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Agrega La Estrella en Google ↗️Frente al desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) y sus aplicaciones, vale la pena preguntarse sobre cuál es la actual situación de nuestro país en relación al mismo, así como las consecuencias de esta posición hacia el futuro. En lo que sigue del presente artículo se busca dar una algunos elementos dirigidos a responder a esa importante interrogante.
Panamá con un ingreso nacional bruto por persona de aproximadamente 41,405 dólares internacionales (PPP) en el 2025, es considerado por el Banco Mundial como un país de altos ingresos. Más aún, según algunas fuentes es el de más altos niveles de ingresos en América Latina.
Esta situación, no solo contrasta con la relativa débil situación que ocupa Panamá en el Índice Latinoamericano de IA desarrollo por la Cepal. En la publicación de 2025 de este índice, que es la última que está disponible, Panamá apenas ocupa el puesto 11 en el conjunto de los países latinoamericanos. Para tener una idea más exacta de la situación de Panamá, se puede señalar que el valor del Índice que ahora analizamos alcanza en nuestro país un valor inferior en 44.8% al correspondiente a Chile.
Mientras que Chile, Brasil y Uruguay son considerados en el Índice Latinoamericano de IA como países pioneros, Panamá es calificado en la segunda categoría del mismo como un país adoptante. En la definición de los países adoptantes se destacan las siguientes características: “muchos de estos países cuentan con cierto nivel de infraestructura y avances en talentos humanos, aunque con una comunidad y de innovación más incipiente que requieren de esfuerzos más grandes para potenciar su madurez”.
Un problema relacionado con lo anterior se refiere a la potencia del país en el ámbito de la innovación. En este caso vale la pena señalar que en el Global Innovation Index de la WIPO del 2025, Panamá apenas ocupa el puesto 82 del total de los países incluidos en este índice global. En realidad, esto significa una falta de capacidad empresarial en el país, si se tiene en cuenta la visión de Schumpeter, para quien un empresario es aquel agente económico capaz de generar innovación.
Una mayor comprensión de la situación de nuestro país se logra si se tiene en cuenta que Panamá logra, en el caso del indicador “productos de conocimientos y tecnológicos”, de apenas 15.20, el cual resulta muy alejado del promedio de los países de altos niveles de ingreso que es de 33.95.
A esto se debe agregar que de acuerdo a las estadísticas incluidas en el Global Innovation Index de la WIPO del 2025, los gastos en Investigación y Desarrollo en nuestro país solo alcanzan al 0.13 del PIB. Esto contrasta, por ejemplo, con Brasil que gasta el 1.19%. En todo caso lo importante aquí es que todo esto muestra claramente el alto nivel de dependencia de nuestro país en el plano tecnológico y más específicamente en el campo de la IA.
En el campo de la tecnología de la IA la dependencia es prácticamente absoluta. Por ejemplo, en el caso de software y servicios en la nube nuestro país depende de empresas norteamericanas en un rango de entre 75% y 80%. Es importante destacar que la dependencia tecnológica a nivel de la IA tiene una característica especial, en la medida que se trata de una que vincula a grandes empresas con un más que notable poder oligopólico, fundado tanto en su potencia financiera, como en su capacidad de adquirir las empresas más pequeñas que generan innovaciones en el campo de la IA. El resultado de esto es que los países dependientes deben perder parte de su excedente económico, el que es apropiado como renta monopólica por las grandes empresas tecnológicas.
La naturaleza de la tecnología de la IA generada por las grandes empresas tecnológicas tiene una naturaleza que genera un grave problema socioeconómico. Estas, como lo han señalado Acemoglu y Jhonson (ganadores del Premio Nobel de Economía en 2024) en su libro Poder y Progreso (2023), se guía al ahorro de fuerza de trabajo y no a la potenciación de la calidad de las acciones del trabajo.
Esto representa un gran reto para un país en el que el desempleo y la informalidad son el problema central del país, los que además son tecnológicamente dependientes. En Panamá, solo sumando a los desocupados con los informales de las ocupaciones no agrícolas, se tiene un total equivalente al 46.1% de la Población Económicamente Activa (PEA) en condiciones de precariedad. Si se agregan los problemas de las actividades agrícolas, se puede afirmar que más de la mitad de la PEA se encuentra en precariedad. A final de cuentas nuestro país está frente al importante reto de la IA. Enfrentarlo implica prepararnos adecuadamente, son un sentido de soberanía, justicia social y respeto al medio ambiente.