• 19/06/2026 00:00

La Apede que Panamá necesita

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Las instituciones verdaderamente importantes trascienden a quienes circunstancialmente las dirigen. Sobreviven porque representan valores, principios y propósitos que se mantienen vigentes a través del tiempo.

La Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede) es una de esas instituciones. Desde su fundación en 1958 por don Fernando Eleta Almarán, la Apede fue concebida como mucho más que un gremio empresarial. Nació como una escuela de liderazgo, un espacio de reflexión sobre los grandes temas nacionales y una plataforma desde la cual ejecutivos, profesionales y empresarios pudieran poner su experiencia y capacidades al servicio del país.

Esa visión explica por qué, durante casi siete décadas, la Apede ha ocupado un lugar singular dentro de la sociedad panameña. Su influencia no ha provenido únicamente de la calidad profesional de sus miembros, sino de su capacidad para generar ideas, formular propuestas, construir consensos y participar activamente en la búsqueda de soluciones a los problemas nacionales.

Quienes hemos tenido el privilegio de servir en su Junta Directiva y, particularmente, quienes hemos tenido el honor de presidirla, sabemos que la verdadera fortaleza de la Apede no radica en sus instalaciones, sus reglamentos o sus estructuras administrativas. Su fortaleza reside en sus principios, en sus socios y en una cultura institucional basada en el servicio, la participación y el compromiso con Panamá.

En el libro Historia, Legado y Compromiso, publicado durante nuestra gestión, don Fernando Eleta Almarán expresó que la Apede tenía alma. Siempre he considerado que esa afirmación encierra una profunda verdad. Esa alma se manifiesta en el trabajo voluntario de sus comisiones, en la disposición de cientos de socios a dedicar tiempo y esfuerzo a causas que trascienden sus intereses particulares, y en la convicción de que la Asociación debe contribuir al fortalecimiento de la democracia, la institucionalidad, la libre empresa y el desarrollo humano del país.

Durante distintas etapas de nuestra historia gremial, la Apede ha impulsado iniciativas de gran impacto nacional. Me correspondió, junto a muchos otros socios comprometidos, participar en esfuerzos como la Ley de Transparencia en la Gestión Pública, el Pacto Ético Empresarial de Panamá, el Centro Nacional de Competitividad y la promoción de lo que posteriormente se convertiría en la Concertación Nacional para el Desarrollo. Todas estas iniciativas tuvieron un denominador común: la convicción de que la Apede existe para servir a Panamá.

Hoy nuestro país enfrenta desafíos complejos. La calidad de la educación, la competitividad, la seguridad jurídica, la eficiencia institucional, el acceso al agua y el combate a la corrupción donde se encuentre, y la generación de oportunidades para las nuevas generaciones, exigen liderazgo, diálogo y visión de largo plazo.

En ese contexto, la Apede sigue teniendo una responsabilidad relevante. Debe continuar siendo una voz independiente, objetiva, respetada y propositiva. Debe promover consensos cuando predominan las divisiones. Debe aportar soluciones cuando abundan las críticas. Debe contribuir a elevar la calidad del debate nacional y fortalecer la participación responsable de la sociedad civil organizada.

Precisamente por ello, las elecciones internas de la Asociación tienen una importancia que trasciende lo gremial. Lo que está en juego no es solamente la escogencia de una Junta Directiva. Lo que está en juego es la capacidad de la institución para preservar su esencia y proyectarse hacia el futuro.

Las organizaciones necesitan buena administración, transparencia y rendición de cuentas. Todo ello es indispensable. Pero también necesitan liderazgo, experiencia, capacidad de convocar, visión estratégica y compromiso con los principios que les dieron origen. Necesitan, en definitiva, conservar su alma. Por esa razón he decidido respaldar la candidatura de Walter T. Luchsinger Jr. y del equipo de hombres y mujeres que le acompaña. Lo hago porque veo en ellos una combinación de experiencia institucional, renovación generacional, vocación de servicio y compromiso con los valores que históricamente han distinguido a nuestra Asociación.

Lo hago porque creo en una Apede que honre su legado mientras construye su futuro. Y lo hago porque sigo convencido de que la mejor manera de fortalecer a Panamá es fortaleciendo instituciones como la Apede, capaces de formar líderes, generar propuestas y servir al país con independencia, objetividad y sentido de responsabilidad nacional.

La historia de la Apede ha sido escrita por generaciones de hombres y mujeres que entendieron que pertenecer a ella implicaba mucho más que ser miembro de un gremio. Implicaba asumir una responsabilidad con Panamá. Ese compromiso sigue tan vigente hoy como hace casi siete décadas.

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