• 24/01/2026 15:31

La costa del Pacífico y ‘les frères saoudiens’

Desde los albores del tiempo, el Golfo Arábigo atrajo la atención de viajeros, mercaderes, cronistas y guerreros. No solo fue un espacio de tránsito de las caravanas del Oriente sino también cuna de una importante religión cuyos seguidores representan actualmente la cuarta parte de la población mundial. Es sumamente relevante, en el campo de las relaciones culturales, la figura de Ilyās ibn al-qissīs Ḥanna l-Mawsilī -conocido en tierras americanas como Elías de Babilonia- que, en 1699, redactó una crónica de viaje desde la mirada de un visitante nacido en Mesopotamia y formado en el Medio Oriente en un permanente contacto con la cultura árabe. “Es la primera descripción en lengua árabe, conocida a la fecha, sobre la América hispana, escrita en tierras americanas en el siglo XVII, primero en Perú y luego en la Nueva España [sobre México con menciones a Panamá y el ‘Reyno’ de Guatemala], y revisada en Sevilla al regreso del viajero a España” (Ponce, 2018; Raffo, 2024). Antes de retornar a su ciudad natal, Ilyās ibn al-qissīs Ḥanna l-Mawsilī visitó Roma y París coincidiendo su arribo “con la llegada a esa ciudad de Solimán Aga, a quien sirvió como intérprete en su misión como enviado otomano ante el rey Luis XIV de Francia” (Ponce,2018).

Así como las ‘Mil y una Noches’ alimentaron el imaginario popular del continente americano, la crónica de Elías de Babilonia nutrió la imaginación de los lectores árabes sobre aquella zona del mundo llena de riquezas de oro y plata, así como de plantas y animales exóticos. Casi doscientos años después, los rasgos culturales de herencia mozárabe existentes en Latinoamérica como parte de la transmisión intercultural experimentada luego de trescientos años de presencia española en el continente se reavivaron con el despertar de una incipiente migración hacia México y Sudamérica.

En el último tercio del siglo XX se produjo un tímido, pero progresivo redescubrimiento del Golfo por parte de América Latina, particularmente del Perú que en 1986 realizó una histórica Misión Comercial que determinó que Arabia Saudita y el Perú diesen el paso siguiente, el establecimiento de relaciones diplomáticas y, más tarde, la instalación de las respectivas embajadas.

El Reino de Arabia Saudita, próximo a celebrar su centenario partiendo de la fecha oficial del 23 de setiembre de 1932, cuenta con un plan de asociación multifacético “Visión 2030” con el que busca transformar el nivel y el contenido de las relaciones con Latinoamérica para romper su dependencia histórica de las exportaciones de petróleo y avanzar así hacia una nueva etapa de diversidad industrial, tecnológica y económica. En la última década ese impulso ha sido notable, enfatizándose áreas que “abarcan comercio, inversión, diplomacia, defensa, energía y conexiones interpersonales” (Wasnik, 2025).

Desde ese ángulo, Arabia Saudita, el Perú y Panamá comparten la condición de países de ruta con conexiones portuarias, financieras y geográficas esenciales en el comercio mundial.

En el 2026, el Perú y Arabia Saudita celebrarán cuarenta años de relaciones diplomáticas. Así, como preludio de esta efeméride, el año anterior el entonces canciller peruano Schialer efectuó una gira al Golfo para continuar con el proceso de eslabonamiento de ambas economías.

En el ámbito de la cooperación bilateral, tras más de una década de negociaciones, se ha logrado la aceptación mutua del Acuerdo General de Cooperación entre el Perú y Arabia Saudita, como resultado de las gestiones emprendidas en el 2025. La próxima firma de este instrumento, prevista con ocasión de la visita de una alta autoridad peruana a Riad, permitirá establecer un marco institucional de trabajo orientado al desarrollo de proyectos de interés común y al intercambio de conocimientos, experiencias y buenas prácticas entre las instituciones y sectores productivos de los dos países.

De manera complementaria, también en aquel año se registraron avances en la negociación de Memoranda de Entendimiento en los sectores de minería y energía, elaborados con la participación de los ministerios competentes del Perú y de Arabia Saudita. La suscripción de estos instrumentos sentará las bases para la identificación de oportunidades de inversión.

En el plano comercial saudita-peruano bastan algunos ejemplos. Así, en agosto del 2025, una delegación de la cadena de supermercados saudita Tamimi visitó Lima con el propósito de participar en una rueda de negocios con potenciales proveedores peruanos de productos agrícolas para evaluar posibilidades de abastecimiento de alimentos de origen inca al mercado saudita.

Asimismo, en setiembre del mismo año, el Perú recibió la visita de una delegación del Ministerio de Industria y Recursos Minerales de Arabia Saudita, encabezada por el viceministro de Recursos Minerales AlBelushi e integrada por funcionarios del Servicio Geológico Saudita (SGS) y del Future Minerals Forum (FMF). Esta visita tuvo lugar en el contexto de la 37.ª edición de PERUMIN 2025 e incluyó una agenda de actividades vinculadas a la identificación de ámbitos de cooperación y a la promoción de inversiones en el sector minero.

En su conjunto, estos y otros eventos evidencian una evolución gradual de la relación bilateral peruano-saudita hacia una agenda más estructurada, sustentada en instrumentos de cooperación y en el fortalecimiento del diálogo sectorial, en consonancia con las prioridades definidas por ambos países en el ámbito internacional. Esta nueva etapa de cooperación dentro de un Sur Global dinámico promete beneficios duraderos no solo para la industria, sino para los pueblos de ambos países.

*El autor es exembajador del Perú en Panamá, Honduras y Guatemala
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