• 27/11/2023 00:00

Por un movimiento permanente

La mirada y el esfuerzo más puntual debe estar encaminada a un cambio estructural en la conducción política de la nación

Entre la entrega y la publicación de esta columna pueden ocurrir muchas cosas en el escenario nacional e internacional. Hago lo necesario para que las imprecisiones sean mínimas y la columna tenga algo de valor para los lectores en los días y semanas por venir. En ese sentido, en la coyuntura actual, los resultados a corto y mediano plazo son inciertas y es importante mirar las cosas con serenidad para no afectar las emociones patrióticas, idealistas y humanistas de los que han protestado con honestidad.

De acontecimientos recientes podemos aprender algo. En el 2011 hubo un movimiento en los Estados Unidos que cobró mucha fuerza. Apostados en las escaleras de la casa del poder mundial, Wall Street, el movimiento “Occupy Wall Street” fue una protesta que inició a mediados de septiembre en el centro del sistema financiero internacional en Nueva York y se intensificó hasta extenderse a unas doce ciudades estadounidenses. Esto provocó, después de casi tres semanas, la interrogante sobre si era un esfuerzo momentáneo o un verdadero movimiento para el cambio, como lo señaló en su momento el columnista del Hufftington Post, Peter Dreier.

Occupy Wall Street pudo reclamar triunfos significativos que la industria financiera observaba con cuidado. El Banco OneWest, el más grande en el sur del estado de California y Fannie Mae, una empresa de financiamiento inmobiliario financiado por el gobierno, tuvieron que detener una orden de lanzamiento inmobiliario contra la trabajadora Rose Gudiel, como resultado de una “brillante ejecución de protesta” de los manifestantes con apoyo de activistas sindicales y comunitarios.

Como señaló Dreier en su artículo, Occupy Wall Street conjuntamente con grupos comunitarios y sindicatos, pudieran capitalizar el impulso actual del movimiento a nivel nacional, para oponer los embargos hipotecarios y los lanzamientos. También, pudieran “inyectar el tema de la crisis de los embargos (foreclosures) y la culpabilidad de la industria bancaria en el tema de la recesión actual y en la presente campaña electoral”.

Sobre Occupy Wall Street, Noam Chomsky manifestó que “cualquier persona con ojos sabe que el gansterismo de las instituciones financieras en Wall Street, ha causado daños severos al pueblo de los Estados Unidos (y del mundo). Y deberán saber que lo han estado causando de manera sostenida durante los últimos treinta años, a medida que su poder económico ha crecido radicalmente, así como su poder político. Eso ha puesto en movimiento un círculo vicioso que ha concentrado inmensas riquezas y poder político en un pequeño sector de la población, un 1 por ciento, mientras el resto de la población busca sobrevivir en precarias condiciones”.

En noviembre de 2021, James A. Anderson publicó en la sección de negocios de la revista Time, un artículo titulado: “Some Say Occupy Wall Street Did Nothing. It Changed Us More Than We Think” (Algunos dicen que Occupy Wall Street no hizo nada. Nos cambió más de lo que pensamos). En ese escrito, Anderson se refirió al libro El fin de la protesta del editor de la revista activista Adbusters, Micah White, publicado en el 2016.

En ese libro, White escribió que: “una evaluación honesta revela que Occupy Wall Street no logró estar a la altura de su potencial revolucionario: no pusimos fin a la influencia del dinero en la democracia, ni derrocamos la corporatocracia del 1 por ciento, ni resolvimos la desigualdad de ingresos”.

Concluyó calificando a Occupy como “un fracaso constructivo porque el movimiento reveló fallas subyacentes en las teorías dominantes y aún prevalecientes sobre cómo lograr el cambio social a través de la acción colectiva”.

Si el objetivo principal es “un Panamá Verde” debo recordarles que aún las áreas contaminadas por los Estados Unidos en las riberas del Canal por explosivos no detonados y otros tipos de municiones no han sido saneadas después de muchas décadas. Una vez el tema de la Minería alcance algún acuerdo, lo más probable es que pasen años, o décadas antes de que la naturaleza vuelva a la normalidad.

Mientras tanto, es importante que la ciudadanía no deje caer las presiones por el bien y el futuro del país y las generaciones que vendrán. La mirada y el esfuerzo más puntual debe estar encaminada a un cambio estructural en la conducción política de la nación y por consiguiente en los asuntos del Estado Panameño: Un cambio político y social. A seis meses de las elecciones, el esfuerzo por adecentar el país no debe desfallecer.

Comunicador
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