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Agrega La Estrella en Google ↗️Con una gran ceremonia el pasado 18 de junio de 2026, fue inaugurado el Centro Presidencial del expresidente de los Estados Unidos Barack Obama. Al evento asistieron otros tres expresidentes con sus esposas: Bill y Hillary Clinton, George W. y Laura Bush, y Joe y Jill Biden.
En el reportaje firmado por Michael Kimmelma, publicado el 2 de junio en el New York Times, Kimmelma señaló que: “El centro llega tras años de planificación, 850 millones de dólares en recaudación de fondos privados, episodios de rechazo por parte de la comunidad y miradas de incredulidad ante el glamuroso, sombrío e impenitente “Obamalisk” de 225 pies de altura”. El Centro abrió al público el 19 de junio y por el momento, las entradas se han agotado hasta, aproximadamente, este fin de año 2026.
La información histórica señala que en los Estados Unidos fue el presidente Franklyn Delano Rouslvelt (FDR), el primero en crear una Biblioteca Presidencial. En 1939, Roosevelt anunció que donaría sus documentos presidenciales y una parte de su propiedad en Hyde Park, Nueva York, al gobierno federal. “Antes de Roosevelt, los documentos presidenciales se consideraban generalmente propiedad privada de los expresidentes o sus familias. Como consecuencia, muchos documentos históricos importantes se perdieron, dispersaron o resultaron difíciles de consultar para los investigadores”. En 1941 la primera biblioteca presidencial abrió sus puertas, administrada por lo que hoy es la Administración Nacional de Archivos y Registros (NARA). Cada presidente desde FDR ha fundado su Biblioteca Presidencial en su ciudad y estado de origen.
El recién inaugurado Centro Presidencial Obama cambio el modelo. Según el portal: “...es un museo, biblioteca, centro educativo y espacio cívico dedicado a preservar el legado de Barack Obama, el 44.º presidente de Estados Unidos. Ubicado en Jackson Park, Chicago, fue creado para fomentar la participación cívica, el liderazgo y el servicio comunitario, más que para simplemente albergar los archivos presidenciales. El Centro incluye un museo, una sucursal de la biblioteca pública, jardines, aulas y espacios para programas educativos y eventos públicos. Administrado por la Fundación Obama, invita a los visitantes a aprender sobre democracia, servicio público y ciudadanía activa, a la vez que reflexionan sobre la presidencia de Obama y su impacto en la sociedad estadounidense y en el mundo”. La idea es que otros estudien esa época y sus personajes, desde cualquier perspectiva, cosa que es bien difícil en nuestros países en donde no se protege y se pone a disposición abiertamente los documentos para que eso sea posible.
No hay que ser la primera potencia mundial para construir espacios como este, ni un país de los llamados desarrollados. He visitado centros de investigación, museos, archivos y otras combinaciones de esfuerzos en países que solo cuenta con el interés de proteger su legado histórico con fondos públicos, privados o una combinación de ambos.
Tengan presente que solo estamos mencionando las bibliotecas presidenciales y el nuevo centro Obama. También existe la sede principal de Los Archivos Nacionales, la Biblioteca del Congreso y una gran variedad de archivos a lo largo y ancho de los Estados Unidos, algunos especializados en el cuidado y la protección de archivos audiovisuales como el National Audiovisual Conservation Center, también conocido como el Packard Campus for Audiovisual Preservation, ubicado en Culpeper, Estado de Virginia. “Las colecciones incluyen más de seis millones de artículos, desde las primeras películas y grabaciones en cilindros de cera hasta los medios digitales modernos. Las instalaciones están equipadas para preservar prácticamente todos los formatos audiovisuales jamás creados, incluidas las tecnologías obsoletas de grabación de audio, vídeo y cine”.
Si se erizan por lo que se invirtió en el Centro Obama, $850 millones, les recuerdo que se estima que mucho más de eso ha desaparecido de las arcas del Estado durante los últimos 20 años, mucho más. La idea no es crear instituciones parecidas por todo el país, se trata de darle sentido a lo que tenemos y traerlo al siglo XXI.
Para que la historia de nuestro pequeño país, lugar de tránsito, no se pierda en el tiempo, hay que cuidar con seriedad la documentación que ya existe y la que se va generando. Deben adecuarse las políticas y/o programas de rescate, preservación y protección de nuestra memoria histórica. Preservar los testimonios de los actores que ayuden a contar la historia, particularmente en este tiempo de Inteligencia Artificial y de publicidad desmesurada en donde cada gestión gubernamental se promueve con bombos y platillos para salvar su reputación, pero a la vez, desechando evidencias históricas de valor que ayuden a contar la realidad de sus ejecutorias.
La modernización de los programas de protección y preservación de documentos, en parte, garantizará el conocimiento futuro de la lucha por la supervivencia de las sociedades de estos tiempos, sus triunfos y sus fracasos.