• 15/09/2009 02:00

La unidad

Un nuevo estribillo ha surgido de las entrañas de la cúpula del PRD: “La unidad”. Una consigna que rápidamente ha penetrado cada poro de...

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Un nuevo estribillo ha surgido de las entrañas de la cúpula del PRD: “La unidad”. Una consigna que rápidamente ha penetrado cada poro de la estructura de la organización. Hasta las fuerzas mayoritariamente contestatarias han reaccionado con exaltación, como sí la consigna por sí sola representara un descanso, un desahogo, en el virtual campo de confrontaciones del aparato.

Por el momento, la consigna ha representado un respiro en la acosada y aislada dirección del partido. Nadie puede oponerse a ella, so pena de quedar descalificado y ubicado en el bando del adversario o, en el mejor termino “ perrediano “, ser acusado de traidor.

La lógica política y la experiencia histórica indican que uno se une por muchas razones y por diferentes tiempos y dimensiones que sería largo e inútil enumerar en este apretado espacio. Uno se unifica alrededor de algo y finalmente de alguien. Cuál, entonces, es el motivo de este dramático llamamiento. Como todavía se encuentra al nivel de consigna, nadie me ha podido explicar cuál es su real contenido y propósito ¿Es acaso el reconocimiento de una realidad hasta ahora negada?

Debo concluir, entonces, que los llamados de unidad son para salvar el partido de la bancarrota y restablecer su capacidad de jugar un papel honorable y digno como oposición. Quizás también para corregir los graves errores cometidos a lo largo del tiempo cuyos efectos se expresaron en la desastrosa campaña electoral, en donde su balance y discusión, forman parte de la extensa lista de temas pendientes.

Pero aquí falta algo. El argumento. Los protagonistas. El método y la claridad en el objetivo. Si esos temas no son previamente esclarecidos también puedo llegar a otra conclusión: Que se trata de una burda maniobra para neutralizar la justa indignación de la inmensa mayoría del partido. Que es un juego apelando a la otrora férrea disciplina de su membresía para encapsular la verdadera causa de una crisis de dirección y de identidad. Que finalmente la consigna de la unidad por la unidad no es otra cosa que forzar al Partido y a toda su membresía a defender lo indefendible, a apoyar lo imposible, a proteger a un grupo incapaz de una autocrítica, de un gesto de arrepentimiento, de un reconocimiento de su responsabilidad frente al castigo que nos propinó nuestro pueblo en las pasadas elecciones.

Entonces, ese llamamiento a la unidad por la unidad, a la subordinación de una dirección que entró hace mucho tiempo en crisis, va a durar menos que el tiempo que toma en pronunciarse. Puede que se salgan con la suya, porque así es nuestra realidad. Pero quiero ver cuánto dura frente a la embestida de nuestros adversarios o, cuando cercano el proceso electoral, surja nuevamente la ambición desmesurada y enfermiza por repetir experimentos sin sentido.

Por lo pronto, pienso que se trata de un mecanismo primario de autodefensa ante los peligros externos de nuestros adversarios. Otra cosa sería sí nos adentramos en el tema con seriedad, sabiendo que la solución pasa por el sacrificio de la actual dirección y el surgimiento de una dirección colegiada de carácter transitorio, que abra las válvulas de una discusión nacional, sin sectarismos, sin exclusiones caprichosas, con una práctica de tolerancia y de real consenso.

*Miembro del PRD.rvasquezch@cwpanama.net

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