• 17/07/2026 00:00

Los cuentos exquisitos de una nueva autora: Mónica Durán

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Escribir ficción implica estar en pleno dominio de las posibilidades más auténticas de lo inesperado, lo inaudito, incluso a ratos lo imposible, “torciéndole el cuello al cisne” de la realidad hasta lograr credibilidad en otras hasta entonces impensadas aristas de lo aparentemente inconcebible. De ahí que el talento sea condición sine qua non de toda obra capaz de perdurar en el tiempo.

También lo es la constancia y una inclaudicable disciplina. Lo anteriormente expresado coincide con la excelencia de estos primeros cuentos, largamente guardados, de la mexicana residente en Panamá: Mónica Durán, ya que en seguida se percibe no sólo su facilidad para la escritura sino, además, sus múltiples aciertos en la forma de contar diversos tipos de anécdotas reales o inventadas. Así, por más imaginación que se tenga, el entender cómo administrar de modo efectivo las ocurrencias de “la loca de la casa” (según llamó a la imaginación Santa Teresa de Jesús) es un don que tienen los artistas; y Mónica Durán sin duda lo es.

Cualquiera de los cuentos con los que nuestra autora estrena su primer libro, de un modo u otro lo pone de manifiesto. Si la vida es una compleja red de convergencias y divergencias, sucesión de acontecimientos a menudo imprevisibles, por más que haya planes meticulosamente trazados por voluntades esforzadas, la buena literatura concebida como arte implica una necesidad creativa en la visión de mundo que muestra. No un simple reflejo mimético, sino una recreación interpretativa que añade al mundo una obra digna de ser valorada.

Así, los escritores, por naturaleza agudos observadores del entorno y de la propia interioridad, auscultamos la no pocas veces escurridiza realidad, la analizamos con una híbrida combinación de conocimiento, experiencia, investigación, intuición e imaginación, y la plasmamos en textos que esperamos sean significativos debido al dominio de nuestro oficio. Se trata, por supuesto, de una ardua y a menudo incomprendida labor; responsabilidad del todo inexorable. Pero también para quienes ponemos alma y vida en ello, una gran satisfacción.

Crear –versus destruir– siempre será no sólo terapéutico sino altamente nutricio y estimulante en lo personal, pero también oblicuamente didáctico en cuanto comparte sentimientos e ideas. Mónica Durán, escritora mexicana con más de treinta años en Panamá, es una diestra cuentista: conoce al dedillo los intríngulis de la creatividad, y sin embargo aún no publicaba su primer cuentario. Hasta ahora, puesto que este libro suyo que me honro en prologar, no sólo rompe el hielo de su largo silencio sino que pone de manifiesto de modo irrebatible los rigores de su talento artístico.

Los 27 cuentos exquisitos recopilados en este primer libro suyo (varios publicados en la revista Maga, otros inéditos), ponen de manifiesto lo anterior. De ahí que, lejos de ser actividad de gente ociosa o frívola, excentricidad superflua indigna de lectores de variadas profesiones, y del hombre común que sobrevive en las calles, la creación literaria sea una verdadera hazaña cotidiana.

Esfuerzo escritural que una vez convertido en obra merece ser divulgada y promovida. Es lo que hacemos al publicar este primer libro suyo. Y es que la buena literatura debe hacer pensar y sentir al mismo tiempo, tomar conciencia, expandir la imaginación, permitir al lector sensible entrar a un mundo de certezas, extrañamientos, negaciones, sinsentidos y posibilidades dictadas por el lenguaje que su creador, con su talento, eficazmente ensambla.

La función del escritor es, por tanto, auscultar las diversas facetas de la experiencia humana, sus recovecos, tanto en lo individual como en lo colectivo, para finalmente hacer una propuesta: la de su propia visión de mundo. Y los razonamientos planteados deben ser convincentes. Nuestra autora logra todo lo anterior, con creces. Además, de forma natural, sin imposiciones sacadas de la manga como suele ocurrir con un primer libro.

En alguna ocasión señalé que “el cuento más bello del mundo es aquel que logra una fusión perfecta entre un momento de gran plenitud humana y una forma armónica, inevitable”. Lo reitero ahora con Imagina, primer libro de Mónica Durán que sorprenderá a tirios y troyanos por su exquisita calidad.

Escribir es indagar y descubrir o redescubrir. Poner en perspectiva, hacer balance, tratar de entender. Pero también —cuando se trata de una auténtica obra literaria— crear y recrear. Y al hacerlo, añadirle nueva realidad a la opacidad que entraña la vida. Así, la buena literatura es un arte: recrea, recombina, transmuta, e hibridiza lo que tiende a ser plano de la experiencia humana. Con imaginación y oficio ficcionaliza la vida y torna en realidad lo que era ficción... ¡Lo sabe Mónica: este primer libro lo demuestra!

Declaro sin ambages que se trata de una cuentista que honra a Panamá con sus muchos años de convivir entre nosotros. Mucho tenemos que aprender de su modestia y su incuestionable talento, que advertí de inmediato cuando hace años formó parte de uno de mis talleres literarios.

Ahora sólo falta organizar prontamente una bonita presentación de Imagina, para que tras agotar esta primera modesta edición, sigan otras.

* El autor es escritor, profesor jubilado, promotor cultural y editor
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