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- 26/12/2020 00:00
Tomás Herrera: soldado – ciudadano
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Agrega La Estrella en Google ↗️El amor a la patria es mucho más que el apego al terruño donde se nace: “es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca”, José Martí.
Cuando los istmeños decidieron emanciparse del Imperio español, el 28 de noviembre de 1821, Tomás Herrera solo contaba con 17 años. Había nacido el 21 de diciembre de 1804.
Su corta edad no fue impedimento para marchar a batallar por la causa de una América libre en suelo del Perú, último baluarte de la dominación colonial y que, a la voz de “¡Adelante, armas al hombro y a paso de vencedores!”, recibió su bautizo de gloria en la legendaria llanura de Junín, se distinguió como bravo en la fiera acción de Matará y fue ascendido a capitán sobre el campo inmortal de Ayacucho.
Tomás Herrera no solo fue un militar de honor, era portador de grandes cualidades cívicas que lo llevaron a ocupar en su corta vida varios puestos de importancia; fue gobernador de provincia, presidente del Estado del Istmo, representante al Congreso, senador y presidente del Senado, ministro de Gabinete, candidato a la Primera Magistratura y encargado del Poder Ejecutivo, cargo este último prestigiado con anterioridad por el más grande y genial americano, el Libertador Simón Bolívar, dos veces designado para ejercer el Poder Ejecutivo.
Como presidente del Estado del Istmo, se caracterizó como un admirable rector de la cosa pública, por lo que otro patriota panameño, Ricardo J. Alfaro, se refiriese a él, así: “Señores, si la grandeza de los hombres estriba en hacer grandes cosas y en hacerlas con rectitud y con esplendor, Tomás Herrera tiene título limpio al dictado de grande hombre y su efigie se proyecta en la historia con fuerza de inmortalidad”.
La Convención Constituyente del Estado del Istmo, por Decreto del 6 de abril de 1841, le otorga a Tomás Herrera la medalla de SOLDADO – CIUDADANO, tal honor resume su personalidad acrecentada en su gestión diaria.
El 4 de diciembre de 1854, junto con el general Tomas Cipriano de Mosquera y el coronel Agustín Codazzi, el istmeño entra a la capital de la Nueva Granada, la misión es la toma del último bastión del general José María Melo, la suerte estaba echada.
Mosquera atacó por el norte y con el mando del general panameño Tomás Herrera se tomó calle por calle, desde San Diego hasta la plaza de San Francisco, donde estaba el comando de Melo, defendido por siete mil hombres, veteranos de Cundinamarca, la batalla fue feroz, los combates se extendieron sobre una larga noche. A las primeras horas de la fría mañana del 5 de diciembre, herido de bala, cae el patriota soldado, su sangre teñía de heroísmo las calles de Bogotá.
El Gobierno de Colombia lo declaró “Benemérito de la Patria en grado heroico” y ordenó que un cuadro con su efigie se instalara en el salón de sesiones del Consejo de Gabinete.
A 216 años de su natalicio y 166 de su caída en combate, mi augusto general sigue cabalgando, los Tomasitos seguimos su legado, su ejemplo de patriota comprometido sembró las bases de dignidad de los istmeños que anhelamos una patria soberana y a que, a su voz de mando, seguimos ¡a paso de vencedores!
HONOR, CIENCIA Y DISCIPLINA. PANAMÁ PRIMERO.