• 20/04/2026 16:59

Para qué sirve la geografía

La geografía no sirve solamente “para hacer la guerra” como dice Yves Lacoste, al pensar también en los mapas indispensables para la actividad militar, para sus tácticas y estrategias, sino para mucho más. Sirve, primero, como un instrumento de poder territorial sobre el planeta.

La geografía, esa vieja disciplina imaginada hace más de dos mil años por los griegos Estrabón y Heródoto, estructurada como ciencia en el siglo XIX por Alexander von Humboldt (1769-1859) y la escuela de Berlín, y modernizada desde el siglo XX por los franceses desde Paul Vidal de la Blache (1845-1918), sirve para comprender mejor nuestro entorno, sus fenómenos naturales y humanos, y para tomar decisiones informadas sobre sus recursos y sus posibilidades.

La geografía, en la confluencia de las ciencias naturales y sociales, sirve para la planificación estatal y privada, y hasta puede ser mal utilizada por ciertos políticos que por razones electoreras y clientelares estructuran de manera inapropiada el espacio. Es el caso de los que crean provincias innecesarias como Panamá Oeste, y corregimientos cada vez más costosos y numerosos, y sostienen distritos ya inútiles como San Miguelito. Pensamos también en la geografía de los militares que controlan territorios, incluso minúsculos. Se añade la geografía para los dirigentes de las grandes empresas y de los grandes bancos que deciden la ubicación de sus inversiones en el plano local, regional, nacional e internacional.

El concepto de paisaje, no como un asunto estético, es central en la geografía, que lo considera como el resultado de la relación entre la naturaleza y la acción humana en un determinado espacio físico. Organizar ese espacio de manera óptima es el objetivo principal de los geógrafos actuales para lograr un ordenamiento territorial más apropiado para el conjunto de la sociedad. Largo camino que nos queda por recorrer en Panamá, paraíso del desorden de todo tipo.

Se reconocen dos grandes sectores en la geografía: la física y la humana, y también diversos temas, como la urbana, la rural, la política (que incluye la geopolítica), la económica, la matemática, la de la población, la del transporte y la de las comunicaciones, entre otros. Además, hay un enfoque geohistórico, que trata de comprender el pasado desde la óptica de sucesivas geografías. Asunto que he cultivado durante varias décadas, inspirado en mis principales maestros: Hildebert Isnard, de la Universidad de Aix-Marsella, director de mi primer doctorado en Geografía, estudio sobre la Provenza francesa; Pierre Monbeig, mi último director de tesis doctoral, geógrafo experto en América Latina; y Pierre George, el presidente del tribunal de mi tesis de doctorado sobre la población de Panamá en la Sorbona de París.

Útil en la diplomacia, la geografía fue fundamental en las negociaciones de los Tratados Torrijos-Carter y sus efectos en nuestro porvenir. El ojo del geógrafo fue indispensable para comprender mejor cómo se estructuraba la Zona del Canal, enclave territorial extranjero, para desmontarlo rápidamente e integrarlo al espacio nacional panameño. El manejo de un mapa no es asunto fácil para un neófito. Los resultados de tres años de esta ardua negociación, llevada con mis colegas ante contrapartes militares estadounidenses, altos oficiales expertos en el uso de la cartografía fueron excepcionales y quedan por igual claramente registrados en los mapas geográficos. También me sirvió la geografía para negociar exitosamente el Tratado de fronteras marítimas con Colombia.

Testimonio personal y de la utilidad de la geografía, que tiene un amplio campo de acción dentro de Panamá y más allá, como pequeña potencia geopolítica en medio del continente americano, dueña del paso marítimo entre el Atlántico y el Pacífico y notable centro de logística que incluye al “hub” regional aéreo. Los actuales acontecimientos geopolíticos en Oriente Medio y sus repercusiones planetarias han puesto nuevamente a la geografía en el centro de la atención de las potencias y las sociedades, incluso las más alejadas de la comunicación.

La geografía, que es mucho más que el mero inventario anecdótico de países y sus capitales, sirve igualmente para combatir la desinformación por parte de gente que desconoce la realidad del medio natural y ni siquiera sabe leer un mapa. Lo vimos cuando se manifestaba con pasión contra la mina de Donoso (que algunos pretendían falsamente que afectaba al Canal). Lo advertimos en la oposición al desarrollo de la minería, el transporte, la industria y nuevos puertos en Colón y en Chiriquí. Igualmente, al negar el uso de nuevas fuentes de agua para el Canal y la población de la región Metropolitana.

No se debe emplear la ciencia geográfica para justificar extravagancias ambientalistas o ideológicas contra nuestro desarrollo y la necesaria generación de riqueza y empleo. Otros abusan de la desinformación geográfica y cartográfica para proponer proyectos que en verdad afectan negativamente a la economía, al medio ambiente y a la población.

Celebro el surgimiento de una nueva generación de geógrafos profesionales (más de 250 en 46 años), formada en la Universidad de Panamá, dedicada a la geografía aplicada, que se suman a los del tradicional ejercicio docente, ciertamente indispensable para educar a la juventud. Geógrafos interesados en asuntos del ordenamiento territorial, de la mejor utilización de los recursos geográficos, del medio ambiente natural y de la interacción entre los seres humanos y las sociedades con la naturaleza, con instrumentos tecnológicos más avanzados y poderosos proporcionados por la ciencia.

Esperamos que los dirigentes que tienen la capacidad de decidir, tanto en el sector público como privado, utilicen más estos servicios de la geografía aplicada para mejorar la eficiencia de sus proyectos y de sus empresas en beneficio de toda la sociedad.

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