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- 01/12/2010 01:00
Yomira John, una voz cautivante
La primera vez que alguien mencionó a la Orquesta La Papaya, me llamó la atención que esta agrupación fuera una expresión de la música —o de músicos— de Centroamérica; pero también me causó asombro saber que entre los panameños que formaban parte del elenco, había una cantante desconocida para mí, Yomira John.
Luego de hacer muchas referencias y traer a la memoria algunas conversaciones y datos, pude recordar que tenía referencia de su nombre, porque lo había oído de boca de una entrañable amiga, que en algún diálogo o correspondencia —pues ella se ha pasado más de la mitad de su vida en el extranjero— me comentó de una sobrina que vivía en México, donde trataba de triunfar como cantante en centros nocturnos.
Desconozco cómo llegó Yomira a formar parte de esa extraordinaria agrupación rítmica que integró el compositor y pianista costarricense Manuel Obregón (hoy ministro de Cultura) a comienzos de los años noventa y que rápidamente alcanzó fama por su repertorio y ser una especie de laboratorio musical que reflejaba el alma melódica regional.
Cada una de las capitales del istmo centroamericano, México, Nueva Orleans, Estados Unidos y Barcelona en España fueron escenarios del espectáculo de La Papaya y su vibrante interpretación de múltiples ritmos autóctonos, pero a través de la voz de Yomira, que allí ensayó melodías de la tradición local, gracias a la ejecución de Ormelis Cortés, Miguel Ángel Leguízamo y Antonio De la Cruz.
Esta hermosa y esbelta cantante negra, de cabello dorado se fue a vivir y a trabajar artísticamente a Francia. En el país galo logró dominar los escenarios y la experiencia le permitió reflexionar y redimensionar la música tradicional panameña, así como los ritmos caribeños, el son, la salsa, el bolero y otros, para adquirir una consistencia, carisma y proyección que atraen la atención desde que empieza su canto.
Luego de toda esa experiencia, ella regresó y se estableció en su país de origen. La nueva etapa le sirve para mirar desde cerca la cultura musical local y buscar un espacio para su voz. Primero con minúsculos auditorios, en fiestas, encuentros y gracias a un pequeño grupo con Ormelis Cortés, ha establecido un repertorio que cautiva y envuelve con su halo melodioso y variado.
Yomira tiene la facultad de trabajar rítmicamente con una escala muy amplia, incluye los registros de Celia Cruz, la Lupe, Olga Guillot, por mencionar algunas caribeñas; también con los trabajos de Mercedes Sosa y la francesa Edith Piaf con su éxito La vie en rose; además con tamboreras panameñas y sobre todo de Silvia De Grasse.
Se requiere un don especial para poder cantar con la voz de gorrión de Piaf y regresar a encarnar la agudeza de una de las mejores intérpretes que ha tenido el país como De Grasse. Según parece, la cantante John prepara un concierto para rendir tributo a ella en los diferentes ritmos que logró popularizar.
Hace unos meses el ahora ministro costarricense Obregón llevó a su grupo de músicos, entre ellos a Yomira a una gira para cantar en los ríos de América del Sur. La idea era recoger el sonido natural y devolver musicalmente la expresión humana. Esto dio una nueva sensibilidad a los artistas que intervinieron en el recorrido y llenó su repertorio con manifestaciones llenas de nuevas cualidades armónicas.
Ahora, ella ha trabajado en consolidar un nuevo disco y recientemente anunció un concierto en el Teatro Nacional, que brindará mañana, donde se le podrá escuchar diferentes ritmos tanto en música nacional, como en los éxitos internacionales que acostumbra a interpretar.
Este es el momento de apreciar la dimensión musical que Yomira ha alcanzado, así como la comprobación de la calidad de su entonación gracias a la multiplicidad de modulaciones. Ella es una artista que enamora a su audiencia al brindar el brillo de sus diferentes matices que oscilan desde la música afroantillana, la romántica caribeña y hasta llegar a las exigentes expresiones nacionales con un agudo matiz vernáculo.
Ese concierto de fin de año que Yomira ha de protagonizar, con toda seguridad recoge un dedicado esfuerzo creativo. Esta oportunidad le permite encarnar a las musas que ofrecen sus aportes para enriquecer la música latinoamericana y en especial, su espíritu afroantillano, rural y hasta aquel que refleja la realidad urbana.
Pero sobre todo, será un reencuentro con su voz, ahora llena de una rica experiencia que cautiva por melodiosa y que fluirá en el espacio de ese primer escenario cultural del país.
*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.