• 01/02/2010 01:00

Medios: Nuevos objetivos, nuevos códigos

Lo más probable es que los números fríos dan cuenta de que las actividades criminales —en términos generales— han disminuido como asegur...

Lo más probable es que los números fríos dan cuenta de que las actividades criminales —en términos generales— han disminuido como asegura las autoridades. Hay un sentido de inseguridad que muchas voces en la última semana, a todos los niveles han tratado de minimizar, responsabilizando, particularmente a las televisoras, de contribuir directamente con que se mantenga esa impresión.

Comparto ese sentido de inseguridad en la cual algunos no creen. Testimonio 1: Hace unos meses, en uno de los modernos centros comerciales de la ciudad, una dama tuvo un breve contacto con una desconocida con acento extranjero que le consultó sobre una pieza de ropa. Minutos después, se sintió indispuesta; una sensación de mareo y desmayo la embargó y recurrió a un establecimiento de refrescos. Solicitó un vaso con agua y rodeada de mucha gente, pasó la sensación unos 20 minutos después. Durante ese tiempo, pudo observar a la misma persona con que se había tropezado en el probador del almacén acompañada de un hombre. Repuesta y con sospecha, recorrió los pasillos del centro comercial y unas tres veces, observó a diferentes distancias a la pareja. Se armó de valor y los confrontó. Los extranjeros, duchos en estos menesteres, dieron vuelta a la situación con explicaciones vagas y confusas y rápidamente abandonaron el lugar, dando fin a una situación que hubiera podido ser determinantemente peligrosa para mi apreciada amiga.

Testimonio 2: Las calles en donde jugué durante mi infancia y durante mis años de juventud desmesurada, no me atrevo a transitarlas hoy, a ninguna hora. No es una sensación de inseguridad que experimento, la violencia es una realidad que se vive en los mismos barrios en donde una vez fui muy feliz; me hacen entender que en efecto, los tiempos han cambiado. ¿Qué tienen que ver los medios? Mucho, aglutinados en monopolios corporativos, conocen perfectamente su poder en la definición del marco social, político y económico.

Lo expuesto en ambos testimonios es producto de la degeneración social sostenida por la venta mediática de conductas delictivas —en todos los niveles sociales— que ofrecen una vida de mejores condiciones económicas envuelto en un halo romántico de atrevimiento e impunidad. Reto que están dispuestos a tomar los malandrines en los pasillos de “ mall ” o los maleantes en las calles de mi barrio. Los medios los han programado con los mismos códigos, a pesar de que unos tienen hambre y los otros llenura.

La Constitución de la República de Panamá señala en su articulo 89 que: “ Los medios de comunicación social son instrumentos de información, educación, recreación y difusión cultural y científica. Cuando sean usados para la publicidad o la difusión de propaganda, éstas no deben ser contrarias a la salud, la moral, la educación, formación cultural de la sociedad y la conciencia nacional. La Ley reglamentará su funcionamiento ”. Que alguien nos explique: ¿En dónde cabe la programación actual de las televisoras comerciales, con sus noticieros y telenovelas en este artículo?

Cuando la comisión McBride en 1980 publicó su muy discutido trabajo: “ Un solo Mundo, Voces múltiples ” ( Many voices, one World ), no tenía idea de que los monopolios informáticos de nuestros países, décadas después, promoverían tan abiertamente la destrucción social por el beneficio económico. El informe llamada a establecer “ Nuevas tareas sociales para los medios de comunicación ” y a “ Aminorar los desequilibrios y desigualdades, así como las distorsiones, que se producen en el momento de la difusión de la información ”.

Una sociedad en franco desarrollo debe buscar en otras dimensiones del quehacer humano la fórmula para rescatarse del analfabetismo funcional, la mediocridad glorificada, la barbarie social, el bajo nivel cultural. Rescatarse del juegavivo y de la politiquería malsana, que mantiene a grandes sectores en clara desventaja ante las capas sociales elites que tienen los recursos económicos para su desarrollo integral. La conjugación de estos factores es lo que ha abonado la sensación de inseguridad que vivimos.

De una cosa estoy seguro, el daño está hecho y pasarán varias décadas antes de que podamos convivir en un Estado Social que minimice ese sentido de inseguridad. La reevaluación del papel de los medios en nuestro quehacer cotidiano, con nuevos objetivos y nuevos códigos es el primer paso para que podamos recorrer nuestras calles con tranquilidad. Los medios al servicio de la formación de la sociedad, es un camino seguro al desarrollo integral de la población.

*Comunicador social.ernestoholder@gmail.com

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