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El discurso pronunciado por Antonio Guterrez, secretario general de las Naciones Unidas (ONU), en la inauguración de la 81.ª Sesión General el pasado martes 22 de septiembre de 2026, es un serio llamado a la reflexión sobre el camino que lleva la humanidad al inicio de este segundo cuarto del siglo XXI. Antes de hacer algunas referencias a lo expuesto por el secretario general Guterrez, recordemos que, en septiembre del año 2000, se celebró en Nueva York la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas en donde 189 líderes mundiales acordaron ocho objetivos del milenio (ODM) con sus metas medibles. Estos fueron: 1– Erradicar la pobreza extrema; 2- Lograr la enseñanza primaria universal, 3- Promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, 4 – Reducir la mortandad infantil, 5- Mejorar la salud materna, 6- Combatir el VIH/SIDA, paludismo y otras enfermedades, 7- Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y, 8- Fomentar una alianza mundial para el desarrollo. El plazo acordado era para el año 2015.
El entones secretario general de la ONU, Kofi Annan, puntualizó lo siguiente: “creo que la misión de las Naciones Unidas en el siglo XXI, será definida por un nuevo y más profundo entendimiento sobre la santidad y dignidad de cada vida humana, independientemente de su raza o religión”.
En la 65.ª sesión de la ONU en el año 2010, su secretario general, Ban Ki-moon, advirtió que “...en el mundo crecen las inequidades entre naciones y dentro de ellas, se exacerban las políticas de polarización, y aumenta el lenguaje del odio y falsas divisiones”. También solicitó a los 192 integrantes de la ONU “convertir en realidad las promesas de erradicar la pobreza, combatir el cambio climático, eliminar las armas nucleares y promover la igualdad de género”.
Sobre los objetivos del Milenio, la ONU público lo siguiente: “...los resultados fueron desiguales. Algunas de las poblaciones más pobres y vulnerables se beneficiaron mucho menos de lo que sugieren las medias globales. Persistieron brechas importantes en: mortalidad materna, educación primaria universal, igualdad de género, en particular el poder político y económico de las mujeres, saneamiento, empleo decente, hambre y nutrición, acceso a medicamentos esenciales, desigualdad entre y dentro de los países. Por ello, la ONU describió los ODM como un logro importante pero una agenda inconclusa. La experiencia se convirtió en la base de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados en septiembre de 2015, que ampliaron la agenda de ocho objetivos a 17 objetivos y 169 metas”. Quisiera pensar que con el paso del tiempo y con el concurso de todas las naciones compartiendo objetivos generales de desarrollo para mejorar la condición humana; trabajando afanosamente para elevarla en el tiempo a un área de seguridad que garantice su presencia a largo plazo, los resultados serían mejores. El discurso de apertura del secretario general Guterrez, no deja de ser un relato desalentador y un claro llamado de atención sobre los desafíos que ponen en peligro la seguridad de todos.
Inició su discurso diciendo: “Las fracturas de nuestro mundo se están agrandando. Las grietas se han convertido en abismos. En la última década, estallaron guerras con consecuencias devastadoras que se prolongaron con una crueldad atroz. Se tomó de blanco a la población civil. Se pisotearon los derechos humanos. Se utilizó el hambre como arma. Se asesinó a trabajadores humanitarios. Se dejó de lado el derecho internacional. Las divisiones geopolíticas se han agudizado. Las desigualdades se han intensificado. La confianza se ha resquebrajado. La crisis climática pasó de ser una advertencia lejana a una realidad cotidiana. Y la inteligencia artificial (IA) avanzó a una velocidad que tomó por sorpresa incluso a quienes la crearon. No se trata de crisis aisladas. Son capítulos de una misma historia. La historia del poder: quién lo posee, a quién se le niega, cómo se ejerce y cómo está cambiando”.
Este inicio del discurso es una clara advertencia del peligro en que nos encontramos, pero también precisó que “la guerra, la desigualdad en todas sus formas, la crisis climática y la inteligencia artificial”, son los cuatro desafíos más importantes para el futuro que “ para superarlos, reclamó un “multilateralismo más representativo capaz de someter al poder a las reglas y al derecho internacional”.
Antonio Guterrez culmina su gestión el próximo 31 de diciembre para darle paso a un nuevo liderando al frente de la ONU, una gestión que tiene grandes desafíos ante las amenazas que ha puntualizado el secretario general saliente. Para los que creemos en la labor de la ONU alrededor del mundo, en especial en las áreas en donde viven las poblaciones vulnerables y con menos posibilidades de desarrollo sostenible, la nueva administración debe luchar por consolidar la gestión de una organización eficiente y proactiva que enfrente, decididamente, las fuerzas que la amenazan y trabajan para su desintegración.