• 03/02/2015 01:00

El reto de sacar "lo independiente" al Carnaval

Estas tarimas, patrocinadas por las industrias de la TV y licorera, arengan día y noche a las masas, ensordecidas y aturdidas por el guaro

El origen del carnaval tiene referencias remotas y algunas de ellas nos remiten a fiestas paganas en honor al dios Baco en la antigua Roma, o al toro Apis en Egipto. La celebración toma un carácter religioso en el mundo moderno al asociarse a la cuaresma cristiana, la cual variará de fechas —dependiendo de los ciclos lunares— en los meses de febrero o marzo. La fiesta se caracteriza por su carácter permisivo y descontrol que se comparte de manera colectiva.

La Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), bajo el lema ‘Carnaval de Panamá, un país en fiesta’, anuncia los detalles del Carnaval 2015. La agenda del Carnaval —con medio millón de balboas— anuncia, como todos los años, lujo y esplendor. Más que el brillo de los trajes, este año los organizadores del Carnaval de la ciudad se han impuesto como objetivo el rescatar la fiesta y devolverle sabor y el carácter ‘de calle’ a esta fiesta de origen popular.

El carnaval de la ciudad de Panamá estuvo —muchas décadas— identificado por una celebración de comparsas por las calles y una oferta de bailes nocturnos en sitios conocidos como toldos. Por muchos años las fiestas de Carnaval citadino tuvieron como escenario la avenida Central y otros espacios de la urbe, donde las gentes disfrazadas en comparsas bailaban al son de bandas de tambores bajo los acordes de una lírica popular que evocaba episodios memorables o bien personajes. Espacios como Barraza, en El Chorrillo y el patio de Ferrocarril en Calidonia, eran lugar para los recordados toldos, lugares para el baile nocturno, donde se encontraban celebridades de la música caribeña. Lluvias de confetis y una alfombra de serpentinas de colores tapizaban las calles de la ciudad de Panamá. Ese mullido tapiz, coloreado por una cortina titilante de millones de pedacitos y tiras de papel movidas al viento, era el síntoma de la salud de esa fiesta que se fue. Más confeti y serpentina, mejor era el carnaval.

Ante el potencial de negocio que planteó el carnaval, la industria televisiva irrumpió hace años con un apetito mortal para entregar la fiesta a manos del negocio de la publicidad. El negocio mal planteado arremete contra el Carnaval y las tarimas de arengadores musicales, con su filo certero, apuñalan directamente al corazón expuesto de la fiesta. Es ante estas tarimas que hordas de turistas y sorprendidos locales ‘pastan como animales’ confinados en un corral sin ninguna oferta cultural ni musical. Estas tarimas, patrocinadas por las industrias de la TV y licorera, arengan día y noche a las masas, ensordecidas y aturdidas por el guaro, meneándose en procaces actitudes. El Carnaval bajo este esquema ha decaído en una fiesta que perdió todo su sabor popular y en donde la creatividad de la gente fue enlatada en un producto de TV. El carnaval muere en beneficio del privado —mediante el brillo de los artistas invitados— y taladrando la oferta hueca y sin esencia popular.

La ATP para este año 2015 promete un desfile de carrozas y comparsas por las calles de Panamá —esta ocasión— por la Cinta Costera con la intención de devolver a la fiesta su carácter callejero, entregando a los visitantes una experiencia de contenido explosivo y lleno de sabor popular.

Hago una propuesta provocadora a los organizadores del carnaval 2016 y es la de incorporar a la fiesta de carnaval a las bandas independientes, que —adornadas con plumas y lentejuelas— explotarían con un toque personal e identitario, que muy probablemente traería a la memoria colectiva —mediante el sonido de metales, tambor, rimo y percusión— el sabor afro de la fiesta que se perdió en el olvido del ayer.

Dar participación al sector privado en la organización y administración del Carnaval podría imprimir, como en la cercana Barranquilla, dinamismo a la fiesta. No todo por aprender son pinchazos y trapicheos de los vecinos, sino también sacar provecho a explorar la gestión de la rumba, el vallenato como negocio de exportación. El fenómeno colombiano de hacer negocio con lo inmaterial, lo son las telenovelas de vallenato con personajes como Rafael Orozco, el Grupo Niche, la Ronca de Oro y toda la estelaridad de la música generada y compuesta en Colombia. Ya hay experiencia exitosa y no hay que inventar el agua tibia, sino dar rienda suelta a la creatividad.

Devolver el carnaval de la ciudad de Panamá a la gente y a las calles, y dar espacio de participación a las organizaciones privadas, garantizará su vitalidad, transparencia, autenticidad y lo transformaría en una verdadera referencia cultural, en un negocio con fondo y sentido, y definitivamente un producto de exportación con calidad, fuerza e identidad.

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