• 09/08/2015 02:00

Principios y prioridades invertidas

‘Prefiero seguir siendo ‘atleta de la cultura' o cultureta, con o sin reconocimiento'

En lo que escribo esto se prepara un grupo de chicos para el acto de premiación de la Olimpiada Panameña de Física que se ha organizado bajo el lema del Año Internacional de la Luz y en la cual se darán medallas de oro, plata y bronce a los que destaquen, y que vienen en un proceso de participación desde inicios del mes de junio. Anteriormente se conoció de la olimpiada de química, donde un total de 19 jóvenes entre 16 y 17 años de Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala y Panamá pusieron a prueba su destreza en esta asignatura —a través de un examen experimental y otro teórico— en el torneo, durante dos meses. Panamá se alzó con medalla de oro, plata y bronce. Algunos de estos estudiantes ya habían obtenido preseas y menciones de honor en certámenes anteriores.

Otros atletas que se destacaron recientemente fueron los que participaron en las Olimpiadas Especiales celebradas en Los Ángeles, sin que sepamos que la generosidad del presidente les haya otorgado un sustancioso cheque, y eso que no pasaron por el drama de que les arrebataran un partido, menos a éstos muchachos que, como bien lo dicen, son especiales, por tener una discapacidad ni a los atletas de la ciencia y la mente, como los de física y química.

Y es que pareciera que en Panamá se han invertido los valores. Se premia lo rutilante porque brilla, pero no el brillo que da la sapiencia y el conocimiento, sino la destreza física y la fuerza, sea de lucha libre, de boxeo o de fútbol. Sin despreciar estas valiosas facultades, no existe interés en equiparar los fastuosos premios que le dan a una selección de fútbol a la que le robaron un partido, pero los demás atletas a veces no pueden ni competir por falta de recursos o de apoyo.

Se acerca la Feria del Libro y durante su realización se presenta la edición de los libros premiados en el Concurso Literario Ricardo Miró del año anterior. La constante ha sido que ni en algo que es un compromiso del Estado y contando la entidad que lo rige con los mejores equipos para editar estos libros, casi nunca cumple y si lo hace, el producto es deficiente y de pésima calidad. El vate Manuel Orestes Nieto lleva varios años esperando que le publiquen su libro, al que se hizo merecedor del premio de poesía, y han pasado ya dos directoras por el INAC, ninguna de los cuales ha resuelto esto.

Si atletas, premiados o no, rezuman dignidad porque se fajan, se le reconozcan o no, otros tienen tal carencia de principios que raya en el descaro. Una de las más honrosas designaciones que puede recibir un panameño es el ser designado en la Junta Directiva de la Autoridad del Canal. Los que nombró el presidente fugitivo no son un dechado de virtudes o profesionalismo (o los dos), con una excepción, y ostentan una ausencia rampante de dignidad. Uno de ellos, implicado hasta el tuétano en los chanchullos del magistrado defenestrado y preso y con vínculos muy estrechos con irregularidades de construcción, tiene por ahora planeta por cárcel, y a pesar de desplegados de página entera pagados dando explicaciones, no viene a comparecer ante la justicia y en cambio, a jóvenes profesionales que fueron tontos útiles los tienen en las mazmorras más lúgubres de las cárceles panameñas.

Sí, este sigue siendo el reino de todavía, no se avanza en concretar acusaciones puntuales que lleven a condenas contundentes. Los abogados tienen cifradas sus más altas aspiraciones o la culminación de sus sueños en llegar a magistrados de la Corte Suprema, en momentos en que este órgano del Estado es uno de los más desprestigiados. Igual pasa con los políticos, quieren ser diputados cuando esa posición es casi sinónimo de narcotraficante en nuestro país.

Prefiero seguir siendo ‘atleta de la cultura' o cultureta, con o sin reconocimiento.

ARQUITECTA Y EX MINISTRA DE ESTADO.

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