• 15/08/2026 00:00

‘Panamá: una nación de empresarios, no solo de empleados’

Durante décadas nos enseñaron que el éxito consistía en estudiar y conseguir un buen empleo, ascender y jubilarnos. Este es un camino digno, el cual continuará siendo indispensable para el desarrollo de cualquier país. Sin embargo, en Panamá necesitamos aspirar a mucho más. Necesitamos una cultura que también forme empresarios, innovadores, inversionistas, artistas, deportistas y generar nuevas riquezas.

No se trata de restarle valor a la generación de empleo, sino de comprender que una economía sólida requiere ciudadanos capaces de generar y desarrollar actividades, empresas, desarrollar industrias, crear tecnología, abrir mercados internacionales, deportistas, artistas y producir oportunidades para otros.

Una de las grandes diferencias entre las economías más prósperas del mundo y aquellas que luchan por crecer no radica únicamente en sus recursos naturales que poseen, sino en la cantidad de personas que se atreven a emprender, desarrollar actividades empresariales, asumir riesgos y transformar ideas en empresas sostenibles.

La necesidad ha impulsado algunos de los mayores avances de la humanidad. Como suele decirse: “La necesidad es la madre de la creatividad.” Sin embargo, también debemos recordar que, cuando una sociedad no ofrece oportunidades, esa misma necesidad puede convertirse en “el padre de la desesperación, de la frustración e incluso de la maldad”. Allí radica la enorme responsabilidad de un país: crear las condiciones para que el talento empresarial encuentre oportunidades antes que obstáculos y tomen otros caminos poco legales o antijurídicos.

Siempre he sostenido que “el talento sin oportunidad muere lentamente.” En Panamá hay miles de personas con gran capacidad que no alcanzan su potencial por falta de financiamiento, mentoría, redes y guía. Esa cultura de apoyo empresarial casi no existe. Muchos aún no ven que cada empresario exitoso genera valor: crea empleos, paga impuestos e impulsa la economía. Mientras no apostemos por formar más emprendedores, seguiremos limitando nuestro crecimiento como país. “Las grandes economías no se construyen formando únicamente empleados; se construyen formando empresarios capaces de crear riqueza, oportunidades y bienestar para toda la sociedad”.

Panamá posee ventajas competitivas que pocos países tienen: una ubicación privilegiada, el Canal, puertos, conectividad aérea, un Centro Bancario Internacional, zonas francas, una sólida plataforma logística y una clara vocación comercial. Pero no basta con administrar esos activos; debemos convertirlos en nuevas industrias, exportaciones y empresas panameñas con alcance global. Debemos creer en nuestro potencial y atrevernos a soñar en grande, como alguna vez lo hicieron Andrew Carnegie, Cornelius Vanderbilt, John Rockefeller, Ford, Thomas Alva Edison, Jeff Bezos y Steve Jobs, entre otros muchos.

El reto comienza desde la casa, la cultura, la seguridad social y la educación. Debemos enseñar contabilidad básica, administración, finanzas personales, liderazgo, negociación, innovación, comercio internacional, inteligencia artificial y emprendimiento desde edades tempranas, sobre todo romper la cultura de nuestros niños y jóvenes desde los barrios, ir y dar la oportunidad de cambiar sus entornos sociales o cambiarlos a ellos de esos entornos. Así como enseñamos a buscar empleo, debemos enseñar a crear empresas responsables y sostenibles. Es una cultura, es un estilo de vida, es una forma de pensar. Les tengo un reto a todos ustedes que están más cómodos: “saquemos a un niño o niña de las calles, adóptenlo y críenlo como si fuera su propia sangre”.

También es necesario fortalecer una cultura del ahorro y de la inversión. La riqueza no se construye únicamente trabajando; también se construye administrando correctamente los recursos, reinvirtiendo utilidades y pensando en el largo plazo. Una sociedad que ahorra e invierte es una sociedad que adquiere independencia económica y genera prosperidad para las siguientes generaciones.

El empresario no debe ser visto únicamente como quien busca obtener ganancias. Debe ser reconocido como un agente de desarrollo que genera empleo, paga impuestos, incorpora tecnología, capacita talento humano y dinamiza la economía nacional. Cada empresa exitosa representa decenas, cientos o miles de oportunidades para otras familias.

Por supuesto, emprender implica riesgos. Habrá fracasos, obstáculos y momentos difíciles. Pero toda gran empresa que hoy admiramos comenzó con una idea, una necesidad y una persona que decidió intentarlo cuando muchos le dijeron que era imposible. Debemos sembrar esta mentalidad en todo Panamá. Que nuestros jóvenes crean que pueden competir globalmente y que nuestros profesionales se pregunten no solo dónde encontrar empleo, sino cuántos empleos puedo generar.

Panamá tiene todo para convertirse en una plataforma empresarial de alcance mundial. No nos faltan recursos; nos hace falta fortalecer una cultura que premie la innovación, el mérito, la disciplina y el valor de emprender. El desarrollo de una nación no depende únicamente de los gobernantes de turno, sino de ciudadanos capaces de crear valor donde otros solo ven dificultades y problemas.

Panamá es tierra de valientes. Panamá es tierra de prosperidad. Hagamos del talento una oportunidad, de la creatividad empresas y de los sueños una nueva generación de panameños que construya un país más competitivo, robusto, rico, sabio y próspero para todos.

* El autor es ingeniero industrial
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