• 21/04/2011 02:00

La Semana Santa

E stamos ante la más sagrada fiesta religiosa del año. La Semana Santa ante la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

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E stamos ante la más sagrada fiesta religiosa del año. La Semana Santa ante la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Muchos escritos acentúan las motivaciones políticas en la muerte de Jesús. Siendo la expulsión de los mercaderes del templo uno de los detonantes de su muerte.

Evidenciamos el odio de los sumos sacerdotes, quienes no vacilaron en matar a un inocente. La traición, tortura, el calvario que pasó el hijo de Dios son para nosotros muy dolorosos e inaceptables.

El Mesías se manifestó en contra de los servidores del dinero, corregir los abusos introducidos en el templo: la comercialización de lo sagrado. Los verdaderos dueños del templo eran los ricos y poderosos, raza de víboras. Nada es más opuesto al fariseísmo que el Sermón de las Bienaventuranzas.

El hombre es un horizonte vacío, distante de todo, menos de la soledad. Dios únicamente tiene las llaves de la vida y la muerte.

No podemos reducir la figura de Cristo a un guerrillero que llamaba a una revolución político social. Fue juzgado y condenado por sedición por los fariseos y sacerdotes, contra la autoridad política religiosa.

El templo no era solo lugar para plegaria: se guardaba un fabuloso tesoro público, tanto en metales preciosos, como en sumas depositadas por los particulares del obligado tributo.

La aristocracia judía detestaba a Cristo, porque estaba del lado de los oprimidos. Combatía la falta de seriedad en la oración, el lucro de la comercialización de lo sagrado. Protestó ‘no convirtáis la casa de oración en cueva de bandidos y ladrones o mercado’. No se puede utilizar el nombre de Dios para esquilmar a los demás y enriquecerse.

Su discípulo Judas estaba obsesionado por el dinero: la avaricia, su envidia, celos lo llevaron a la traición, sabiendo que vendía a Dios, el ansia del dinero lo perdió, era ladrón. El misterio de Judas va más allá del problema de la avaricia y la codicia.

El beso de Judas encierra la entrega de Dios, la indignidad humana, la miseria, la traición. Jesús iba hacia la muerte con plena conciencia.

El Maestro con una infinita tristeza dijo:

‘Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?’.

Estaba completamente solo. Nadie hizo nada por defenderlo. Los detentadores del poder del Estado, lo entregaron al poder imperialista romano para ejecutarlo políticamente, fue torturado y humillado. Los intereses creados por fariseos y sacerdotes fueron elementos determinantes.

La dramática escena del Huerto de los Olivos es la más desconcertante del Nuevo Testamento, punto culminante de los sufrimientos espirituales de Cristo, acorralado por el miedo, tiembla, trata de esquivar su tarea como niño asustado en la noche. Jesucristo, poseído por la tristeza, turbado, angustiado en su corazón, vacilante, repitiendo su oración comenzó a sentirse triste y abatido. ‘Ahora mi alma se ha turbado... Padre, sálvame de esta hora’.

Mendigó compañía en su agonía, abandonado por sus discípulos.

El miedo fue redimido. Cristo aguanta, resiste los golpes, avanza hacia su destino obediente.

‘Padre, si es posible, pasa de mí este cáliz, mas no se haga mi voluntad sino la tuya’. En Getsemaní es abandonado por su Padre. Conoce su ausencia, el silencio de Dios que tanto aterra.

Su victoria fue seguir contra toda esperanza y desamparo de su Padre en una infinita soledad, en medio del escalofrío de la oración.

La pasión de Cristo es un resumen de la Humanidad entera con todos sus vicios y virtudes. En Judas están el resentimiento, los celos, la avaricia. En Caifás la soberbia, el odio, el autoendiosamiento, en Pilatos la cobardía, la estupidez, las medías posturas.

Herodes representa la frivolidad, la grandilocuencia, el cinismo.

En la multitud la violencia, los odios atávicos. La cruz era un tormento romano de crueldad y sentido político. Era la cima del arte de la tortura: Atroces sufrimientos físicos, prolongación del tormento la infamia, la multitud presenciando la larga agonía, impotencia y degradación. La ejecución era un espectáculo de circo, una de las pocas diversiones del pueblo.

La crucifixión era tan lenta como dolorosa. Una pesadilla macabra, horrible. Regresó la tortura de los insultos, burlas e injurias. Este espectáculo perverso, había aumentado su soledad en la cruz. Se oyó un grito: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’. Eran poco más de las tres de la tarde cuando Jesús murió por nuestros pecados, fue sepultado y al tercer día resucitó y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso.

Todo está cumplido.

Cristo vivió en la pobreza... nació en un pesebre, llevó una vida sencilla.

Venció la muerte. Su resurrección ilumina el profundo sentido de redención y la visión de la eternidad.

Dios está cerca de los pecadores como de los justos. Es un Dios próximo y lejano.

Jesús tiene un sentido vivo del misterio de Dios, experimenta su silencio y lejanía.

Sólo desde Dios descubre el hombre sus verdaderos límites y la grandeza de su destino.

Acerquémonos a Cristo, guardemos con devoción esta fecha sagrada en recogimiento, oración, ayunos, y limosnas.

*PSICÓLOGA Y DOCENTE UNIVERSITARIA.

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