• 07/01/2024 00:00

Usted pregunta... Yayi responde

Este es el nombre de la columna que escribo semanalmente en el blog de Life Blends (lifeblends.net). “Usted pregunta... Yayi responde” es un formato interactivo en el cual mis seguidores, principalmente clientes, hacen preguntas sobre temas de política alimentaria, nutrición, salud y bienestar, y les respondo en un estilo informativo, educativo y crítico.

Hace un par de semanas una clienta preguntó si había alguna forma de saber cuáles serían los temas relevantes sobre alimentación en la agenda nacional del 2024. Le respondí que realmente no hacía falta tener una bola de cristal para predecir que el 2024 será lamentablemente igual o peor que el 2023. Y me atrevo hacer este señalamiento, no porque pretendo ser Nostradamus, sino que es evidente cada vez más el grado de deterioro y el nivel de abandono en que se encuentra el sector agroalimentario en Panamá, al punto que ningún candidato todavía ha dicho ni media palabra sobre lo que incluirá su plan de gobierno en el próximo quinquenio con respecto a la seguridad alimentaria y nutricional.

Empecemos por señalar que las pautas dietéticas continuarán siendo las mismas: un plato nutricional con las mismas fallas de siempre. No veo nadie dentro del Ejecutivo con capacidad científica o disposición política para abordar temas de esta índole. Tampoco veo nadie del Legislativo con iniciativas concretas para crear leyes que ayuden a la salud pública, como por ejemplo debatir y aprobar la Ley Mayín que elimina las grasas trans, adoptar menús saludables para niños en restaurantes y crear un sistema general de etiquetado alimentario. No veo nadie en el Minsa o Meduca con interés para fortalecer la Ley 75 de 2017 y el Decreto 049 del 30 de enero de 2018 y hacer realidad la alimentación saludable en kioscos y comedores escolares. Y por supuesto no vemos nadie del Senapan pensando en construir huertos comunitarios o urbanos.

El gobierno seguirá con la politiquería de regular los precios de la Canasta Básica y, peor aún, continuará permitiendo que comidas chatarras, lotería, tabaco y cualquier producto tóxico para la salud pueda adquirirse con los dineros de subsidios y programas de ayuda social. También, los intentos para mejorar la salud se limitarán a medidas cosméticas, ya que nadie del Minsa ha pensado recomendar un modesto presupuesto de $5 millones en campañas educativas para combatir preventivamente la epidemia de enfermedades no transmisibles como diabetes tipo 2, hipertensión y obesidad, lo cual contribuiría a minimizar los gastos médicos que totalizan más de $1,500 millones al año.

El Departamento de Protección de Alimentos (Depa) del Minsa seguirá siendo departamento, en vez de dirección (Dinacvv) como se propuso hace unos años. Los programas y proyectos para fomentar la producción de alimentos orgánicos seguirán engavetados en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, dentro de algún despacho en el laberinto llamado Sanidad Vegetal. Igualmente, los esfuerzos por implementar una estrategia nacional de frutas y rubros exportables, continuarán sin la atención que merecen. Y las demandas contra manifestantes por los daños causados a productores por los cierres de calles se acumularán de polvo y al final no llegarán a los resultados esperados.

El Movimiento de Alimentación Saludable, única instancia a nivel nacional que defiende los intereses de los consumidores en aspectos alimentarios, seguirá insistiendo en la creación del etiquetado frontal de advertencia nutricional (semáforos), a pesar de que la industria seguirá empecinada para que no se haga. La recomendación de la OMS de aumentar el impuesto a las bebidas endulzadas seguirá archivada en la presidencia de la República. Las embotelladoras buscarán todos los mecanismos para contrarrestar a sus críticos y, con el pretexto de hacer una loable gestión de responsabilidad social corporativa, harán grandes donaciones a políticos y organizaciones. Al igual que las tabacaleras en otros tiempos, los fabricantes de comida chatarra patrocinarán eventos deportivos y espectáculos culturales para neutralizar a las autoridades y comprar el silencio.

Los kioscos escolares serán nuevamente noticia de primera plana. Una auditoría del Movimiento de Alimentación Saludable revelará por tercer año seguido que productos prohibidos todavía se venden en las escuelas. Y aunque el refrán dice que la tercera es la vencida, funcionarios del Minsa y Meduca tomarán la noticia como siempre: sin mayores consecuencias, reflejo de que la salud de los estudiantes no es de su importancia.

Y la tan cacareada Política Agropecuaria de Estado (Pade), nadie dice nada. Y tampoco pasa nada. Pareciera que sus promotores estaban más interesados en tomarse la foto protocolar que ponerla en marcha.

Así las cosas, el 2024 será un año complicado para todos los que tratamos de mejorar la salud de los panameños a través de una alimentación saludable. Mientras tanto, feliz año y observemos con paciencia cómo se desarrollan nuestras predicciones y conjeturas.

El autor es empresario, consultor en nutrición y asesor de salud pública
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