, la historia e idiosincrasia del pueblo de Bocas del Toro. Decenas de edificaciones, con el característico y único estilo ‘caribeño victoriano', han sido reemplazadas por moles de cemento, sin configuración estética, provocando un daño irreparable al paisaje urbano que era patrimonio intrínseco de la isla.
El denominado Casco Antiguo de isla Colón (Área de conservación histórica), delimitado así por el escueto e insuficiente Acuerdo No. 53 de 2006 del Consejo Municipal, ha sido devastado por la avaricia de unos pocos, ante la mirada cómplice de una sucesión interminable de autoridades locales, sin la voluntad política de emitir una regulación estricta que defina en detalle el concepto de arquitectura caribeña, prohibiendo la construcción de adefesios de concreto y declarando patrimonio de la provincia aquellas edificaciones que, pese a todo, aún se mantienen en pie.
En la icónica Calle Tercera, aún figuran elementos estructurales de gran valor histórico, como el edificio de la Gobernación (1907) y el histórico Parque Bolívar. Otros, han sido preservados de la debacle, gracias a la oportuna intervención de individuos como Tito Thomas, quien tuvo la visión de preservar la histórica sede de la United Fruit Company (1905) y convertirla en el famoso Hotel Bahía. Otros ejemplos son la centenaria edificación que alberga el ‘Calipso Hostel' y por supuesto, la legendaria Casa Kandler (1902), vestigio de una casi desaparecida y ecléctica arquitectura alemana-caribeña que brotó en Bocas Town a finales del Siglo XIX.
El último golpe de gracia, parece provenir ahora de la Autoridad de Turismo de Panamá la que, haciendo uso de una ignorancia inexcusable del contexto histórico y patrimonial de la Calle Tercera, propone ahora su renovación en base a un diseño espurio, que incorpora una doble vía automovilística que incluye estacionamientos, al mejor estilo de la cinta costera de la ciudad capital. En tiempos en que las nuevas tendencias urbanísticas avanzan hacia la peatonalización de los centros urbanos y a la recuperación de espacios públicos, la ATP propone un adefesio conceptual que terminará por borrar la esencia urbanística de isla Colón.
La Calle Tercera albergó desde 1907 un amplio boulevard peatonal y arborizado que bien podría recuperarse en esencia, respetando el legado arquitectónico de la isla y promoviendo la cónsona regeneración de edificaciones contiguas. La isla Colón no necesita de más autos y de hecho su número y proliferación debería restringirse, promoviendo la movilidad sostenible de peatones y bicicletas que hoy día la ocupan de forma espontánea. Las autoridades no parecen haberse dado cuenta de que esa es la vocación natural de isla Colón, una que es apreciada por visitantes.
Es deber ciudadano, de todos los que amamos a Bocas del Toro, denunciar y oponernos a la devastación de su centro histórico y a aquellos quienes con cinismo destruyen el patrimonio que pertenece a todos. Resulta imperante promover un plan de ordenamiento territorial para la isla, cónsona con su patrimonio histórico, un estricto código de construcción para nuevas edificaciones en base a la arquitectura caribeña, exigiendo una rehabilitación idónea del Parque Bolívar, el edificio de la Gobernación y la Calle Tercera.
EXINVESTIGADOR DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD.