• 04/07/2026 06:20

Panamá y la Expo Sevilla de 1929

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Pronto se conmemorará el centenario de la participación de Panamá en la Feria Iberoamericana de Sevilla de 1929. En enero de 1926 el Gobierno confirmó su participación en el evento, en marzo de ese año constituyó la comisión responsable de llevar adelante el proyecto que se decide por un “stand” de doscientos metros cuadrados en la denominada “Galerías Americanas” (Galerías Comerciales Extranjeras) donde exhibió ricas maderas, café, tabaco, azúcar, muestras de minerales como cobre, cuarzo, plata y plomo. Tres objetos llamaron poderosamente la atención de los visitantes del espacio ferial panameño. De un lado el escudo nacional confeccionado con diecisiete tipos diferentes de madera que compartía espacio con el escudo de España hecho en bronce y granito; y de otro, un mapa en relieve de tres metros de ancho por cinco de largo con los principales accidentes geográficos del istmo donde destacaba el Canal. Contiguo a Panamá estaba el stand de El Salvador y era colindante con el Segundo Salón de Aeronáutica. En un esfuerzo divulgativo loable, los comisarios del “stand” panameño prepararon una publicación sobre las bondades del país que era repartida gratuitamente al público.

Cerca de la entrada de la exposición se encontraba el pabellón Perú, construido por el arquitecto cordobés Manuel Piqueras Cotolí a un costo superior a las cuarenta mil libras peruanas (equivalente a cuarenta mil libras esterlinas) o un millón trescientas mil pesetas de la época. El edificio -actualmente ocupado por el consulado peruano en Sevilla y la Casa de la Ciencia de Sevilla- es de inspiración inca y fue construido en dieciocho meses siendo muy elogiado por la prensa local debido a sus novedosas líneas arquitectónicas que algunos denominaron “estilo neoperuano”.

El pabellón fue inaugurado el 10 de mayo de 1929, al día siguiente de iniciada la Feria, con la presencia de los Reyes de España. La Revista Semanal Ilustrada “Mundial” (nro. 470, año IX, junio 1929) señala que “después de visitar el pabellón de México, se trasladaron al del Perú, que es suntuoso. En el frontis principal ondeaban las banderas española y peruana. La banda municipal interpretó la Marcha Real y el Himno del Perú. En las puertas del pabellón esperaban a los Reyes, el delegado del Perú, doctor Graña; el ministro diplomático de la legación peruana en Madrid, doctor Leguía; las familias de Ernesto Caballero y Lastres, agregado naval, Felipe Espanton, Víctor Larco, M.Macedo cónsul del Perú, S. Swayne, A.Montenegro y Oscar Martínez”.

Añade la nota que “al llegar los Reyes, saludaron a los comisarios del pabellón, Graña y Leguía. La señora de Graña y sus hijas Enriqueta y Rosa entregaron a la Reina y a las infantas preciosos ramos de flores que agradecieron mucho. Ingresaron Sus Majestades al pabellón atravesando una sala adornada de preciosas alfombras de Cotahuasi (Arequipa). En cuanto vieron el suntuoso patio central se quedaron maravillados. El doctor Graña y el arquitecto Piqueras dieron explicaciones a los Reyes del estilo neoperuano que agradó tanto al público”. Por parte de las autoridades españolas quedó reseñado que asistieron el jefe de gobierno Primo de Rivera, el presidente de comité organizador Cruz Conde y el gobernador civil Mora Arenas.

La nota termina indicando que “el Rey manifestó que el Pabellón peruano era precioso y que admiraba la idea simbólica de unir dos estilos, siendo curioso que uno de los estilos más antiguos -el incaico- se convierta en actualidad artística. Ofreció volver en octubre para la Semana del Perú”. Es interesante notar el énfasis que puso el Perú en la sala dedicada a la minería. Ahí el ingeniero Alberto Jochamowits mostró una selección de oro, plata, cobre, zinc, petróleo, carbón y otros minerales más costosos como bismuto, vanadio y tungsteno. En los salones agrícolas de esta zona se mostraron más de quinientas variedades de maderas, caucho, fibras y tabacos tropicales.

Finalizado el recorrido, el comisario del pabellón y vicepresidente de la Cámara de Diputados del Perú, Francisco Graña, obsequió al Rey Alfonso XIII, en nombre del presidente Leguía, una bandeja de oro macizo de 21 kilates de sesenta centímetros de diámetro que llevaba al centro, en alto relieve, el escudo de Carlos V. Los informes diplomáticos peruanos de aquel entonces señalan que las exportaciones de materias primas peruanas ya venían registrando un incremento progresivo, alcanzando su punto más alto en la exhibición de Sevilla hasta que se produjo el crack de 1929 y la caída estrepitosa de los intercambios con Europa.

Sin embargo, más allá de la traumática crisis del “viernes negro” de ese año, la plataforma cultural demostró, una vez más, hace cien años, que, tomando los casos de Panamá y el Perú, fue el acompañamiento idóneo para el brazo comercial y exportador de las naciones del continente latinoamericano.

* El autor es exembajador del Perú en Panamá, Guatemala y Honduras
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