• 04/05/2019 02:00

Para el votante

Cuando este aporte se publique, ya estaremos en el periodo de reflexión electoral y para ello, se habrá sepultado la propaganda.

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Cuando este aporte se publique, ya estaremos en el periodo de reflexión electoral y para ello, se habrá sepultado la propaganda. Los codificadores y legisladores deberían estar por garantizar la purificación para la emisión del voto, que ahora denominan ‘clientelismo'. ¡Qué fastidio con esa interrupción constante e intermitente en nuestros programas preferidos!, sean celulares, radio o televisión, extendido a los canales por cable. Es algo angustioso que nos ataca mientras aparece un cintillo que anuncia la impertinente propaganda política que se puede suprimir, pero al durar segundos, antes de extirpar el anuncio ya se ha difundido.

Con el daño provocado al cerebro, hay que agradecer el veranillo que ofrece esta apática ley electoral, que se adulterará con los quejumbrosos lamentos de la mayoría de candidatos que pierden, convencidos o intoxicados con las mentiras vertidas en dicha emisiones, lo que nos recuerda al gran político ario Joseph Goebbels, quien con una brillante inteligencia y educación esmerada, se graduó en filología alemana y con tales conocimiento del idioma, logró crear once principios que lo llevaron a sostener que una mentira dicha mil veces se convierte en verdad. Me dicen si me equivoco en este paralelo.

Joseph Goebbels. Nace con un defecto físico en las piernas, por lo que fue rechazado por el ejército en la Primera Guerra Mundial, pero en la Segunda Guerra Mundial se destacó como gran orador al estudiar y aplicar once principios, Así, el (1) principio de simplificación y del enemigo único, al individualizar al adversario y adoptar una única idea. Los que asesoran en nuestras campañas lo aplican. El (2) principio del método de contagio, que es el de reunir en una sola categoría a los adversarios, que ahora denominan corruptos o alimañas, lo que es muy común en las expansiones. El (3) principio de la transposición, de fácil detección, pues cargan al adversario los errores o defectos y responden a los ataques con ataques, y al no poder negar malas noticias, nos distraen con las otras inventadas.

El (4) principio de la exageración y desfiguración, es de convertir una pequeña anécdota en amenaza grave. Esto se observa en esas presentaciones y las confrontaciones que los pendejos aplauden. Seguimos con el (5) principio de vulgarización. La propaganda debe ser popular y dirigida a los sujetos menos inteligentes y se tutela a las grandes masas a convencer y cuyo esfuerzo mental debe ser mínimo. Ellos son sumisos de escasa cabida receptiva, con facilidad para olvidar. El (6) principio de orquestación, se refiere al pequeño número de ideas repetidas sin cesar sobre el mismo tema, convierte la mentira en una verdad. El (7) principio de renovación. Las informaciones deben ser constantes con argumentos nuevos, sin dar tiempo a que el adversario responda, sin que pueda contrarrestar las constantes acusaciones inventadas.

Con el (8) principio de la verosimilitud, el argumento se recaba de fuentes diversas, pero que tenga un sentido universal por una parte y por la otra, es fragmentar dicha información para crear una gran confusión y poca verificación por su propia naturaleza. Seguimos con el (9) principio del la silenciación, para acallar las noticias sobre las que no tiene respuestas argumentativas y disimular las noticias que favorecen al adversario o contraprogramar con medios afines. Seguimos con el (10) principio de la transfusión, referido a la difusión de improntas que arraiguen actitudes primitivas. (Gato por liebre) La propaganda debe partir de un sustrato preexistente, para plantear la mitología nacional o de aquellos odios y perjuicios tradicionales, y, finalmente, el (11) principio de la unanimidad que es tratar de convencer a mucha gente de pensar igual a todos y con ello crear la falsa impresión de unanimidad. (Aquel Gobierno robo, pero hizo).

Este genio se adelantó a su época, al aprovechar la doctrina filológica alemana que, al igual que en las otras nacionalidades, promueve el amor o interés por las palabras. El filólogo intenta reconstruir con el estudio de textos escritos, lo más fielmente posible, claro que con previo conocimiento del significado, lo que, a pesar de estar con un problema congénito en las piernas que le dificultaba la movilidad, pudo dar a su discurso la seguridad y fortaleza que reforzó con la dicción el énfasis y la construcción gramatical. Lo cierto es que los profesionales en las campañas se ajustan a Goebbels, al examinar las distintas facetas en las que priva el profundo conocimiento para convertir una mentira en verdad, mientras se discute quién es independiente o el desgaste de los partidos políticos. Que se diviertan el cinco.

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