Uno de los puntos clave mencionados fue la interacción de la APA con otras carteras del Estado para garantizar que los procedimientos se realicen en regla...
- 04/12/2014 01:00
Murió Espíritu Santo Córdoba Domínguez
‘¡Los santeños son como los gallegos!’, así exclamaba mi dulce suegra Lucía. ¿Y, por qué? Bueno, porque ellos pueden caminar hasta la luna y allá piensan que también es Galicia. Espíritu que entregó su alma al Creador en la mañana del 11/26/2014, llegó de Los Santos a Villa Rosario en 1935 junto con sus ocho hermanos: Narciso, Rosa, Ruperto, José, Domiciano, Francisco, Tinita y Gerardo.
De Llano Afuera de Las Tablas partió hacia Capira, la familia entera hasta con los aparejos completos de sus dos caballos: Pata de Plomo y Maravilla. Don Gerardo Córdoba padre, cabeza de la progenie, fue atraído como varias familias interioranas y capitalinas por el proyecto comunal del estadista Harmodio Arias M., que decidió fundar colonias de trabajadores integrando gentes del campo y la ciudad en las montañas del indio Capireja, preocupado por la terminación de las obras de nuestro canal, la gran depresión norteamericana y la primera huelga inquilinaria en Panamá.
Espíritu fue el más especial de sus paisanos. Ellos pusieron los primeros trapiches a los bordes de los ríos Perequeté, San José, Cacao, Caimito y Capira. Acá en la colonia la educación fue el ejemplo de trabajo, todo se impregnaba de molienda y a tortilla con carne asada desde el alba y por cualquier mandado urgente se visualizaba a Espíritu galopando a pelo, cubriendo como un rayo el kilómetro que separa la colonia de la panadería Montecer. El legado de Espíritu se reduce al amor y a la humildad que le dispensaba a uno en todo momento. Su ‘colín’ era un machete único que nunca amoló por respeto a su maña y fortaleza y porque terminaba las faenas de primero.
Espíritu, para beneplácito de los que lo tratamos y escuchamos a nuestros padres contar sus cosas, nos duró bastante, pues todos dábamos como un hecho fatal que no soportaría la malaria que mató a siete de sus paisanos santeños del distrito aquella vez que se fueron de peones a la Isla de las Perlas en la década de 1970. Espíritu fue el único sobreviviente y duró por muchos años con la palidez que pinta el anófeles hasta que la superó, recuperando su color y vivacidad, solo porque Dios lo quería, aunque viejo dispuesto, que aún en su lecho de muerte invitaba muy quedo a aparejar a los caballos muertos hace tiempo, porque había que moler caña, ¡Carajo!
*ESCRITOR COSTUMBRISTA.