• 11/01/2026 00:00

La inteligencia emocional, el acoso y el éxito educativo

Los sistemas educativos se enfrentan actualmente a diversos desafíos. Uno de ellos, sin duda, es el acoso o bulling, que es un factor que, junto a la pobreza y a la condición socioemocional post pandémica, tiende a generar un cuadro crítico, para una buena parte los estudiantes de educación básica y media (30 al 40 %) de los sistemas educativos de los países de América Latina y el Caribe (ALC).

Con las nuevas tecnologías digitales y los teléfonos celulares, el ciberacoso, escala a una dimensión mayor, por la posibilidad de grabar o ilustrar mediante una foto o un retrato maquillado, las ofensas o agravios que se realizan al estudiante afectado y su amplia difusión. La reprobación o abandono escolar de los estudiantes del campo o de la ciudad, según género y edad, condición étnica y socioeconómica, son, en general, consecuencias de este fenómeno.

Nuevas exploraciones en los factores y variables que influyen en el éxito educativo, han puesto su atención en la predisposición al bajo rendimiento escolar, así como en la permanencia y la graduación de algunos estudiantes sobre otros, por efectos del acoso y el ciberacoso (Unicef 2023). En Panamá hasta un tercio de los estudiantes de básica y media, se plantea que están afectados por estas variables.

Es posible dar una orientación diferente a este acoso, a la violencia y la agresividad que se expresa en algunos estudiantes, incorporando métodos que influyan en su personalidad, como la inteligencia emocional. Es esa habilidad que permite reconocer, entender y manejar las propias emociones, así como las de los demás. Este conjunto de habilidades es clave no solo para su bienestar personal, sino también para alcanzar el éxito en las actividades que realizas, entre ellas el aprendizaje y la socialización.

Según Daniel Goleman (7 de marzo de 1946), psicólogo norteamericano, quien ha investigado, sistematizado y difundido este concepto desde los años 80, esta inteligencia no solo mejora nuestra capacidad de gestionar el estrés y las emociones, sino que también fomenta una mayor empatía y habilidades sociales, elementos clave para navegar en los desafíos del aprendizaje y la colaboración en cualquier entorno educativo.

En su obra Goleman (Emotional Intelligence. 1995), expone las dimensiones de esta inteligencia, como son: el autoconocimiento, la autorregulación, la motivación, la empatía y las habilidades sociales. Es decir, estas dimensiones pueden explicar y contribuir a forjar relaciones humanas positivas. Por ejemplo: ¿cómo lograr la sana convivencia en el aula de clases entre alumnos de diferentes orígenes sociales y étnicos?.

La inteligencia emocional en la escuela es crucial para el desarrollo integral de los estudiantes, ya que les ayuda a reconocer y gestionar sus propias emociones, así como a comprender las de los demás. Esta disciplina se ha convertido en un pilar esencial dentro del ámbito educativo, no solo por su impacto en el rendimiento académico, sino también por su influencia en la dinámica social y personal de los estudiantes.

Este conjunto de habilidades no solo guía el camino hacia el éxito educativo, sino también crean una experiencia psicopedagógica más enriquecedora y satisfactoria, en aspectos tales como: el desarrollo personal y académico, entornos de aprendizajes positivos. Al mismo tiempo, ayuda a reconocer las fortalezas y áreas de mejora, tanto personal como pedagógicas, y fomenta un ambiente de respeto, apoyo y colaboración entre estudiantes y profesores, esencial para un aprendizaje efectivo; contribuye a la resolución de conflictos, manteniendo relaciones personales y sociales saludables.

Aprender a calmarse después de un contratiempo o controlar el estrés antes de un examen no solo es útil, es esencial. Desarrollar técnicas de autorregulación como la respiración profunda, la meditación o incluso la actividad física regular, te permitirá enfrentar los retos académicos con una mente más clara.

La motivación es lo que te mantiene avanzando, incluso cuando te encuentras con obstáculos. Identifica esa chispa interna que te impulsa a seguir adelante, ya sea tu pasión por el tema que estás estudiando, tus objetivos a largo plazo o el deseo de superarte a ti mismo. Recuerda, la motivación viene de adentro, y es lo que te hará perseguir tus metas. Es decir, percibir como ven una situación, cómo se sienten y de qué manera podemos contribuir a su bienestar.

Los docentes tienen un papel estratégico en la gestión del aula y en el desarrollo de la inteligencia emocional de sus estudiantes. Ellos deben practicar la escucha activa, atendiendo no solo el rendimiento académico, sino también el bienestar emocional de sus estudiantes. Promover ambientes seguros y afectivos, donde los alumnos se sientan valorados. Puede organizar el rincón de las emociones, un espacio para que los estudiantes expresen cómo se sienten. También organizar juegos de roles y dramatizaciones sobre empatía y autocontrol. Promover los cuentos y canciones que se refieran a las emociones: alegría, miedo, tristeza y enojo.

Un docente comprometido con la salud emocional de sus estudiantes, puede crear espacios y un clima de aula de mayor autonomía emocional y autoestima, reducir conductas agresivas y disruptivas, promover estrategias que contribuyan al rendimiento escolar y la alegría de sus alumnos por asistir a la escuela. Existen muchas experiencias exitosas que pueden servir de referencia a nuestros educadores y a las familias. Lo deseable es incorporar estas buenas prácticas pedagógicas dentro del mundo escolar y contribuir a formar tempranamente la población para un futuro mejor.

*El autor es docente universitario
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