• 02/07/2026 00:00

¿Ustedes son ingenieras de pupitre?

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Según la definición clásica, promesa “es un compromiso voluntario o una declaración en la que una persona se obliga a cumplir una acción o abstenerse de hacer algo específico, en el futuro”.

En ambos casos, he tratado siempre de honrar y realizar la tarea o palabra empeñada. Pero últimamente estoy fallando a esa garantía moral, en la cual me he embarcado.

Lo anterior obedece a que me resisto —y no es excusa ni justificación— a producir artículos de opinión sobre la trayectoria de personas sobresalientes. Sin embargo, siempre habrá excepciones que obligan a incumplir esta norma cuando se trata de dos verbos esenciales: agradecer y reconocer. A veces somos egoístas y mezquinos al no apreciar los méritos de los seres humanos en sus actuaciones. Sin embargo, siempre se deben valorar y exaltar tales cualidades, sin olvidar la defensa del sector agroambiental.

Recientemente, hemos hecho algunas excepciones o concesiones a la historia, exponiendo logros de ciertos personajes. Entonces, regresamos a la paradoja presentada anteriormente y es la yuxtaposición de los argumentos esgrimidos, la cual está estrechamente relacionada con el título del escrito, donde cuenta la historia sobre una anécdota que ocurrió cuando acudieron varios ingenieros agrónomos a una reunión con el general Torrijos, para solicitarle un ajuste salarial y, al no poder ingresar al salón de reuniones por la cantidad de personas, dos damas se quedaron afuera del recinto.

Al concluir el encuentro y Torrijos percatarse de la presencia de dos ingenieras agrónomas, las observa y les pregunta: “¿Ustedes son ingenieras de pupitre’?”, a lo cual respondieron, palabras más, palabras menos: “Somos ingenieras de campo”.

El general les lanza un reto: “Mañana las espero para hacer un recorrido”. Ellas eran las ingenieras agrónomas Carmen Damaris Chea e Irma Arjona. Carmen Damaris se presentó al punto de encuentro al día siguiente. Irma Arjona no pudo asistir. Para Damaris esto marcó un punto de inflexión y derrotero a seguir.

Ante las características del momento histórico que estamos viviendo, los acontecimientos socioeconómicos y políticos que atraviesa el país y el mundo, es reconfortante hacer un alto en el marasmo, respirar oxigeno fresco en un breve oasis, para traer a colación el relato anterior. Hemos mencionado acerca de cierta ruptura de la promesa de publicar nombres, sin caer en el culto a la personalidad y con ocasión de la entrega de un opúsculo a la Dirección General del Instituto de Innovación Agropecuaria (IDIAP) titulado: El Nacimiento del IDIAP y el Efecto Fundacional de Damaris “Chea”.

Anteriormente ya había salido un documento titulado: “Las pioneras de la ciencia en Panamá,” una recopilación de aportes que han realizado mujeres en la actividad científica, en donde sobresale la Ing. Agr. Damaris. Fue una contribución de la Senacyct. Igualmente, publicaron “Las pelaitas de las ciencias para un publico infantil”.

El proyecto original concebido de la reseña sufrió varias transformaciones, pues a nuestro juicio trascendía la individualidad de la personalidad de Carmen Damaris, más allá de la institucionalidad fundacional de un organismo, IDIAP, que ayudó a crear, sin ánimo particular de idolatrar a una persona, con estas palabras, que ya hemos mencionado, sino destacar el contexto histórico de lo que es la Ing. Chea, como persona, mujer, panameña y profesional, ahora que esta de moda el concepto de género.

Fue una mañana refrescante. En la entrega del libro no acudieron todas las personas esperadas. Las características de la hora y el día, sin mucho protocolo, el intercambio entre los asistentes fue amena y espontánea ocasión donde afloraron los recuerdos.

La actual directora General Encargada del IDIAP se mostró atenta y amable en todo momento, inquiriendo y preguntando varios aspectos de la vida y trayectoria de la Ing. Carmen Damaris, pues fue fundadora del IDIAP, su primera Directora General, además para los efectos nuestros, es la primera mujer egresada de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Panamá y la única mujer, fundadora del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Panamá (CINAP).

En el documento, una apretada síntesis, expone y narra vivencias, orígenes, infancia, relación con sus padres y hermanos, días en el INA en Divisa, inicio de estudios, selección de la carrera, el aparente impedimento que pudiera interpretarse como rechazo por parte de sus compañeros varones al ser una profesión mayormente masculina, y deja claro en la obra, aceptación normal en una época donde imperaba el machismo. Por su vocación por la investigación agropecuaria, una variedad de arroz lleva su nombre. De manera similar se menciona la creación de la Ley que oficializa el origen de la institución, encabezada por el Lic. Adolfo Ahumada, con un equipo de trabajo.

De la misma forma, personalidades y amigos que compartieron tareas y afanes emitieron opiniones acerca de la trayectoria y actuaciones de Damaris.

La Ing. Chea es una dama observadora, circunspecta, algunas veces introvertida a pesar de los altos cargos que ocupó en el sector agropecuario y que explica en la obra. Mujer de carácter, acuciosa, organizada, jovial, enemiga de los reflectores y que luego asumió diversas tareas en el engranaje estatal, por instrucciones del general Torrijos. En conclusión, Damaris no solo fue ingeniera de pupitre.

* El autor en ingeniero agrónomo
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