Estados Unidos ha arrendado por un dólar y durante 99 años a Israel el terreno para su nueva embajada en Jerusalén Oeste, pero esa parcela perteneció hasta...
- 18/09/2020 00:00
De reactivaciones
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Y se abrieron los cercos. Y se ampliaron los horarios. Poco a poco, el motor de una ciudadanía aletargada empieza a calentarse. Los engranajes giran, los fluidos circulan y empezamos a movernos nuevamente. Aquel colaborador de la fonda empieza a ver caras que adivina conocidas tras una mascarilla, llegando nuevamente muy temprano a comprar el desayuno, antes de iniciar una nueva jornada de trabajo. Nueva. Que adquiere relevancia este otrora común adjetivo. Tras una espera que se nos antojó eterna, surge este comienzo. Quizás no tan fresco como los albores del día, pues la acritud de las malas prácticas de algunos puede opacar un tanto esta reactivación, pero no dejaremos que unos pocos apaguen nuestros ánimos.
Después de meses, me sentí renovado. De la mano de clientes, que con el tiempo se han vuelto asociados, amigos, pudimos volver a trabajar en el campo. Durante el encierro, tuvimos la fortuna de poder atender las solicitudes técnicas de algunos que requerían estudios, análisis o revisiones, ejercitando conocimientos que habían estado en reposo.
Como un chiquillo en el primer día de clases, me sentí emocionado, incluso algo nostálgico de volver a vestir mi chaleco reflectivo, mis guantes de trabajo, y muy en especial, mi viejo casco, que ha salvado en muchas ocasiones esta cabeza dura de lesiones serias, Gracias a Dios. Aunado a lo que antes era mi equipo estándar de seguridad, ahora también me calcé la mascarilla, y la careta transparente protectora, que el virus sigue afuera, y debemos mantener la guardia para seguirnos cuidando.
Con los arreos de combate puestos, me paré en el centro de la calle a supervisar las obras, guardando una distancia prudente al conversar con los colaboradores, y aburriéndolos desde algunos metros al insistir en el uso correcto de las mascarillas, y el repetido uso del alcohol. Me pregunté si, detrás de la careta y la mascarilla, alguien notaría que estaba sonriendo. Y es que sucede, pues aprecio la oportunidad de trabajar, que es una bendición, y sonrío con una discreción sintética que cubre mis gestos.
No puedo saber si para todos, los que tenemos la dicha de volver a ejercer físicamente, se siente igual. Ojalá.
Estando afuera, mi contemplación de un cielo nublado se ve interrumpida únicamente por el movimiento de una grúa enorme, que sube y baja materiales. Alarmas de equipos, que advierten que retroceden, animan el entorno, y veo mi pequeña comunidad laboral viva, funcionando. Gloria a Dios.
Estos sentimientos me animan a ser positivo, y no puedo sino imaginar que cosas buenas se avecinan. Indudablemente, el encierro sufrido por muchos en la “ciudad del dinero” abrió los ojos de la mayoría a una gran verdad: el hacinamiento creado por el deseo común de estabilidad económica es el caldo de cultivo para muchos males, tanto físicos, como psicológicos. Mientras, en las ciudades pequeñas, la retransmisión de la peste ha sido menor, y el encierro se suaviza con espacios verdes y patios, muchas personas apreciaron las cosas de manera diferente.
Estar encerrado en un apartamento de 400 m2, en un área exclusiva de la capital resulta mucho menos saludable que vivir la cuarentena en una casa de 120 m2, con 200 m2 de jardín en el interior.
Hemos aprendido el valor de las cosas, pues ya sabíamos su costo.
En esta reactivación debemos montarnos todos en el mismo tren. Los trabajadores debemos salir con conciencia cívica y social, a ofrecer nuestro talento en beneficio de la sociedad. Que lo que salgamos a hacer, lo hagamos bien, con aprecio y agradecimiento.
De las autoridades, esperamos dinamismo. Cada director o gerente de entidades debe volverse instrumento facilitador para que aquellos que apuestan por el desarrollo del país se vean apoyados por sus gestiones, no amarrados por la burocracia. Las autoridades deben cerciorarse de que cada persona que sale a ejercer una profesión sea idónea para la misma, evitando así engaños a los inversionistas, y problemas a los municipios que deberán lidiar con obras incompletas, o mal diseñadas. Pero una vez se certifica a un trabajador como probo, el apoyo debe ser inmediato, pues las obras significan progreso y desarrollo para la región.
El empuje económico que representan las obras es también necesario para lograr que la reactivación económica tan necesaria, tenga lugar, pues debemos recordar que con cada trabajador que devenga un salario, subsiste una familia.
El trabajo debe ser en equipo: funcionarios y trabajadores de la empresa privada. Todos tenemos la misma meta en la mente, y es que la familia que se llama Panamá salga adelante.
Siempre se nos ha dicho que debemos volver a la naturaleza. Siempre han tenido razón.
Dios nos guíe.