• 30/05/2019 02:03

Almagro busca reelección en la OEA

‘[...] necesita 18 (votos) para ser elegido. [...] En Suramérica tiene siete votos. En Centroamérica tiene cinco. En Norteamérica tiene dos y en el Caribe tres más. Le faltan votos. ¿Qué le diría Evo? [...]'

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, ha decepcionado a los pueblos de la región, incluso en EE.UU. Ha adoptado las peores causas, en su afán de proyectarse como político capaz de servirle a las autoridades norteamericanas. Mientras visitaba Bolivia, en días pasados, se le ocurrió decir que la invasión militar norteamericana a Panamá, en 1989, fue una ‘intervención'.

La decisión del entonces presidente Bush (padre) y su lugarteniente, general Colin Powell, tuvo un precio altísimo en vidas humanas. La herida sigue abierta y EE.UU. nunca ha mostrado interés en cerrarla. Almagro sabe que la OEA, por una amplia mayoría de sus miembros, condenó a EE.UU. por desconocer la soberanía de Panamá y por declarar la ‘guerra total' contra un país sin ejército, ni aviación capaz de enfrentar los bombardeos norteamericanos. Igualmente, la ONU repudió las acciones militares de EE.UU. que causaron más de mil muertos. Además, desde entonces, Panamá se ha visto obligada a someterse a toda clase de presiones de Washington: políticas, económicas e, incluso, culturales.

Solo 25 años antes —en 1964— tropas norteamericanas atacaron a estudiantes que protestaban su presencia en el país, matando a 23 jóvenes. Mientras que los estudiantes lanzaban piedras y colocaban la bandera nacional en lugares estratégicos, los soldados norteamericanos, respaldados por tanques y armas de alto calibre, disparaban contra los jóvenes patriotas. Un general norteamericano describió la escena desde su cómodo palco de comando como ‘una cacería de patos'.

En esa oportunidad, la OEA no condenó a EE.UU. que se refugió bajo el falso manto de la ‘defensa propia'. Las mejores mentes jurídicas de América Latina condenaron a la OEA por ser tan pusilánime. La mejor defensa vino de los pueblos de todo el mundo que se solidarizaron con Panamá. Solidaridad que supo manejar muy bien el general Torrijos pocos años después para negociar un tratado con EE.UU. que significó la evacuación de todas las bases militares de ese país en Panamá, la desaparición de la colonia llamada Zona del Canal y la entrega del Canal.

Si en 1964 el pueblo panameño recuperó su hegemonía —su proyecto de nación— frente a la ocupación y humillación de EE.UU. —en 1989 la volvió a perder bajo el bombardeo norteamericano.

El pueblo panameño sigue traumatizado por el recuerdo de las ruinas de El Chorrillo que dejó la invasión. Generación tras generación le traspasa la imagen del sufrimiento ante un agresor insensible y cruel. El señor Almagro llamó esa derrota una ‘intervención' que supuestamente tenía como objetivo restaurar la democracia en Panamá. El señor Almagro no tiene por qué ser un experto en historia universal, tampoco en la historia de Panamá. Pero sí tiene que ser un conocedor de la historia de América Latina y sus relaciones con EE.UU. para ser secretario general de la OEA. Él sabe que cuando EE.UU. invade un país —en América Latina o en cualquier otra región del mundo— no es para mejorar las condiciones de vida de sus pueblos. Tampoco tiene interés en instaurar Gobiernos democráticos. En el breve siglo XXI, los golpes se inauguraron en Honduras (2007), siguieron en Paraguay (2012) y Brasil (2017). Para el señor Almagro solo fueron ‘intervenciones' para restaurar la democracia. ¿Cómo calificaría la fracasada invasión de Cuba en 1961, la ‘contra' en Nicaragua (década de 1980) y el golpe fallido en Venezuela en 2002?

La historia no recordará al señor Almagro. Sin embargo, la historia sí recordará el heroísmo del pueblo venezolano que resiste los ataques irracionales por parte de tres presidentes de EE.UU. Todos han dicho que las reservas de petróleo más grandes del mundo son de ese país. El secretario de Estado, Mike Pompeo, declaró que, una vez eliminado el presidente Nicolás Maduro, entrarían las compañías norteamericanas a extraer el oro negro de las entrañas de la patria bolivariana. Así restaura la democracia EE.UU.

Pero ¿qué hacía Almagro en Bolivia? Buscaba el voto del presidente Evo Morales en las próximas elecciones para secretario general de la OEA. En la OEA hay 34 países con derecho a voto. Almagro necesita 18 para ser elegido. EE.UU. ha reunido 17 votos. En Suramérica tiene siete votos. En Centroamérica tiene cinco. En Norteamérica tiene dos y en el Caribe tres más. Le faltan votos. ¿Qué le diría Evo? ¿Qué autoridad moral tiene Almagro para pedirle el voto a cualquier país?

PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.

‘Mientras visitaba Bolivia, en días pasados, se le ocurrió decir que la invasión militar norteamericana a Panamá, en 1989, fue una ‘intervención'...'

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