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- 06/07/2018 02:03
Sobre el estudio de la historia en Panamá
Hace poco leía en un diario de la localidad que la escuela de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, se estaba quedando sin estudiantes, sumado a ello, se informaba que desde hace dos años no se graduaba ningún joven en esta especialidad.
Esto parece ser el resultado de un país que ha venido transitando en los últimos decenios al margen del conocimiento histórico. Tal aseveración se puede constatar en distintos hechos, algunos de los cuales consisten en que: durante el año se conmemoran pocas efemérides históricas a nivel nacional, la disminución de la lectura literaria, inclusive, son pocas las librerías que existen en el país, la cultura transnacional que se viene imponiendo en Panamá, en ocasiones por encima de lo autóctono, y el poco valor o desconocimiento que se tiene de grandes hombres y mujeres que contribuyeron a forjar las bases de nuestra nacionalidad.
¿Qué podríamos esperar?, en un país donde las tumbas de próceres como: Don Justo Arosemena y Victoriano Lorenzo, se encuentran en total abandono en el cementerio Amador, y las escuelas, universidades e instituciones, no se motivan a remozarlas y darles el decoro que se merecen. Panamá, tiene igualmente la particularidad que cuando han fallecido intelectuales de singular prestigio académico no se les da el reconocimiento debido en los medios de comunicación, salvo excepciones, y menos en la sociedad, ese fue el caso de los doctores, César de León, historiador, Diógenes Cedeño Cenci, filólogo, y Alberto Mckay geógrafo, quienes fueron autores de valiosas obras, por citar unos nombres.
La globalización económica que avanza a pasos acelerados en todos los países del mundo, impone un modelo capitalista de vida comercial, bancaria y mercantil, fundamentada en los negocios, la competitividad y la riqueza individual excluyente, muy distante de los valores éticos, morales y humanos en general que debe imperar en una sociedad. Bajo este esquema, los teóricos del mundo globalizado y del neoliberalismo, plantean la irrelevancia de lo histórico, porque según ellos, vivimos en un conglomerado sin fronteras económicas que rebasa el concepto moderno de nacionalidad.
Esa deshumanización efectuada por el gran capital, aparte de las políticas ineficientes y descontextualizadas de los regentes de la educación nacional, ha hecho que muchos jóvenes opten por estudiar carreras comerciales, y técnicas, propias del sistema económico, y no así, disciplinas de orden humanístico, como es el caso de la historia.
Ante este panorama, estimamos, como algo sustancial que los padres de familia desde muy temprano les hablen a sus hijos sobre civismo, nacionalidad y aspectos relevantes de nuestra historia. Igual puede suceder en los planteles educativos, que deberían elaborar un calendario de natalicios y efemérides (sé que en muchos centros de enseñanza lo confeccionan), donde se motiven a los estudiantes a hacer murales, conferencias y obras teatrales, por ejemplo, sobre: La Tajada de Sandía, la Guerra de los Mil Días y los hechos ocurridos el 9 de enero de 1964, que incentivan el pensamiento reflexivo y crítico de los educandos. Es preciso enfatizar, que el estudio de la historia no tiene que ver solo con lo nacional, sino también, con toda la evolución social de la humanidad desde la antigüedad, hasta el presente, lo cual es importante para edificar el mundo actual y futuro.
Un tema que guarda relación, y que a nuestro criterio no contribuye a incentivar el interés por lo histórico, consiste, en que hemos tenido la costumbre por décadas de denominar de manera exclusiva el mes de noviembre, como el ‘Mes de la Patria', lo que parece indicar, que los otros meses no lo fueran. Debemos fortalecer la idea en los estudiantes y la población, que todos los meses deben ser considerados como patrios, porque en cada uno se registraron gestas de trascendencia que no pueden ser olvidadas. En igual sentido, cuestionamos esa limitación que se ha impuesto en restringir, solo al mes de noviembre, el uso de los símbolos patrios, tanto en edificaciones, comercios, avenidas etc. y a nivel individual. En países que he podido visitar del continente, esta prohibición no existe, y sus banderas flamean sin mayor condición durante todos los meses del año, siendo respetada por nacionales y extranjeros.
Podemos resumir diciendo, que la historia desempeña un rol de primer orden en la sociedad, porque permite preservar la memoria histórica de la Nación, a la vez, que cumple una función patriótica, en cuanto al fortalecimiento de nuestra identidad y cimenta nuestros valores cívicos. Una Nación donde la historia no tiene un rol relevante, su población tiende a disminuir su patriotismo y el estudio de su pasado, al igual que su espíritu de lucha frente a las injusticias sociales, porque no se tiene conciencia del proceso que conllevó la construcción de las instituciones y la lucha por conquistar los derechos fundamentales que gozan los ciudadanos.
ABOGADO - HISTORIADOR