• 08/07/2015 02:00

El origen de la corrupción

Panamá es una sociedad que se sabe enferma, pero que se muestra incapaz de tomar medida alguna para curarse. Año tras año, la corrupción...

Panamá es una sociedad que se sabe enferma, pero que se muestra incapaz de tomar medida alguna para curarse. Año tras año, la corrupción se extiende cada vez más, diseminándose por todo el cuerpo social, amenazando con corroer los cimientos mismos de la nación hasta aniquilarla completamente. Pareciera aparente que urge encontrar la manera de detener la epidemia corruptora antes de que sea demasiado tarde; pero, ante el paradójico inmovilismo ciudadano, surge la interrogante de por qué no estamos intentándolo.

Una posible respuesta es que no comprendemos enteramente qué es la corrupción, reduciéndola a alguna de sus manifestaciones sin identificar su origen. La corrupción no es solamente el mal uso de los fondos públicos o privados, la violación de las leyes o la moral, o el engaño o coacción de otros. No. Corrupción es la usurpación ilegítima del poder.

Una comunidad política nace de la voluntad de su pueblo, quien como soberano la instituye, con el fin de alcanzar un bien común. Ese pueblo le delega, pero nunca entrega, un poder a autoridades, elegidas o designadas, para obedecer su mandato popular en pos de ese bien común. La corrupción se manifiesta cuando estas autoridades, desconociendo el origen de su poder, se niegan a obedecer la voluntad de su pueblo, tornándose despóticas y obrando por su propio interés egoísta y excluyente.

A partir de la forma como usurpan el poder las elites, se establecen desde arriba patrones de comportamientos corruptos, que le imponen a todo aquel que busque sobrevivir y ascender socialmente la necesidad de subordinarse a esos patrones, terminando todos por buscar y utilizar el poder solo para el bien propio sin importar nada o nadie más. Propagándose la corrupción en la comunidad, ahora todo vale para obtener poder: desde robar, mentir, y matar, hasta explotar, depredar y exterminar.

El origen de la corrupción, la usurpación del poder en desconocimiento de su origen, se manifiesta en todas los espacios de la sociedad, incluyendo los órganos del Estado, partidos políticos, empresas, universidades, oenegés, iglesias y hogares, diseminándose sistemáticamente hasta infectar y corroer el alma misma del pueblo, destruyendo el tejido que permite relacionarnos como comunidad y definirnos como nación.

¿Será solo la ignorancia del origen de la corrupción lo que no nos permite combatirla, o será que aquellos que tienen el poder para extirparla no desean hacerlo, precisamente por asentarse su poder en el sostenimiento de la corrupción? Es corrompiendo los centros de toma de decisión que las elites políticas y económicas adquieren su poder, y es corrompiendo al resto de la sociedad que logran mantenerlo. Las elites nunca atentarán contra el origen mismo de su poder, que es a la vez el origen de la corrupción.

Derrotar la epidemia exige comprometernos con la refundación de la Patria, en pos de consolidar un nuevo pacto social, fundamentado en el principio de solidaridad con el Otro, donde procuremos el bien de todos y no solo el propio a costa de los demás, con el poder permanentemente en manos de su único legítimo soberano: el pueblo panameño.

En el poder de nosotros, los ciudadanos, está la esperanza de detener la epidemia, antes de que sea demasiado tarde, y ya no exista siquiera un Panamá por refundar, sino solo un cadáver por enterrar.

POLITÓLOGO

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