• 12/10/2015 02:00

Una Universidad

La Universidad Tecnológica se distingue entre lo que hoy se ha convertido más que nada en negocio: la educación superior

Con algo de reserva, la Universidad Tecnológica se distingue entre lo que hoy se ha convertido más que nada en negocio: la educación superior. Y, a 80 años de fundada, la Universidad de Panamá parece haber perdido el norte y su razón. Sin adornarlo mucho, en un país en vías de desarrollo, una universidad debe ser el centro en donde la Nación busca, y encuentra sin mucha dificultad, el camino que nos debe llevar a un mejor entorno de bienestar colectivo.

Existen premisas básicas. Todo ser humano, con algo de empeño y sacrificio, debe tratar de alcanzar su mejor desempeño. Hay los que se conforman por lo justo para el día a día, es una decisión personal entendiendo que las oportunidades están allí para que las aproveche. Cuestiono mucho cuando alguien sugiere que sus desventajas para llevar adelante los retos cotidianos se debe a su condición socioeconómica. No señor, la pobreza no tiene nada que ver cuando el empeño por el mejoramiento personal forma parte de la psique del individuo.

En ese orden de ideas, premisa sencilla pero fundamental: toda institución tiene la obligación de seguir mejorándose (la palabrita de moda es ‘innovando ' que, para estos tiempos, involucra más los aspectos tecnológicos que los humanísticos. Innovar también envuelve áreas del desarrollo de las humanidades). Toda institución tiene la obligación de trabajar incansablemente por llegar a ser una entidad de excelencia. Los tiempos lo exigen y si no tienen esa avidez internalizada, están prestos a la disfunción o a la muerte.

Un académico amigo me comentó hace un poco más de 10 años que estaba considerando dejar de educar. Que los muchachos de ese tiempo ya no daban mucho y exigían solo la nota. Otro colega me dijo, tan solo hace dos semanas, que: ‘Antes, entre sus estudiantes, habían dos o tres que él consideraba ‘geniecitos' (fue la palabra que utilizó), pero que ahora, desde hace algunos años, ninguno le sorprende '. Si el problema viene desde la secundaria, es muy difícil que una universidad exigente lo resuelva.

Este fenómeno da cuenta del porqué los estratos más acaudalados envían a sus hijos a las universidades extrajeras y un sector de la clase media, muchas veces, hace un esfuerzo formidable por hacer lo mismo. Una universidad local (pública o privada) que debe subsanar esas desventajas, tiene la obligación de esforzarse siempre, siempre por la excelencia.

La excelencia universitaria se mide en el nivel académico y humanístico de sus profesores y en el desempeño de sus egresados. En las universidades de excelencia, la investigación constante, el intercambio de ideas y el pensamiento crítico y retador de todas las áreas del quehacer humano, es lo que hace que las naciones crezcan y le den forma a los asuntos de la sociedad desde un aspecto más visionario y humano.

Los académicos teorizan, investigan, ensayan, consultan con sus colegas. Discuten filosóficamente, con supuestos o con datos precisos, y luego los presentan en conferencias nacionales e internacionales para el escrutinio de otros teóricos, pares, discípulos y estudiantes. Lo publican para hacerlo más universal y recibir retroalimentación más universal. Uno de los retos más puntuales es enlazar esta perspectiva en esta era de la tecnología informática que le pertenece a los jóvenes. Los elementos para el aprendizaje difieren del pasado.

Las más acreditadas universidades del mundo (no solo Harvard, Stanford, Yale, sino también la Sorbona, UNAM, Universidad de Chile, por ejemplo), se fundamentan en estos principios. No en vano los recientemente anunciados premios Nobel de Física 2015, Takaaki Kajita, investiga en la Universidad de Tokyo y Arthur B. McDonald, en Queen's University en Canadá.

Una universidad incluyente es necesario que esté al alcance de todos. Pero igualmente, ese concepto no debe confundirse de ninguna manera con bajar las exigencias de ingreso ni la calidad de la oferta académica. Hay muchas formas de elevar la calidad, mientras se trabaja con afán por elevar el nivel de los egresados.

La nación es el reflejo de su Universidad, la institución llamada a medir el rumbo que lleva el país y acomodar sus ofertas para atender las necesidades de desarrollo. No solo técnicas, con mayor apremio, en las humanísticas. Si retomamos las premisas sencillas y pensamos en el país, podremos contribuir mejor con los que desean salir de la pobreza y de la ignorancia para encontrar la Luz.

COMUNICADOR SOCIAL.

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