• 16/03/2012 01:00

Bernardino González-Ruiz (1911-2012)

En la mañana de hoy (ayer jueves, 15 de marzo) falleció el Doctor Bernardino González-Ruiz, a la edad de 101 años. Murió en su casa, tr...

En la mañana de hoy (ayer jueves, 15 de marzo) falleció el Doctor Bernardino González-Ruiz, a la edad de 101 años. Murió en su casa, tranquilo y en paz, con la calma que solo los hombres de bien pueden tener al esperar sin temor el llamado a la eternidad.

Médico, diputado a la Asamblea Nacional en dos períodos, ministro de Estado y presidente de la República, perteneció a una casta de políticos cuyo molde, lamentablemente, pareciera haberse roto hace mucho tiempo.

Tanto en su vida pública como privada, supo destacarse por su integridad, honestidad, caballerosidad y sencillez.

Tuve la dicha de conocerle, aunque ya casi en el ocaso de su vida, hace 17 años, cuando empezaba a salir con su nieta Irma Graciela, mi amada esposa.

Entablé largas conversaciones con él, sobre todo de política, cuando coincidíamos en alguna reunión familiar, en especial en su adorado pueblo de Las Tablas.

Gracias a él, pude conocer también mucho de la vida política de mi padre, Julio E. Linares, fallecido hace 19 años a la edad de 63, porque ambos fueron parte de aquel glorioso Consejo de Gabinete que rompiera relaciones exteriores con los Estados Unidos, producto de los sucesos del 9 de Enero de 1964, él como ministro de Salud Pública y mi padre como ministro de Hacienda y Tesoro.

Qué diferencia con los de ahora, que se dejan doblegar ante cualquier presión, por más injusta que sea.

Cuando la presidenta Moscoso me llamó para que formara parte de su Gabinete, ante la ausencia de mi padre, fue a él a quien le consulté que hacer. Sin titubear me dijo que a la Patria no se le podía negar esos llamados, pero eso sí, me dijo con igual vehemencia que tuviera siempre presente que esas posiciones de poder son pasajeras, que no dejara que se me subiera a la cabeza, que actuara con dignidad y sobre todo con honestidad, para orgullo de mi padre y de él, ya que estoy casado con su nieta. Creo haberles no fallado a ambos.

En estos tiempos donde la percepción de un político es equivalente a la de un gánster de la peor ralea, don Bernardino formó parte de una generación de panameños que veía en esta, no un camino fácil y rápido para enriquecerse, sino como una oportunidad para trabajar por el beneficio del país y del interés común.

Con su partida, Panamá pierde a uno de sus más insignes hombres y deja un vacío desesperanzador y, por qué no decir, aterrador, ante el circo de mal gusto que día a día nos dan los políticos hoy día.

*ABOGADO Y EXMINISTRO DE ESTADO.

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