- 11/12/2015 01:01
Universidad, sociedad y mercado
El vocablo UNIVERSIDAD alude a UNIVERSALIDAD; este, a su vez, evoca a otra realidad, la de INCLUSIÓN; ¿incluir a quién? como dijo el papa Paulo VI en su encíclica Populorum progressio (1967) a ‘Todo el hombre y a todos los hombres ', o sea, ‘a todo el hombre ' referido al principio de integralidad y ‘a todos los hombres ' referido al principio de universalidad.
A nivel de la educación superior, en los últimos 25 años, la moda de las autoridades universitarias (y educativas en general) ha sido alinear a las universidades hacia los requerimientos del mercado, al margen de lo que la sociedad necesita, no a todo el hombre ni a todos los hombres.
Pero ¿qué significa que la educación superior se alinee con los requerimientos del mercado y no con los de la sociedad panameña?
En primer lugar, se parte del principio de que el objetivo principal de la formación de los profesionales es el mercado, es decir, aquello que pide el empresariado privado para satisfacer las necesidades de sus empresas, asumiendo que el interés de estas coincide con el de toda la sociedad.
Lo dicho antes, alude a atender la dimensión meramente instrumental de la educación. En tal eventualidad, es improbable alcanzar la INTEGRALIDAD de la formación de nuestros profesionales, que se plantea en los documentos y discursos de las autoridades del sector educativo en general. En consecuencia, estamos ante un doble discurso, por una parte se pide un profesional formado integralmente, pero por otra, se fomenta solo una educación instrumental.
Esto no solo corresponde a desarrollar carreras mal llamadas vocacionales y técnicas, que es lo que buscan las empresas que han invertido en el país históricamente, sino vaciar de contenido científico y humanístico todas las carreras.
Así, nos encontramos con ingenieros, arquitectos y administradores de negocios que no tienen la menor idea de cómo interactuar con las poblaciones de subculturas distintas a las de ellos, donde tienen que intervenir en proyectos importantes para las comunidades. O también, resulta en psicólogos, farmacéuticos, economistas, educadores, médicos, enfermeras y otros, que aprenden a seguir un protocolo de procedimientos (supuestamente el método científico), pero sin la noción epistemológica y sociológica que les permita innovar o adaptar sus conocimientos a situaciones humanas reales, con un sentido favorable a la promoción del bien común.
En segundo lugar, alinearse con el mercado plantea EXCLUSIÓN, lo contrario de la UNIVERSALIDAD, en tanto que descarta el fomento de carreras que las empresas no demandan y por lo tanto, de la promoción de jóvenes con talentos que podrían tener una función en la sociedad más allá de lo que exigen los agentes del mercado.
Por ejemplo, en Panamá se soslaya la promoción de carreras de bellas artes y de la creación literaria, pero en varios países nórdicos se ha demostrado que el desarrollo de estas disciplinas apuntalan la capacidad innovadora, útil en carreras de ingenierías, mismas que son las fomentadas por el mercado.
Y para qué hablar de las filosofías, de la lengua española o de la Física, la Química y las Matemáticas, además de la Antropología, la Historia y la Sociología, donde basta darse una vuelta por las aulas de estas escuelas para constatar el abandono institucional en que se encuentran, particularmente en la Universidad de Panamá, que es de las pocas que cuentan con ellas.
Obviamente, los guardianes del ‘mercado ' no entienden (o su perspectiva estrecha no se los permite) que, si se quiere ser un país económica y tecnológicamente innovador, primero hay que contar con una base científica que supone como mínimo a las disciplinas antes mencionadas.
La universalidad, mira a la inclusión de todas las carreras que tienen una utilidad para la sociedad y no únicamente para el mercado; que tienen un valor de uso para la realización de un proyecto de desarrollo de país. Ciertamente, para que esto ocurra, primero debe contarse con ese proyecto de desarrollo, lo que evidentemente no existe en Panamá. Las universidades públicas, empero, tienen aquí un papel relevante que no han cumplido: contribuir a delinear ese proyecto con carácter social inclusivo.
No obstante, en el caso particular de la Universidad de Panamá los que la han administrado en los últimos 10 años ya demostraron que son incapaces de hacerlo, haciéndose inminente la incursión de un movimiento renovador.
SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.