Irene Orillac de Simone, presidenta de la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC), analiza el impacto de las tasas de interés en el acceso a la vivienda,...
- 02/03/2010 01:00
Y ahora que pague el pueblo
Durante los últimos días y por las próximas semanas los medios de comunicación tendrán la presencia de innumerables funcionarios explicando a la ciudadanía las bondades de la nueva reforma fiscal. Vender lo bueno de aumentar impuestos es como vender las bondades de la muerte. Nadie quiere pagar más impuestos, menos en un país donde la norma es el despilfarro, viajes excesivos de funcionarios, sobrepoblación de empleados estatales y excesiva burocracia.
Completando la dificultad de la tarea de justificar los nuevos impuestos está la campaña equivocada que ha iniciado el gobierno en su promoción. Primero hay que entender que el pueblo espera soluciones, está cansado de promesas. Las tres tareas principales prometidas están hasta ahora sin lograrse, mejorar el transporte, bajar la canasta básica, mejorar la seguridad ciudadana. El gobierno se jacta de logros en intento, más no en ejecución: los 100 a los 70 arrojan ya un retraso en los pagos, la energía eléctrica no bajó, la solución de Curundú está en inicio de ejecución, su primer empleo no cuajó, los millonarios que entraron limpios siguen libres.
El doctor Mario Galindo tenía, no sé si aún, un letrero en su oficina que rezaba: “ Dice San Andrés que el que tiene cara de tonto lo es ”. Estoy por creer que los actuales funcionarios de gobierno nos han visto cara de tontos, al menos al oír sus alegatos a favor de las reformas. Nos sostienen sin desparpajo que gracias a lo que recogerán con los aumentos, se mantendrá el subsidio de gas de cocinas, se podrá mantener los intereses preferenciales, se mantiene el subsidio en la energía eléctrica y todo eso suma no sé cuantos millones. Lo que no dicen es que SIN esos aumentos, con los gobiernos anteriores ya tenía el pueblo el subsidio de gas, electricidad y de intereses preferenciales. O sea, los nuevos impuestos no serán para eso.
Luego está la argumentación de la mejor distribución de riqueza. Con el cuento que el que más gaste más pagará, asumen que los ricos pagarán más. Proporciones guardadas, el aumentos a los gastos del pobre serán mucho mayor que los incrementos a los ricos. Una verdadera reforma hubiese sido no aumentar impuestos de ITBMS ni impuestos que afecten a la clase media, pero aumentar en justicias a bancos, aseguradoras, inmobiliarias, empresas en Zona Libre de Colón, petroleras y a esas empresas y actividades que han generado millones en utilidades pagando muy poco en aporte al Fisco. No hay que ser un experto economista para saber dónde y cómo se han generado millones en utilidades en nuestro país, actividades que al final pagaban impuestos muy por debajo a lo que pagarían en otros países.
La actual reforma sigue el patrón de siempre: hecha por defensores de las clases económicas más poderosas y buscando afectar lo mínimo a la gran empresa. Quizás es hora de que en lugar de encarecer la vida de las clases media y baja, afectemos las grandes utilidades de las empresas. Aceptar el pueblo un alza de 5% a 7% del ITBMS, cuando el impuesto de utilidades de la Zona Libre es ridículo, los bancos ganan decenas de millones de balboas y pagan muy por debajo a las demás empresas, millones se han ganado especuladores con la energía eléctrica, gasolina y tantas otras actividades con muy poco aporte al Estado. El pueblo jamás la aprobaría en un referéndum, quizás finalmente los diputados actúen en su defensa.
*Ingeniero y analista político.marognoni@cwpanama.net