• 17/07/2026 00:00

Panamá ante la nueva geografía económica de las Américas

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Panamá ha sabido construir una identidad internacional clara basada en ser un hub de conexión, comercio, servicios, logística y finanzas. Durante décadas, esa narrativa estuvo asociada principalmente al Canal, a su conectividad marítima y a su posición geográfica privilegiada. Sin embargo, en el mundo actual, ser hub ya no significa únicamente estar en el centro de las rutas. Significa también tener la capacidad de leer el cambio, anticipar nuevas redes económicas y salir activamente a buscar oportunidades.

Muchas veces los países saben cómo quieren presentarse ante el mundo, pero pocas veces estudian con igual interés cómo el mundo los percibe a ellos. De allí surge la importancia de una diplomacia pública moderna que se base no solo en promocionarse hacia afuera, sino comprender qué imagen, qué expectativas y qué oportunidades asocian otros actores con un país determinado. Sobre esa base se construye una estrategia de posicionamiento.

Panamá es un buen ejemplo de este proceso dado que cada vez más se consolida como un espacio desde el cual se piensa la región. No solo por el Canal o por su conectividad aérea, sino también por su capacidad de reunir empresarios, organismos internacionales, gobiernos, bancos de desarrollo y centros de pensamiento. Eventos como el Foro Económico Internacional de CAF o la propia Cena Anual por la Libertad Económica de Apede muestran que Panamá no solo quiere ser un punto de tránsito, sino también una plataforma de ideas, negocios y decisiones para las Américas.

Este posicionamiento ocurre en un momento especialmente desafiante. Hoy al menos cuatro grandes tendencias deben ser consideradas por países con alto potencial de crecimiento como Panamá. La primera es el paso de una lógica de riesgo a una lógica de incertidumbre. Durante mucho tiempo, las empresas y los gobiernos planificaron sobre la base de riesgos relativamente medibles. Hoy enfrentan eventos cuya probabilidad, impacto y duración son mucho más difíciles de anticipar. Como dijera Paul Ingram, profesor de Columbia Business School, hoy “prepararse es más útil que predecir”, especialmente cuando la inestabilidad geopolítica y la política comercial se han convertido en preocupaciones centrales para los ejecutivos.

La segunda tendencia es la interdependencia económica. El comercio mundial ya no puede entenderse como un simple intercambio de bienes finales entre países. Cerca del 70% del comercio global está vinculado a bienes intermedios, lo que refleja cadenas de valor cada vez más fragmentadas, sincronizadas y expuestas a shocks externos. En ese contexto, un problema logístico, energético o geopolítico en una región puede afectar precios, abastecimiento y decisiones de inversión en otra.

La tercera tendencia es la complejidad de los frentes que hoy enfrentan gobiernos y empresas. Ya no basta con mirar costos, aranceles o acceso a mercado. Las decisiones empresariales de largo plazo incorporan variables ambientales, energéticas, tecnológicas, regulatorias y de seguridad internacional. Por eso hablamos cada vez más de geoeconomía: la economía y la geopolítica dejaron de ser mundos separados.

Otra tendencia es la nueva arquitectura de acuerdos comerciales. El mundo pasó de una lógica de grandes consensos multilaterales a una red de acuerdos mega-regionales y plurilaterales. Mercosur, CPTPP, Alianza del Pacífico, DEPA, RCEP y los acuerdos de economía digital muestran que la inserción internacional ya no depende solo de bajar aranceles, sino de participar en nuevas reglas sobre servicios, datos, sostenibilidad, inversiones, compras públicas, estándares técnicos y cadenas de valor.

En este contexto, el acercamiento de Panamá a América del Sur cobra una importancia estratégica. Mercosur, que acaba de concluir un acuerdo histórico con la Unión Europea, representa un espacio económico y político clave para la región. Su peso no se mide únicamente por su mercado, sino por su capacidad de articular producción agroindustrial, energía, alimentos, minerales críticos, servicios y nuevas oportunidades de inversión. Para Panamá, mirar al Mercosur no debería ser visto como un gesto diplomático más, sino como parte de una estrategia de ampliación de redes económicas.

Lo mismo ocurre con el CPTPP (Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) dado que, para Panamá, explorar vínculos más profundos con este acuerdo permitiría conectarse con una de las plataformas comerciales más dinámicas del mundo, especialmente relevante por su proyección hacia Asia-Pacífico. En una economía global donde las cadenas de suministro buscan diversificación, resiliencia y nuevos puntos de conexión, Panamá tiene activos naturales e institucionales que pueden potenciarse si se integran a redes más amplias.

La clave está en entender que Panamá no debe elegir entre ser hub logístico, financiero, aéreo, comercial o diplomático. Su verdadera ventaja está en combinar todas esas dimensiones. Un hub del siglo XXI no es solo un lugar por donde pasan barcos, aviones o mercancías. Es un espacio donde se conectan decisiones, inversiones, información, talento y estrategia. Por eso, el desafío no es solamente “aprovechar” la posición geográfica, sino –como lo viene haciendo– transformarla en una política activa de inserción internacional. Panamá tiene condiciones para ser una puerta de entrada a Centroamérica, pero también un puente hacia América del Sur y una plataforma de conexión entre el Atlántico, el Pacífico, América Latina, Norteamérica, Europa y Asia.

En tiempos de incertidumbre geoeconómica, los países pequeños y medianos que logran posicionarse con inteligencia pueden ganar relevancia. Pero para ello necesitan moverse con proactividad, construir alianzas, diversificar vínculos y evitar que la integración regional sea solo una plataforma de discursos políticos que rara vez se traducen en desarrollo. Panamá tiene hoy se está consolidando como un hub regional que no solo recibe oportunidades, sino que sale a buscarlas. Un hub que no solo dice serlo, sino que cada vez más lo demuestra. Sobre estos y otros temas, hablaremos en pocas semanas en la Cena Anual por la Libertad Económica de Apede.

* El autor es exvicecanciller de Uruguay, miembro del Instituto de las Américas de la Universidad de Georgetown
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