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Agrega La Estrella en Google ↗️Vivimos en una era tecnológica que nos ha permitido acceder a la información del mundo en tiempo real gracias a un dispositivo que colocamos, la mayoría de las veces, a recargar batería antes de dormir; nuestro teléfono inteligente (Smartphone). ¿Quién pensará que tener acceso a la información o a las noticias en tiempo real tendrían un impacto negativo en nuestro sistema emocional? El panameño promedio al despertar abre el celular y se encuentra con un accidente de tránsito, o que ocurrió un incendio en un complejo histórico del país.
Puede que se encuentre con noticias de homicidios, femicidios, maltrato animal, robo, crisis económicas acompañadas de la incertidumbre de no saber si alcanzará el dinero para terminar el mes. Luego, que en alguna parte del mundo hubo una catástrofe ambiental en el que fallecieron muchas personas. O quizá inició una nueva guerra en algún territorio del mundo. Toda esta información es consumida en cuestión de minutos todos los días. Cada noticia se convierte en un pequeño recordatorio de que el mundo es impredecible, aunque estos acontecimientos ocurran en distintos lugares y no todos nos afecten de manera directa, nuestro cerebro no permanece indiferente. Con el paso de los días, esa acumulación de preocupaciones puede traducirse en cansancio emocional.
No es extraño entonces que muchas personas refieran sentirse con menos paciencia, más irritables, experimentar una sensación constante de ansiedad por la incertidumbre del mañana que les provoque largas noches de desvelo. Algunos sentirán tristeza sin razón clara, o tener perspectivas de que no hay esperanzas para el futuro que nos viene. Esto no significa necesariamente que estén padeciendo alguna enfermedad de salud mental. En muchas ocasiones, se trata de respuestas humanas normales frente a circunstancias que generen estrés sostenido.
El cerebro humano está diseñado para responder ante amenazas, pero no para permanecer alerta las veinticuatro horas del día. Un ejemplo claro son los guardias que vigilan y protegen el Palacio de las Garzas, son un personal que están alerta por determinado tiempo y luego, al terminar su turno, otro personal descansado inicia la labor. Si en un trabajo de seguridad hay espacio para la alerta y el descanso; ¿Qué pasa con el panameño que está expuesto a información preocupante todo el día provocando que su organismo se mantenga en un estado de vigilancia constante? Eventualmente, esa sobrecarga prolongada termina pasando factura al cuerpo y a la mente. Sin embargo, cuidar la salud mental no implica ignorar la realidad ni vivir desconectado de lo que ocurre a nuestro alrededor. Significa aprender a relacionarnos con esa realidad de una manera que no termine por consumirnos.
Como médico general, me interesa mucho el bienestar emocional del panameño y poder brindarles herramientas útiles para poder afrontar el día a día. Una de esas herramientas es hacer una pausa antes de reaccionar impulsivamente ante una emoción intensa. Preguntarnos: “¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué necesito en este momento? ¿Qué acción realmente me ayudará?” Muchas veces al no detenernos a pensar en que sentimos, provoca reacciones impulsivas -discutir, aislarnos, o descargar frustración con quienes nos rodean.
Cabe destacar, que reconocer el malestar que estamos sintiendo, se debe permitir aceptar que no todo esta bajo nuestro control. Todas estas situaciones negativas que vemos día a día no la podemos resolver. Pero si podemos decidir cuanto tiempo dedicamos a consumir información, cuidar nuestro descanso, mantener contacto con las personas que queremos, realizar actividad física y buscar ayuda cuando sentimos que el peso emocional supera nuestros recursos. Reconocer, también, que, si el peso emocional supera nuestra capacidad de afrontarlo, permitirse recurrir a profesionales capacitados en la salud mental (psicólogos). Esto no quiere decir que tengamos una enfermedad mental, pero a veces necesitamos apoyarnos en profesionales capacitados en el tema para poder prevenir una situación emocional que nos lleve a desarrollar enfermedades de salud mental; como lo son la Depresión y la Ansiedad.
Validar nuestras emociones no significa que debamos resignarnos a ellas. Significa reconocer que existen y poder manejarlas de una forma saludable.
Como sociedad solemos preocuparnos por nuestra salud orgánica, pero pocas veces se menciona el impacto psicológico que dejan la incertidumbre y el estrés prolongado. Quizás sea momento de recordar que la salud mental también necesita descanso. Ante un mundo que no siempre podemos cambiar de inmediato, ¿estamos aprendiendo a vivir con la incertidumbre o solo estamos sobreviviendo a ella?