• 19/12/2008 01:00

Enemigos foráneos del proceso educativo

No es un secreto que la educación media ha ido deteriorándose progresivamente. El hecho no es sólo un problema de la relación en las aul...

No es un secreto que la educación media ha ido deteriorándose progresivamente. El hecho no es sólo un problema de la relación en las aulas entre los jóvenes y sus profesores, la situación como tal afecta el pleno de la sociedad. La violencia desbordada, las drogas, la desintegración familiar, el maltrato, la situación de pobreza, el alto costo de la vida y el desempleo, aunados a la visión de un futuro complejo escaso en oportunidades, están creando situaciones difíciles entre la juventud de todo el mundo. En nuestro país, no sólo la frecuencia de los delitos y la violencia hoy nos alarman. Nuevas formas de comportamiento criminal y un estado de hostilidad y agresión continua, están substituyendo nuestra natural forma de ser gentiles y corteses. Estamos viviendo la cultura de la violencia, de la falta de valores, de lo grotesco, lo procaz y lo ordinario. Debemos, en consecuencia, reflexionar muy seriamente y dar los pasos necesarios, para enfrentar esta escalada que erosiona la esencia del ser nacional y fortalecer una cultura de paz, que aspire a la convivencia en un clima de tolerancia, de valores y de conciencia de la importancia de la vida, la naturaleza y las obras derivadas del talento del ser humano.

Los responsables del gobierno deben integrarse plenamente con la sociedad civil, junto a los medios de comunicación, para bregar con estos hechos. Todos debemos emprender una campaña agresiva, cuyo objetivo sería captar a los jóvenes. Debemos abandonar la pasividad que ha permitido que los agentes más destructivos de la sociedad afinquen en la voluntad de la juventud. Nada de esto se podrá hacer si no existe una actitud más positiva e instructiva de los medios de comunicación, que con su extraordinario poder, le pedimos mesura en la presentación de la violencia y en la importancia de su papel orientador y guía de la opinión pública; a ellos, especialmente a la televisión, les cabe una responsabilidad crucial en los momentos en que vivimos. Auspiciar programas donde la violencia, las drogas y el estilo de vida faraónico de traficantes, constituyen las imágenes de éxito, es una forma subliminal de iniciar a compartir un estilo y un modelo de vida.

Nos queda un tercer nivel, que es la educación post media. En Panamá es urgente diversificar las alternativas que tienen los egresados del bachillerato, hasta ahora reconcentradas en las universidades y especialmente en las universidades oficiales.

Debemos ampliar el espectro de carreras técnicas y planificar una mayor gama de alternativas de carreras cortas. Como debemos también racionalizar el surgimiento de universidades, garantizando controles en sus programas, en sus métodos y en la calidad de su actividad. Hay problemas que trascienden la educación formal y que están teniendo grandes costos sociales. Uno de ellos es el papel del Estado como empleador obligado de la mayoría de los graduados universitarios y técnicos. Debemos fomentar la capacidad de desarrollar la iniciativa individual, apoyar la formación que cultive la libre iniciativa y la autogestión. Tenemos valiosos profesionales que se atan a la burocracia, con salarios bajos. Convirtiéndose en seres disconformes y frustrados.

La capacidad de asimilación del Estado como proveedor de empleos tiene límites, esto es, si no los ha sobrepasado con creces desde hace mucho, por lo que estamos comprometidos a buscar nuevas formas de oportunidad.

-El autor fue ministro de Educación.pthalass@cableonda.net

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