• 02/10/2017 02:01

El Diplomado en Creación Literaria de la UTP

‘El resultado, al concluir cada versión anual del Diplomado, depende en buena medida de cada persona'

Recuerdo que cuando en febrero de 1996 empecé a trabajar en la Universidad Tecnológica de Panamá como primer Coordinador de Difusión Cultural, no se habíaN publicado sino unos pocos libros de índole tecnológica o científica, y algunos textos académicos, pero ni remotamente una obra literaria. De hecho, no existía como tal una editorial. Sin embargo, entre ese año y 2007, año en que me jubilé, publicamos, bajo el formato de coediciones con los autores, 62 obras literarias de autores nacionales y 11 números de la revista cultural ‘Maga' coeditados entre la UTP y mi persona.

Hoy en día hay 4 certámenes literarios (de los cuales el Premio Centroamericano de Literatura ‘Rogelio Sinán' y el Premio Nacional de Cuento ‘José María Sánchez' llevan ya 21 años consecutivos de vida productiva); la publicación bianual de la revista ‘Maga', cuya publicación consideré prudente confiar por entero a la UTP a partir de 2008; las no pocas obras literarias que desde hace años da a conocer la Editorial Tecnológica en ediciones estéticamente atinadas; las presentaciones de cada publicación en actos culturales bien difundidos y atendidos por el público; la creación de un sitio en la red denominado ‘Directorio de Escritores Vivos de Panamá', en el que tanto investigadores serios como simples curiosos encuentran datos de más de 250 autores nacionales; y por supuesto, el Diplomado en Creación Literaria que ahora cumple 15 años de exitosa existencia. ‘Raras avis' estos logros —entonces y ahora—, en esta universidad inmersa en un mundo absolutamente tecnologizado hasta que el concepto de ‘educación integral' logró entronizarse a finales del siglo pasado, y por suerte no se ha ido más. ¡Las diversas autoridades universitarias han sabido estar a la altura!

Me tocó en suerte predicar la buena nueva de las Humanidades en 1996 y, sobre todo, de la Letras, en oídos dúctiles de aquella época y de la actual, y los resultados, si no del todo maravillosos, hoy están satisfactoriamente a la vista. Ver para creer, dijo en su momento Santo Tomás (no el de Aquino, sino el otro, el apóstol desconfiado).

Haber arribado a la décimo-quinta versión de un Diplomado en Creación Literaria que se ofrece anualmente en una universidad diseñada para formar ingenieros y técnicos, es sin duda un acontecimiento singular, y más si tomamos en cuenta que algunos de los egresados de este Diplomado han ido ganando varios de los principales premios literarios de Panamá y/o publicado una apreciable cantidad de libros de respetable calidad.

Esto no significa, por supuesto, que mediante los cursos que integran el Diplomado se fabrican escritores al vapor, ni mucho menos. Lo que en realidad quiere decir es que quienes nacen con un genuino talento literario suelen perfeccionar aquí sus capacidades innatas, tanto en los aspectos conceptuales de la escritura y la lectura creativas como en las de índole formal, aparte de la acendrada disciplina que exige el leer una variedad de obras asignadas por los profesores de 9 asignaturas durante 10 semanas, y producir muy diversos textos en los diferentes géneros literarios, todo lo cual se discute a fondo cinco noches a la semana.

El resultado, al concluir cada versión anual del Diplomado, depende en buena medida de cada persona. Porque después hay que seguirse entrenando, depurando, como en cualquier oficio que se respete. Afinando la creatividad mediante nuevas lecturas y a través de la escritura de nuevos textos, ya sea por cuenta propia o en talleres literarios, se mantiene la disciplina.

Este año egresaron 12 personas de muy diversos orígenes, profesiones y edades. En este caso particular, 9 mujeres y 3 hombres. Pero independientemente de las experiencias individuales y de grupo adquiridas en las 45 clases (144 horas) compartidas, lo cierto es al entender mejor lo que es la Literatura, al poder articular con mayor fluidez y conocimiento las herramientas de la escritura creativa, y al haber leído y discutido algunas obras nacionales y universales de al menos cierta trascendencia, sin duda cada uno es ahora una mejor persona: más sensible, más completa. Porque esa es una de las cosas bellas que hace la literatura: nos permite aprender a conocer mejor la naturaleza humana, con sus luces y sus sombras, las nuestras y las de los demás.

Si escribir obras literarias es crear mundos alternos o paralelos al que nos alberga; espacios y tiempos que se rigen por sus propias normas y que por tanto son autosuficientes, resulta entonces que hallar la manera más adecuada de irlo haciendo, la mejor forma de plasmación, implica la puesta en práctica de un sinnúmero de conocimientos, habilidades y técnicas cuyo dominio sólo lo proveen el talento y la experiencia, y que va más allá de una simple maestría del oficio: hay toda una filosofía en ello, y por tanto una muy particular visión del mundo y del arte, los cuales particularizan cada texto y contribuyen, junto con la excelencia de los contenidos, a hacerlo estética y humanamente memorable y, a veces, trascendente.

Quiero pensar que el haber cursado la décimo-quinta versión del Diplomado en Creación Literaria de la Universidad Tecnológica de Panamá habrá de permitirles a los 12 escritores en potencia que recién se graduaron, llegar —más temprano que tarde— a similares conclusiones a las que aquí he expuesto. O a otras —¿por qué no?—, más personales, y por tanto tal vez más prácticas.

ESCRITOR

Haber arribado a la décimo-quinta versión de un Diplomado en Creación Literaria [...], es sin duda un acontecimiento singular [...]'

‘[...] algunos de los egresados de este Diplomado han ido ganando varios de los principales premios literarios de Panamá [...]'

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