• 02/11/2026 00:00

‘La patria es el recuerdo’

Amo este país. Cuando estoy lejos de mi Panamá, se me llenan los ojos de lágrimas cuando veo mi bandera tricolor en algún lugar inesperado. O cuando suenan las notas del himno nacional en algún escenario, sea cantado por niños de un parvulario que apenas aprenden sus estrofas o en los escenarios mundiales, cuando algún coterráneo alcanza su sueño. Esta Tierra es parte de mí y yo de ella.

Pero me duele la Patria porque en medio de las dianas, los desfiles, las bandas, los estudiantes y las autoridades en todo el país, y ante el hecho de que llegan a convivir entre nosotros cada año nuevo inmigrantes, me perturba aceptar que muchos de los que nacieron aquí, los que han estado hace décadas y los que recién llegan, no comprenden qué hace que este Panamá sea hoy lo que es.

Dice Rubén Blades que “Patria son tantas cosas bellas”. Esta Patria no solo es lo bello que me hace extrañarlo y me humedece la mirada. Para entender y quererla tienen que ir más allá de las oportunidades de llegar y poner un negocio. De sacarle varios millones de dólares en el matraqueo y el juega vivo. Los que controlan la economía y, en el proceso, sentir orgullo por las limosnas que se vanaglorian en darle a la población.

Esta Patria es de una dignidad que ya no percibo compartida. Se esfuma con el tiempo. Es la patria de los que siempre gritaron Panamá Soberana. De los que salieron a defender la dignidad nacional el 12 de diciembre de 1947 (en rechazo a los convenios Filos-Hines), los miles de compatriotas organizados en la gloriosa Federación de Estudiantes de Panamá, así como el Frente Patriótico de la Juventud, el Magisterio Panameño Unido, la Asociación Nacional de Educadores y la Unión Nacional de Mujeres, entre otras organizaciones.

Este país es de los que llevaron a cabo la Operación Soberanía el 2 de mayo de 1958 y la Operación Siembra de Banderas el 3 de noviembre de 1959. Cometieron la patriótica osadía de ingresar y recorrer las calles de la Zona del Canal, vedada a los panameños, enarbolando y sembrando la bandera nacional.

Esta Patria es de los mártires del 9 de enero de 1964, como dice Rubén en su canción y que aún gritan entre un silencio que se hace más profundo: “Bandera, Bandera, Bandera” en medio de la opulencia, los rascacielos y los sobrecostos. Y esta Patria es lo que es porque a esa gesta de enero del ‘64 se sumaron cientos y cientos de panameños que, sin celulares, Twitter (hoy X), Instagram o Facebook, se lanzaron a la calle y pusieron el pellejo en defensa del honor y la dignidad nacional.

Esta Patria es de los negociadores, los de todas las épocas. De los panameños que, aun laborando en la Zona del Canal bajo administración estadounidense, desde adentro, asumieron su rol de patriotas en defensa de los intereses de la Nación. Esta parte de la historia está aún por ser documentada, contada, reconocida y honrada.

“Revuelvo la mirada y a veces siento espanto” porque el sentido de Patria y la consolidación de este país como ente independiente se debate hoy entre la corrupción, marcadas desventajas sociales e imposiciones de un grupo minoritario sobre el resto, en la toma de decisiones sobre las cosas del Estado; aunado a las fallas de nuestro sistema educativo, el pobre papel de los medios de comunicación masiva en el deterioro de nuestra identidad nacional y social y la falta de políticas culturales definidas. Hay quienes seriamente quieren desaparecer el pasado y escuchar en el replicar de los tambores, el sonido de la caja registradora, como decía Omar Torrijos.

Este mes no solo debemos celebrar los eventos de separación e independencia. Celebremos todos aquellos acontecimientos que muchos no quieren recordar y, los que llegan por primera vez no tienen idea de que se dieron.

Amo este país, pero me duele su realidad y su futuro. Me duele y tengo dudas, serias dudas, de que podamos recobrar ese sentido de pertenencia patriótica, más allá del fútbol y la Marea Roja. Y todos los sentimientos y las entregas por la dignidad nacional. No me malinterpreten: amo esta Patria y quiero que sea fuerte y productiva para todos, inclusivo, sin racismo y sin discriminación. Con la dignidad de su historia llevando siempre en el corazón ese verso sencillo y profundo de nuestro poeta insigne Ricardo Miró: “La patria son los Recuerdos”.

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