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Hay momentos en la historia que trascienden la fecha que los marca. El 7 de septiembre de 2026, es uno de ellos.
A un lado de nuestra bandera, bajo el cielo abierto de Panamá, frente al monumento de Goethals, con el Cerro Ancón como testigo silencioso y el puente de las Américas al fondo, se vivió una ceremonia solemne y emotiva que fue mucho más que una toma de posesión.
Es la distinción a una mujer que ha llegado a ocupar un lugar histórico por mérito propio y, al mismo tiempo, la confirmación de que los sueños profesionales de muchas generaciones pueden hacerse realidad.
Conocí a la ingeniera Ilya de Marotta, cuando fue mi jefa durante los años en que se desarrolló la ampliación del Canal. Aún la recuerdo con su inconfundible casco rosado, siempre preparada, vigilante de cada detalle y plenamente comprometida con la magnitud de aquella obra. Quienes formábamos parte de ese enorme proyecto aguardábamos sus orientaciones con confianza, conscientes de su liderazgo y experiencia.
Es una mujer de voz firme, pero cercana; de baja estatura, pero de carácter inmenso. Su presencia transmitía seguridad y determinación, y su capacidad para enfrentar los desafíos nunca dejaba lugar a dudas. Caminaba con paso rápido y decidido, aunque sin perder la atención en las personas que la rodeaban. Siempre encontraba un momento para detenerse, ofrecer una sonrisa o compartir un saludo amable, demostrando que el verdadero liderazgo no solo se ejerce con conocimiento y autoridad, sino también con humanidad y respeto hacia los demás. Sus ojos tienen una chispa que, conjugada con su energía, parece abrirle paso por donde camina.
Compartimos momentos que quizá entonces parecían pequeños y que hoy adquieren otra dimensión: encuentros en la cafetería, conversaciones en un pasillo, viajes en un bus que nos trasladaba hacia distintos lugares del proyecto de ampliación. Hubo instrucciones, , jornadas intensas, preocupaciones y también risas. Porque detrás de la profesional comprometida siempre ha estado la mujer de sonrisa contagiosa, la que encontraba un instante para acercarse a los demás.
Ese gesto aparentemente sencillo revela mucho de quien lidera: el verdadero poder no consiste únicamente en dirigir grandes obras, sino en no dejar de mirar a las personas que las hacen posibles.
Hoy, la veo en el sitial que liderará con disciplina, sabiduría y esfuerzo. El pasado y el presente se encuentran en ella, pero este 7 de septiembre también pertenece al futuro, porque las niñas, jóvenes y mujeres de nuestro país la mirarán y podrán pensar: yo también puedo. Tal como me dijo una chica de 20 años que ingresa hoy al Canal:
“Empieza una nueva era”. Ellas podrán imaginarse ocupando espacios que antes parecían reservados para otros. Podrán convertir una aspiración en destino.
Los hombres también la mirarán con respeto y admiración, porque su trayectoria demuestra que el liderazgo se gana con conocimiento, carácter, trabajo y humanidad.
Ella asume esta responsabilidad con humildad y orgullo. Y quienes hemos tenido el privilegio de conocerla sabemos que, en medio de los múltiples desafíos, nunca olvida incluir a Dios en su camino. Lo hace con una sonrisa genuina y con ese espíritu jovial que parece recordarnos que alcanzar grandes responsabilidades no significa perder la capacidad de disfrutar, agradecer y mirar hacia adelante.
El Canal seguirá siendo agua, ingeniería, tránsito y comercio, pero también será memoria. Y desde este día tendrá, además, el rostro de una mujer que representa una nueva página de nuestra historia que se escribe delante de nuestros ojos.Ilya de Marotta dejará huellas firmes a su paso. Algunas ya están allí, en los años de trabajo compartidos, en los proyectos realizados, en las personas que aprendimos de su liderazgo y otras se escribirán a partir de ahora.
Quizás ese sea el verdadero significado de esta ceremonia: no solamente reconocer a una profesional extraordinaria, sino celebrar al ser humano que ha sabido llegar hasta aquí sin dejar atrás su esencia.
Finalmente, díganme si ustedes no reconocieron ese destello que les he descrito al verla vestida de color blanco ante este cielo azul que enmarcó la ceremonia del día de hoy. Yo lo reconocí hace años, en una mujer de casco rosado que caminaba deprisa por el proyecto de ampliación. Y mañana, seguramente, iluminará el camino de todos quienes la admiramos.
Dios bendiga su gestión.