La administradora de la ATP, Gloria De León, explicó que cuando salen a posicionar a Panamá, lo hacen resaltando estás cualidades y otras como la biodiversidad...
- 18/04/2012 02:00
Salario justo para el funcionario eficiente
En el artículo pasado abogué porque se retome con seriedad el tema de la carrera administrativa para brindar estabilidad a nuestra burocracia, en el buen sentido de la palabra.
Pero ese servicio civil va unido a un sistema equilibrado de remuneración, con ingresos que permitan una vida decente y decorosa al funcionario. Sin uno o la otra nunca podremos aspirar a tener un sector público que acompañe el desarrollo nacional con integrantes productivos y satisfechos de su labor. Que no añadan costos adicionales a trámites oficiales que deba hacer el ciudadano común.
Una Ley General de Sueldos presupone que existe un sistema coherente de clasificación de puestos aplicable al sector público, de modo que funciones análogas que se desempeñen en distintas entidades, siempre que sean afines y que requieran similares conocimientos o destrezas, sean remuneradas en una escala común de salarios. Cuando en un ministerio a una secretaria ejecutiva, con título universitario, se le asigne cierta remuneración, otra persona que desempeñe similares funciones en otra entidad del Estado debe recibir algo similar. Es igualmente razonable esperar que un individuo con título universitario en administración pública, que ingrese a su primer empleo con el Estado, reciba igual remuneración que su condiscípulo en iguales circunstancias y condiciones.
Pero sabemos que ese es sólo un ideal. Un rápido recorrido por planillas que algunas entidades publican, nos indica una realidad que a la postre pagamos todos. Sólo como ejemplo, que se multiplica por cientos, en una dependencia existe un administrador de tercer nivel —Administrador III— que gana B/.700.00 y otro, igualmente clasificado, que recibe B/2,000.00; mientras que allí mismo una secretaria de primer nivel —Secretaria I— gana B/.385.00 al lado de otra que recibe B/.800.00, y un oficinista gana B/.375 al lado de otro que devenga B/.1,000.00.
Si de comparaciones horizontales entre entidades se trata, el problema no mejora. Un conductor de vehículos de primer nivel —Conductor I— recibe B/.375.00 en un ministerio y B/.980.00 en otra entidad pública, mientras que una secretaria ejecutiva de primer nivel —Secretaria Ejecutiva I— gana B/.575.00 en una entidad y otra, B/.1,160.00 en una distinta organización.
No está de más señalar que la justificación por las diferencias salariales no puede estribar en que se desempeñan distintas funciones, porque, teniendo una misma clasificación basada en los mismos requisitos y exigencias del puesto, la capacidad de la persona es la misma. Distinto es cuando las funciones no son equivalentes, por ejemplo, las de un conductor de vehículo que gana B/.1,200.00, mientras que un corregidor, que debe impartir justicia a su nivel, gana B/.1,000.00.
Peor aún cuando se trata de salarios insuficientes. Según cifras de la Contraloría, en agosto de 2010, el 18% de funcionarios del gobierno central y el 20% de empleados de entidades descentralizadas ganaba menos de B/.399.99.
No nos engañemos: estas diferencias —por no llamarlas de otro modo— son harto conocidas en cada entidad. Y entonces me pregunto: ¿Qué repercusión tienen en el desempeño de los funcionarios menos afortunados? Donde el clientelismo, la politiquería y el amiguismo se entronicen como práctica habitual, no germinará la semilla de la dedicación y de mayor esfuerzo de los funcionarios. Y no se puede culpar a nadie que piense y reaccione así.
El cuadro no es de optimismo: mientras no haya respeto por el funcionariado público, mientas no se le incentive con estabilidad y capacitación permanente para ascender, mientras la carrera administrativa represente un verdadero escollo al sistema clientelista y politiquero, y mientras no se remunere con justicia, todos perdemos. Habrá pocas esperanzas por una sociedad justa y nunca saldremos del hoyo.
EXDIPUTADA DE LA REPÚBLICA.