El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
- 01/05/2019 02:00
Constituyente: una medicina peor que la enfermedad
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Agrega La Estrella en Google ↗️Entiendo el grado de rechazo al sistema político-institucional, resultado de la creciente impunidad —corrupción sin castigo— que padecemos. Pero no puedo callar ante la propuesta a una constituyente, hecha por Ricardo Lombana, José I. Blandón y Ana Matilde Gómez, que busca resolver tal descomposición, pero que traería peores consecuencias.
Tomo como ejemplo, la propuesta de Lombana, que tiene los siguientes elementos: Convocaría una constituyente, que ‘dotará al país de unas nuevas reglas del juego que serán la base para el renacimiento de la República'. La nueva Constitución sentaría las bases para nuevas políticas públicas en temas como: justicia, educación, salud, seguridad social, ambiente, seguridad, agricultura y economía.
Una vez el país tenga una ‘nueva Constitución, el Gobierno destinará gran parte de sus esfuerzos a una revolución educativa'.
Respecto a la convocatoria a tal Constituyente, destaco que: De darse, el Tribunal Electoral convocaría la elección de los 60 constituyentes, mediante el voto directo de los ciudadanos. O sea, podrían participar como candidatos a constituyentes, todos los diputados, alcaldes, representantes electos o no, dirigentes políticos y cualquier otro ciudadano. Y no habrá manera constitucional ni legal de cercenar el derecho a nadie a elegir y ser elegido. O sea, los políticos podrían utilizar sus estructuras y podrían hacer uso de sus mañas, para lograr sus ventajas y ser electos en mayor proporción al resto de los ciudadanos. Al final del proceso, saldrán electos constituyentes, no angelitos alados, sino políticos de carne y hueso, con sus defectos y virtudes.
El Fondo. Lombana presenta una inmensa lista de temas que serían materia de construcción de consensos por los constituyentes, y que mínimo, tomarían entre dos y cuatro años para terminar el proceso, y no nueve meses, como lo establece la Constitución.
La complejidad de los temas, los intereses creados, la composición de los constituyentes, y el paulatino desgaste de la legitimidad del Ejecutivo durante el proceso, alargarían el fin del proceso. Y mientras tanto, nuestra economía, que ya viene desacelerándose desde hace un par de años, se deterioraría durante esos años de incertidumbre, y: Podrían disminuir las inversiones privadas, debido al riesgo de invertir en tales circunstancias. Aumentaría el riesgo-país, con el consecuente aumento de las tasas de interés. Y disminuirían las inversiones, aumentaría el desempleo, disminuirían los ingresos y gastos fiscales y habría menos recursos para los programas sociales y las inversiones públicas.
Y cuando el Gobierno intente terminar ese desbarajuste, tendría un país deteriorado social y políticamente; lo que podría afectar su credibilidad y autoridad para: suspender tal proceso o presentar la nueva constitución a referéndum. O sea, caos institucional a la vista.
Suena muy bien, por la gravedad del enfermo social —Panamá— la medicina constituyente que proponen esos candidatos. Me temo que, por la gravedad del paciente, la medicina podría salir peor que la enfermedad. La intervención la decidiremos el próximo domingo. La sapiencia del elector brotará y la medicina que de allí surja, curará sin agravar la complicada situación de nuestro cuerpo social.
Por eso invito a votar por la opción Nito Cortizo de cambios constitucionales de fondo con bajo riesgo, porque Panamá no está tampoco para procesos de certeza de inicio, pero de final incierto.
CONSULTOR, EX MINISTRO DE LA PRESIDENCIA.