• 11/11/2019 00:00

Juegos perversos en tiempos inciertos

“[...] hay un grupo que tiene como causa primordial el enredo y desasosiego, y para eso, se alimenta de las debilidades que traemos como grupo humano (el bochinche) [...] para desviar la atención y lograr sus objetivos”

Dejo claro un punto que ha sido base de mis argumentos a lo largo de los años: aquí no va a pasar nada. Los que han cometido actos ilegales, los que han robado los dineros públicos, los que se han enriquecido ilegalmente mediante el tráfico de influencias y las triquiñuelas y, como consecuencia de todo esto, las escuelas y colegios, los hospitales a nivel nacional, las carreteras y los servicios públicos, etc., no le rinden apropiadamente a la población necesitada, no pagarán sus culpas. La corrupción y la impunidad no desaparecerán.

Cada intento de corregir el sistema es loable, pero las organizaciones corruptas están tan bien estructuradas que los que se levantan a gritar o manifestarse, poco entienden el poder de enemigo que enfrentan. A la hora de escribir esta nota, el juego de darle espacio a los grupos a poder manifestarse en el seno de la Asamblea Nacional y la reunión que preside el presidente de la República este viernes pasado con el grupo de la Concertación Nacional, a mí no me convence de que los objetivos fundamentales de acabar con la corrupción, claramente saldrán de esos esfuerzos.

El punto medular es construir las bases de una sociedad que se proponga, con seriedad, trabajar para el bienestar de todos los que aquí vivimos y hacerlo sobre la base de las oportunidades que, desde varias perspectivas (sociales, tecnológicas, culturales y de innovación) garanticen ese bienestar. No puede ser que tengamos niños muriendo de desnutrición, cuando algunos organismos internacionales nos califican positivamente.

La religión, es decir, mis creencias íntimas, no debo imponérselas al otro o a la otra y, en ese afán de imponerlas, señalarlos como un enemigo que hay que derrotar. Una sociedad moderna debe poder convivir pacíficamente y dejar espacios apropiados para que todos podamos ser libres y respetados en el ejercicio filosófico, aunque no estemos de acuerdo. Esas divergencias no caben en una Carta Magna que pretende representar a todos los miembros de una sociedad.

Pero ese no es el único tema que merece consideraciones profundas sobre los que hoy impulsan sus ideas, ya sea desde sus curules en la Asamblea, los que matraquean desde lujosas oficinas refrigeradas, los que se agitan desordenadamente en las calles, los del órgano Ejecutivo y los que como yo, como dije arriba, creemos que lo fundamental no se va a dar.

En el rejuego de las cosas que nos tienen donde estamos, me permito hacer una observación sobre los llamados VarelaLeaks (conversaciones privadas del expresidente Juan Carlos Varela que fueron publicadas recientemente). Ese asunto lo podemos analizar de varias maneras que no pretendo detallar aquí y que ya se realiza en el foro público. Lo que sí voy a tratar de hacer es de darle un poco más de contexto (ni a favor ni en contra).

En el interesante libro “Sapiens: una breve historia de la humanidad”, Yuvel Noah Harari, señala que “… los chismes (bochinches en buen panameño), basados en juicios, dieron inicio a nuestro dominio del planeta. Antes de comenzar a chismear con otros homo sapiens, éramos simplemente otro mamífero en la cadena alimentaria”. Harari dice que: “La cooperación social es nuestra clave para la supervivencia y la reproducción”, (…) “No era suficiente que hombres y mujeres sepan el paradero de leones y bisontes. Es mucho más importante para ellos saber quién en su banda odia a quién, quién se acuesta con quién, quién es honesto y quién es un tramposo”.

La filtración de estos documentos y mensajes del expresidente Varela no tiene nada que ver con “cooperación social” de los que las filtraron (con la supervivencia de ellos, tal vez). Esta perspectiva no tiene la intención de eximir al exgobernante de sus responsabilidades. Se le podrá exigir más adelante que rinda cuentas a la justicia.

En estos tiempos en que de alguna manera la población está tratando de buscar un mejor orden social, hay un grupo que tiene como causa primordial el enredo y desasosiego, y para eso, se alimenta de las debilidades que traemos como grupo humano (el bochinche) para desviar la atención y lograr sus objetivos. Con lo difícil que se ve el camino hacia delante, entender estos obstáculos es importante para el objetivo final. Si logramos eso, comenzaremos con buen pie, aunque tarde, por el sendero del siglo XXI.

Comunicador social.
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