• 20/03/2026 00:00

¿Sobrevivirá el Casco su éxito?

El Casco Antiguo panameño es un éxito causado por tres leyes aprobadas en 1997, 2013 y 2017, que impulsaron el coraje de un puñado de empresarios locales y extranjeros que transformaron el área. Es un logro que requirió dos décadas, que podemos enmarcar de 2001 a 2021 aproximadamente. ¿El resultado? Con más de mil millones de dólares en inversión gubernamental y privada, hoy el sitio es el destino turístico líder del país.

La ATP informa que en 2025 tuvimos 3 millones de visitantes internacionales (8 % más que en 2024) y 77 % durmió al menos una noche en el país, con las consecuencias favorables de eso en el consumo y la creación de empleo. Pero el auge del Casco no ha sido gratis. Su precio son dos efectos secundarios naturales.

El primero es la gentrificación. Es decir, el área urbana que antes estuvo devaluada se revitalizó gracias a una inversión inmobiliaria que desplazó a muchos de los residentes “tradicionales” de origen humilde, sustituyéndolos por nuevos de otras clases sociales. Algunos afirman que con la gentrificación desaparece la diversidad que debería ser el alma de estas áreas y dejan de ser culturalmente ricas, convirtiéndose en impostoras, carentes del encanto que los visitantes internacionales realmente buscan.

El segundo efecto se conoce como la “trampa del turismo exitoso”. Se refiere a que la calidad de vida local se deteriora, incluso para los nuevos residentes. La trampa convierte todo en un espacio masificado y genérico. Barcelona, Venecia y Dubrovnik, aseguran algunos, son ejemplos de ciudades transformadas en algo que ya no es genuino, sino el escenario de una película cuyos habitantes han sido reducidos a extras. Hoy, hay tres amenazas que pueden hacer colapsar al Casco panameño: una gestión deficiente de los residuos, la falta de estacionamientos adecuados que permitan la peatonalización del sitio y el abusivo escándalo nocturno.

Hace unos días, con liderazgo y visión extraordinarios, la perseverante ministra María Eugenia Herrera logró que se aprobara la Ley número 80, próxima a ser sancionada y publicada en la Gaceta Oficial. Así, la titular de la cartera de Cultura renovó los incentivos de 1997 y 2013, expirados en 2023, derogó la ley de 2017 e incorporó todo Santa Ana al área beneficiada. También creó una ventanilla única que, si es bien reglamentada, simplificará la dolorosa tramitología que sufren quienes invierten en la puesta en valor de nuestro maravilloso patrimonio cultural.

La nueva ley, además, establece que el Casco Antiguo de la Ciudad de Colón tendrá el mismo estatus que el de la ciudad de Panamá, en cuanto a incentivos para la inversión.

Acerca de la necesaria catalogación normativa de los inmuebles de Santa Ana, incluidos ahora en el área protegida, yo observo que hay dos opciones. Lo ideal, aunque costoso y lento, es hacer una evaluación minuciosa y científica de la historia y la arquitectura del área de expansión.

La otra es proceder conforme al Plan de Ordenamiento Territorial (PLOT, por sus siglas) ya establecido y pertinente. Ahorraríamos tiempo y recursos. Aquí es oportuno repetir la pregunta que titula este artículo. ¿Sobrevivirá el Casco su éxito? No. No lo logrará, porque requiere atender algo que la Ley 80 no incluyó: gobernanza. Es decir los procesos, normas, instituciones y prácticas necesarias para tomar decisiones correctas, gestionar bien los recursos y lograr nuestros objetivos comunes.

Para esa tarea crucial, ya hay avances enormes desde 2021, gracias a estudios de consultores internacionales contratados con fondos no reembolsables del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En conclusión, para una gestión profesional y competente, debemos convertir la actual Oficina del Casco Antiguo (OCA, progresivamente debilitada en el curso de los últimos 10 años y dirigida actualmente por la arquitecta Ámbar Zambrano), en una poderosa y moderna Autoridad del Centro Histórico. Es indispensable que tenga un mandato inequívoco para hacer cumplir las normas, mediante atribuciones indiscutibles. No logrará sus objetivos sin suficientes recursos humanos y económicos. Entre ellos, debe estar la autogestión con ingresos que el sitio genera y los muchos inmuebles estatales que, en manos hoy de otras instituciones, que no reportan beneficio para el Casco y el país.

* El autor es analista político
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