• 16/11/2013 01:00

Unidad generacional

El mundo se agita entre poderes ideológicos, que se reflejan en aspectos políticos, económicos y sociológicos. Detrás hay fuertes intere...

El mundo se agita entre poderes ideológicos, que se reflejan en aspectos políticos, económicos y sociológicos. Detrás hay fuertes intereses transnacionales, consorcios y países que afectan la vida real de las poblaciones. El capitalismo tradicional, reaccionario y autoritario, se ha impuesto en grandes regiones en el concepto de libertad de comerciar, especular y explotar, con severos desequilibrios sociales, autoritarismos codiciosos, llegando hasta las guerras y violaciones de Derechos Humanos.

El desprestigio de estas metodologías ha llevado a buscar alternativas más civilizadas y humanas, mediante su domesticación con el neoliberalismo, algunas llamadas democracias, intentando fórmulas más justas de distribución de las riquezas. Pero estas variantes muy publicitarias se han convertido lamentablemente en la práctica, en quimeras utópicas, que no han logrado trascender; siendo solo proyectos bien intencionados, pero que en concreto se han dejado llevar por la concepción clásica capitalista de ganar-ganar, de beneficios económicos para los que detectan la tierra, los instrumentos o la tecnología. Que, junto con producir, distribuir y mercadear, conducen a la acumulación salvaje de bienes. Tienen de positivo que, con las ambiciones y esfuerzos, alcanzan progresos de sus sectores y son el motor del enriquecimiento de clases y de algunas investigaciones creativas.

El capitalismo social es utopía, el mercado social chino, que pretende producir como capitalista y distribuir como socialista, está demostrando cierto éxito. Las mismas metodologías intentan concretarse en otras áreas, que para imponer fórmulas más distributivas, más justas, sociales, con orientaciones socialistas, que en la práctica tienen que aplicar medidas drásticas a la empresa privada, lo que naturalmente provoca su rechazo por los afectados, huida y abandono de sus actividades.

Estas formas se internacionalizan (igual que el capitalismo) con el ALBA. Esto involucra la forma de gobierno a adoptar. En el capitalismo salvaje todo lo controla el capital, el gobierno, la banca, la publicidad; lo que no es democrático para el pueblo. En las vías al socialismo, igualmente, todo lo controla el Estado, lo que también es cuestionado y no es aceptado por el capital empresarial. Los grandes capitales que gobiernan a las grandes potencias económicas y militares presionan con sus fuerzas en función de sus intereses y de los grandes organismos, —OCDE, BM, FMI, etc.— que son los que promocionan sus inversiones, créditos y mercados. Cuando hay dificultades, recurren a dictaduras militares o invasiones.

Pero aún en sus propias áreas tienen contradicciones, la competencia, que es un canibalismo que produce quiebras, desempleo y murallas. Con ingenuos cosméticos populistas, la oligarquía económica y transnacional aquí impuso una dictadura militar y ahora una civil. Por no entender su mentalidad codiciosa, califican a la ciudadanía de tonta. Aquí todos los sectores partidarios también están por fórmulas mercantiles, cuando se habla de alianzas primero tendrían que autodepurar sus figuras para eliminar los antecedentes de corrupción. Acordar propuestas que no sean solo las de la oligarquía monetaria tradicional de los diferentes partidos, que solo busca sus intereses. Pero el capital en sí, no es el problema, siempre hace falta ese recurso para producir. El objetivo final tiene que ser producir para una sociedad que es de todos.

Los inversionistas tienen que ajustarse a esta meta solidaria social. Los países en su historia se van adaptando, definiendo, involucrando con determinado sistema y tratando de superarse en procura de un mayor bienestar y felicidad para toda su población. En ese devenir surgen las promesas, las utopías, las demagogias. Los pueblos van evolucionando, perfeccionando, buscando su soberanía, creando su propia ruta de progreso. Aquí trabajando por quitarnos el ‘pro mundi beneficio’, que los servicios que promueve nuestra posición geográfica los financien los usuarios.

Que las ampliaciones necesarias no se hagan a expensas de los sacrificios de nuestros trabajadores y préstamos que pagamos nosotros. Como ocurre ahora que la ampliación se está haciendo con grandes limitaciones para nuestro desarrollo social. Si se objetó ese proyecto, no fue por no reconocer su necesidad y conveniencia, sino por no sacrificar más al pueblo necesitado de beneficios sociales en ese momento, y que hoy siguen postergados. Más aun cuando el creador de la soberanía, que es el pueblo generacional, no está recibiendo los beneficios de esa ‘Soberanía’, que se la están comiendo los que no solo no sacrificaron nada para lograrla, sino que inclusive frenaron al pueblo, como los comerciantes y banqueros, que claudicaron cuando USA nos presionó económicamente, o los que encarcelaron a los héroes del 9 de Enero del 64, como Omar Torrijos.

La lucha generacional es auténtico nacionalismo y desarrollo social de los trabajadores y los más humildes; y en ese marco debe estar la unidad histórica. El pueblo tiene que educarse, conocer el civismo, los valores, la historia. La Unidad Histórica tiene que darse en el Pueblo. Tiene que concretar la justicia, la eficacia y la honestidad. Erradicar la publicidad engañosa, las bolsas compradoras de conciencia, las violaciones a la Ley y los Derechos Humanos.

Una Constituyente, revisar los tratados para lograr lo exigido el 9 de Enero: eliminar la perpetuidad, no intervención militar extrajera, concretar la soberanía económica. Los empresarios tienen que identificarse con su función social, que no debería ser una utopía, ni demagogia para estar en la unidad del progreso de todos.

MÉDICO Y EX MINISTRO DE ESTADO.

—UNIDAD POPULAR POR UN PANAMÁ MEJOR.

—POR LA SALUD DE GONZALO CÓRDOBA C.I.C.S.S.

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