El IMHPA prevé menos lluvias en el Pacífico y alerta sobre impactos en agricultura, agua potable, energía y Canal de Panamá
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Agrega La Estrella en Google ↗️Por lo bajo, si se suman la asignación ya incluida en el Presupuesto 2026 y el crédito adicional aprobado por la Comisión de Presupuesto de la Asamblea Nacional, la celebración del Quincuagésimo Cuarto (54) Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la OEA y la conmemoración del Bicentenario del Congreso Anfictiónico, y eso, todavía sin contabilizar muchos otros costos colaterales en especie y las horas de trabajo dedicadas por los funcionarios involucrados, por lo bajo, pero muy por lo bajo, serán de unos 15 millones.
Nota: Se menciona en primer lugar la Asamblea de la OEA, porque nuestras propias autoridades le han asignado el papel más destacado.
Esta no es la primera vez que, “con pompa y circunstancias” se conmemora el Congreso de 1826. En 1976, cuando estaba se desarrollaba la campaña internacional para concretar nueva la relación contractual con los Estados Unidos, se recordó el hito de su Sesquicentenario (150 años).
Desde luego, la conmemoración del bicentenario del cónclave convocado por Bolívar, es justificada, pero sobredimensionarla y exaltarla con expectativas de resultados, que serán más líricos que reales, y con sus igualmente sobredimensionados costos, no es congruente.
En ese año de 1976, el Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la OEA, tuvo como sede a Santiago de Chile, del 4 al 18 de junio y la celebración del Sesquicentenario se programó para el de 22 de junio, inmediatamente siguiente. Originalmente se pretendía que congregara a un buen número de Jefes de Estado, cancilleres y embajadores; pero por discrepancias que no lograron superarse, al final no asistió ni un solo Jefe de Estado y las delegaciones no tuvieron particular relevancia. Los hechos más significativos de esa conmemoración fueron esas notables ausencias y la entrega que hizo Brasil de las Actas del Congreso de 1826.
Una crónica de la época también registró que el entonces Jefe de Gobierno panameño, el general Torrijos, estaba supuesto a aprovechar esa tribuna para pronunciar un discurso diseñado para que tuviera repercusiones en el continente americano y más allá; pero eso finalmente no ocurrió.
Según se ha anunciado, han confirmado asistencia “varios presidentes”, pero, a pocos días del evento, programado del 22 al 26 de junio, no se conoce una información precisa y, tampoco, ha trascendido si asistirán los países considerados como de mayor peso político de nuestra región: Brasil, México o Argentina. De nuestros dos vecinos inmediatos, Costa Rica ya se restó oficialmente y dado que el 21 de junio se celebra la segunda vuelta de las elecciones colombianas, la ausencia del presidente Petro es predecible.
Cuando Simón Bolívar decidió convocar al Congreso de 1826 su sueño era que a este concurrieran todas las naciones del continente, incluido los Estados Unidos y representantes de potencias europeas, y que sus deliberaciones concluyeran con la decisión de crear la que en la muchas veces citada “Carta de Jamaica”, concibió como “Una Unión o Confederación de las Naciones Americanas”.
Bolívar finalmente no asistió al Congreso. A este solo concurrieron los representantes de la que entonces se denominaba la Gran Colombia, México, Perú y la República Federal de Centroamérica. Tanto la Gran Colombia como la República Federal de Centroamérica se desintegraron poco después.
El Congreso sesionó del 22 de junio al 15 de julio de 1826 y su resultado formalizado en los Pactos del Istmo, que solo fue ratificado por la Gran Colombia no tuvieron mayor trascendencia. Y si se recuerda que, ante esos resultados, Bolívar dijera que el congreso “solo fue una sombra”, huelga cualquier otra valoración.
No en una sino en varias ocasiones, se ha pretendido trazar el origen de la OEA y su predecesora la Unión de las Repúblicas Americanas, impulsada por los Estados Unidos en 1890, para situarlo en el Congreso de 1826. Las razones que rodearon tanto la creación de la Unión como de la OEA, obedecieron a contextos geopolíticos con connotaciones distintas a los sueños del Libertador y es materia que podría servir de base para lucubraciones de diferentes órdenes, en futuros debates; pero que ahora no son relevantes.
Lo que sí es relevante ahora es vaticinar que como en las recientes asambleas de la OEA, se seguirán acumulando discursos románticos y exaltando una organización que, sin brillo ni gloria alguna, hace mucho tiempo demanda que se revise su papel y trascendencia y a la que al celebrar su evento cumbre le tocará competir por captar atención, cuando los pueblos de las américas estarán más interesados en las convulsiones que sacuden a muchos de ellos y en los partidos del Mundial del Fútbol. Panamá, por cierto, juega el 17 de junio contra Ghana y el 23 contra Croacia, precisamente, antes del inicio de las efemérides anfictiónicas y cuando estas y la Asamblea de la OEA estarán a punto de culminar. Por ahora, hasta allí lo dejamos.