• 17/11/2013 01:00

La sucesión presidencial

Como presagio que los tiempos cambiaron el presidente electo tomó varias decisiones al inicio de su mandato -centralización de poder, do...

Como presagio que los tiempos cambiaron el presidente electo tomó varias decisiones al inicio de su mandato -centralización de poder, domesticación de los otros poderes, ascenso de un Estado corporativo, modernización de la infraestructura, descomunal gasto público y subsidios; desde entonces, han transcurrido más de cuatro años de un complejísimo periodo presidencial y ya se desató la carrera de la sucesión y con ella un alud de críticas, por la maquinaria capaz de garantizar el poder bajo una apariencia democrática.

Concluida la invasión militar se ha producido a lo largo de las últimas décadas una alternancia casi perfecta de sucesión presidencial sin mayores tropiezos. Pero el actual mandatario, como ninguno de sus predecesores, podría estar considerando desde una modificación constitucional para permitir su reelección, hasta una continuidad de su gobierno, a través de una cancelación de las próximas elecciones. La apuesta es audaz y peligrosa para la estabilidad democrática del país, pero preñada de enormes recompensas para el mandatario, de resultar ganadora; involucra, enormes peligros en el camino. No obstante, abre la perspectiva de una continuidad en el poder, que por primera vez en la historia moderna del país, le brindaría a un mandatario saliente, en la cúspide de sus facultades, la delicia de conservar el mando, a diferencia de sus antecesores.

Todo esto ha despertado múltiples tensiones en los círculos políticos y cobra vigencia la preocupación, ante el reciente fallo proferido por el presidente de la Corte. El mandatario ha procedido por fases de eliminación. Primero, es posible que haya explorado la posibilidad de modificar la Constitución Nacional. Sobre esta eventualidad ha debido consultar a muchos juristas en su entorno, recibiendo una negativa categórica. La segunda contemplada ha podido consistir en correr la fecha de las elecciones, aplazándolas unos años, alegando cuestiones de orden público. Para que prospere esta opción, pareciera indispensable, la aprobación de los partidos de oposición; que no la obtendrá, por lo que deberá actuar ‘de facto’, con apoyo de la Policía, de la cual aparenta haber asegurado absoluta lealtad.

El país ha luchado por elecciones imparciales y se dieron muchos pasos en esa dirección, como para retroceder. Por ello no puede desembocar en una ruptura del orden constitucional. Utiliza igual estrategia que Putin en Rusia, que dejó temporalmente un subalterno en la Presidencia, para luego retornar.

Pareciese que son estos los esquemas del personaje de Palacio, para su porvenir político, personal y táctico. El escrutar todas las variantes acechables.

Revisado este acerbo de especulaciones, conviene considerar, que ocurrirá, desechada la maniobra de correr la fecha de las elecciones y eliminada la variante de la reforma constitucional; entonces el abanico de opciones se reduce a esperar los resultados de los comicios electorales del 2014. Bajo este escenario, se presentan cinco candidatos y las posibles alianzas entre ellos.

Todas las candidaturas presentan inconvenientes reales, ninguno inspira gran liderazgo y no tiene asegurada su elección, los votos están divididos y falta un líder carismático y aglutinador en el escenario nacional; motivo por la cual ciertas fuerzas de oposición se esfuerzan por lograr una gran alianza nacional respaldada por el ‘establishment’ económico. Ningún partido político logra encarnar con realidad las expectativas y el despertar de los ciudadanos que se expresa en paros, protestas y redes sociales.

Martinelli se puede pasmar con el colapso de su esquema sucesorio, viendo moros donde no los hay e intentando lograr un compromiso de velar por su integridad y tranquilidad, toreando la tormenta política de críticas que no van a disminuir; más al cesar la cordialidad con los medios, con quienes existe un distancionamiento evidente. Mientras acaricia estas opciones, los políticos se desesperan por comprender lo que acontece en el país, con una oposición aún dividida y un presidente atrapado dentro de un sistema corroido y un entorno político deteriorado frente a unas elecciones, que todos esperamos sean disputadas, más no cuestionadas.

Esta es la radiografía política del país del Siglo XXI. Un ejercicio de reflexión para quienes quieren adentrarse en lo íntimo de una República que cría caudillos adictos al poder. Los sucesos políticos del tiempo que vivimos.

Urge una reforma ética del país, cuya estructura moral y cuyos estilos de conducción han sido implacablemente socavados. Las formas autoritarias imperantes, la agobiante propaganda estatal, el neoliberalismo depredador y perverso, nos han conducido a un hombre panameño reprimido, insatisfecho, angustiado que no tiene posibilidades de cultura, prosperidad y poder. Todo un mapa de frustraciones generacionales, que han impedido que surja una clara conciencia del país.

Ojalá de cara a las elecciones sería esperanzador que los candidatos pudieran recoger el tema de construir un Proyecto – País, un proyecto nacional, centrado en grandes transformaciones, una economía que armonice vida humana y naturaleza, multitud de proyectos de estirpe colectiva, reconciliarnos y reorganizarnos, política, urbana y territorialmente; un motivo para sentirnos orgullosos de nuestra historia y cultura.

Esperemos que el nuevo presidente oriente definitivamente la vida política del país por rumbos de una verdadera vida institucional, procurando pasar de una vez por todas de la condición histórica del ‘país de un hombre’ a la ‘Nación de instituciones y de leyes’.

ABOGADO.

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