• 07/06/2009 02:00

De teatro.. y algo más

La puesta en escena de una obra teatral en Panamá es un asunto que cuesta mucho dinero.

La puesta en escena de una obra teatral en Panamá es un asunto que cuesta mucho dinero.

Dedicación, sacrificio, profesionalismo y buen humor es lo que irradian nuestros actores y actrices en las tablas.

Aunque de estos profesionales no se puede decir que viven del teatro, pues, aún mantienen cada uno otras profesiones para vivir, el nivel de maduración del teatro en nuestro país es algo digno de elogios.

Hace unos años nadie daba un real por el teatro, ahora se ve algo de movimiento comercial alrededor de la actividad escénica. Desde técnicos en luces y sonido, tramoyistas y montaje de escenarios, escritores y libretistas, diseñadores gráficos y directores creyeron posible la utopía de llevar el teatro a un nivel profesional digno y que generara la confianza y aprobación de un público en constante crecimiento. ¡Lo lograron!

Asiduo al teatro, sé que eso no fuese posible sin la participación de empresarios que creyeron en ese sueño, comprando una cantidad de boletos, asegurando en parte la taquilla y respaldando con su patrocinio a nuestros sacrificados artistas nacionales.

En hora buena que dentro de los cambios recomendados por el plan Martinelli-Varela para la cultura, se le sugiere a la nueva administración del Instituto Nacional de Cultura (INAC), una preocupación especial por la creación y desarrollo de una Dirección de Artes Escénicas.

Tan necesaria es la creación de la Dirección señalada como un Fondo de Cultura que permita apoyar a los artistas emergentes en sus diferentes disciplinas, tan imprescindible como definir las facilidades económicas e incentivos fiscales a las empresas culturales.

Hablando de teatro, Gorditas es satírica e irónica, una obra de humor, negro pero humor.

Además contiene elementos de venganza, poder, ambición, imagen y cruel vanidad.

Gorditas de Gustavo Ott, fue la última función que observe en detalle sin perder la atención ni un segundo.

En realidad era como para disfrutarla con un buen vino.

Enithzabel Castrellón estuvo fenomenal en su papel de villana, verdaderamente mala. Mis parabienes para Arturo Wong Sagel, su director, por la puesta en escena y al resto del importante elenco de una obra que merece más que el aplauso de todos nosotros.

Asista con su familia y amigos a las distintas salas de teatro con que contamos en la ciudad.

Le animo a que invierta en teatro. De los 10 ó 12 dólares que pague de un boleto, le garantizo redituará en felicidad, deleite y un sano esparcimiento familiar sin límites.

-El autor es escritor y analista político.recursossinlimites@gmail.com

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