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- 03/01/2015 01:01
Pido casa para Noriega
El tres de enero se cumplen 25 años de aquel hecho histórico, cuando Manuel Antonio Noriega dejaba la nunciatura apostólica para entregarse al ejército de Los Estados Unidos de América. A pesar de los antecedentes de violencia, narcotráfico, encarcelamientos injustos, torturas y asesinatos, no pude contener mis sentimientos encontrados al ver a quien ayer era el todopoderoso de Panamá reducido a un simple mortal.
Hace un par de semanas escuché al general retirado, Rubén Darío Paredes, y al ex presidente de la república, Aristides Royo, opinar sobre el destino de Noriega. Royo tuvo que renunciar a su cargo en julio de 1982, en los momentos en que, Rubén Darío Paredes, era el jefe de la Guardia Nacional y Rubén Darío Paredes dio el buen salto el 12 agosto de 1983 para iniciar su conquista a la Presidencia de la República. Entre estos tres ‘caballeros’ hubo sacadera de tablas y las famosas zancadillas. Nadie se comió el cuento de una enfermedad de garganta, en el caso de Royo, ni mucho menos el buen salto que le dio Noriega a Paredes. Desde ese momento, la gente comenzó a murmurar que a Paredes le quitaron el paracaídas, y así fue.
Paredes y Royo son de la opinión que Noriega debe continuar preso por los atropellos cometidos contra la población civil y también por ser uno de los responsables de la detención, tortura y fusilamiento de 11 oficiales de las mal llamadas fuerzas de defensa en octubre de 1989. Y no debemos olvidar el hecho sangriento más emblemático, el de la decapitación de Hugo Spadafora.
Pese a ese rosario de crímenes de lesa humanidad pienso que a Noriega le deben dar casa por cárcel. En los tiempos que él cometió sus fechorías, la pena máxima en Panamá era de 20 años de cárcel. Noriega lleva, ya, 25 años como prisionero en Estados Unidos, Francia y ahora Panamá. Fui partidario de la idea de Guillermo Endara Galimany de iniciar, luego de la invasión, un gobierno de reconstrucción y reconciliación nacional. Muchas heridas estaban abiertas y había que sanarlas lo más pronto posible. Me pregunto, ¿qué hubiera sido de Panamá si luego de la invasión se hubiera dado una cacería de brujas, con paredones populares, con juicios rápidos, etc., etc?). Debo reconocer que la justicia no alcanzó a muchos que acompañaron a Noriega en ese rosario de anomalías.
Paredes y Royo disfrutaron del sistema que se instaló aquel 11 de octubre de 1968. Y en ese disfrute fueron acompañados, en las buenas y las malas, por Manuel Antonio Noriega. Recuerden que Torrijos pudo consolidar su movimiento y gobierno gracias al coraje de Noriega, quien le armó el recibimiento el 16 de diciembre de 1969, luego que en Panamá se intentó derrocar a Torrijos. Desde ese momento, y hasta ahora, el 16 de diciembre es recordado por ellos como el Día de la Lealtad.
Por lo anterior, me encuentro patidifuso frente a la posición de Paredes y Royo. Fui un perseguido por los militares por el único pecado de buscar la justicia, la libertad y la democracia, sin embargo pido casa para Noriega. Él tiene una cárcel mayor que lo perseguirá mientras viva y se llama conciencia. Espero que las nuevas autoridades judiciales se atrevan a tomar esta decisión.
Para finalizar les digo, a quienes escribieron artículos sobre la invasión y que formaron parte del proceso revolucionario de Torrijos, Paredes y Noriega, primero que les respeto su punto de vista, pero me ofenden cuando no se atreven a poner los puntos sobre las íes en el caso de la invasión. El fraude en las elecciones de 1984; la tozudez de un grupito de militares y civiles en mantener el estado de las cosas; la decapitación de Hugo Spadafora; el desconocimiento de la voluntad popular aquel 7 de mayo de 1989; la anulación de las elecciones que ganó, de forma holgada, la oposición, ocurrida a las diez de la noche del 10 de mayo de 1989; el descontrol que había en las fuerzas de defensa; el nacimiento de los batallones de la dignidad y el cabildeo de la oposición en diferentes partes del mundo, son los puntos más sobresalientes que incidieron en la invasión.
En pocas palabras los culpables de la invasión, en un 95%, son los mismos que hoy la critican, la rechazan. Me encuentro entre los que estuvieron en desacuerdo por un asunto de principio soberano y encajo en el grupo de quienes piden casa para Noriega por asuntos de espiritualidad, de principios cristianos. De no sentirlo ni solicitarlo, estaría dándole un mentís a mis creencias religiosas; sería como ese fariseo que da diezmo, no por convicción sino por vanidad, ego; lo hace con la intención de que todos lo vean.
*EX SECRETARIO DE PRENSA DE GUILLERMO ENDARA